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Lucrecio Dʹesprecio: Relatos urbanos

Sobre las jornadas de acción política de la (ANC) y de la (AN)

 

¿Gallineros de nuevo cuño? y sus promiscuos asistentes.

Despojar a la literatura de su disfraz, ver su verdadero rostro, es tan peligroso como desposeer a la filosofía de su jerga. ¿Se reducen las creaciones del espíritu a la transfiguración de bagatelas? ¿Existiría únicamente alguna sustancia fuera de lo articulado, en el rictus o la catalepsia? (E. M. Cioran).

En pleno costado de la Ciudad que se arrodilla enamorada frente al fastuoso Ávila – Guarairarepano desde el borde de hormigón que deja al descubierto los aires enrarecidos del río Guaire, entre el Club Chino y Fedecámaras, y así como en la plaza Mayor – Bolívar y la avenida Urdaneta, cerrando por detrás hay unos pozos, de todos los charcos combativos, hay unos gallineros enormes. Policromáticos donde resaltan la tonalidades verdes. Dentro de las oficinas se encuentran dos espacios, uno para los pavos, gallos y gallinas viejas que echan de los gallineros provinciales del interior o de las parroquias de la Caracas histórica, generalmente por estropeados o por desaprovechar elecciones o porque se los quieren sacar de encima. Lo cierto es que allí va casi toda esa pátina. Cuchichean, toman agua, donde queda, ya el café se esfumó y dormitan, sólo despiertan de a ratos para ver cuánto hay en el sobre que les indica si deben o no hacer algún comentario que le sugiera el expositor, que más de las veces en sus inconexos balbuceos olvida por momentos de que estaba hablando.

El otro recinto al lado de la Casa Amarilla, teñido de camisas de rojo vivo contiene gallos, pigmeos, loros, papagayos, caburés y gallinas discutidoras de todos los colores que se afanan por desplumar a cualquiera. Cambiaron el palo de dormir por sillones de cuero, los padrotes sólo por muy pocos minutos al mes, ya que generalmente tejen sus travesuras que arrancaron en los botiquines de la Avenida Baralt, y de alli en vuelo raudo han ido migrando hacia las Mercedes, Altamira, y el Hatillo. Trabajan solamente en los proyectos de ley donde puedan beneficiar a alguien desprendido y de sus manos tomar algunos dólares.

De las leyes que necesita el pueblo, la-pinga. De cambiar o renovar legislaciones obsoletas, la-pinga. El nauseabundo olor que propaga este gallinero espanta hasta a las palomas, que prefieren otras plazas de enfrente y ya no cagan más en la cúpula. Nunca discuten a favor de la patria ni en enero, ni abril, ni en junio o en julio, siempre lo que hacen es por plata, plata y plata. Se parece a una feria de venta de favores, intercambio de venganzas y vergüenzas. Que jodido amigo es ser venezolano, hay tener el pudor de quedar desubicados, sólo por gritar…

¡Viva Venezuela!…

 

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