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Vladimir Villegas: El periodismo, una profesión agredida

 

El próximo 27 de Junio, es decir, pasado mañana, es el Día del Periodista. Y este año se conmemora el bicentenario de la primera edición del Correo del Orinoco, órgano de difusión creado por los patriotas, encabezados por el Libertador Simón Bolívar, como instrumento comunicacional para reforzar la lucha por la independencia.

Es a partir de 1964 cuando por iniciativa de Guillermo García Ponce, en ese entonces preso  político en el Cuartel San Carlos, la Asociación Venezolana de Periodistas acuerda que el 27 de junio de cada año sea reconocido como el Día del Periodista en nuestro país.

Esta es una profesión que ofrece grandes riesgos y también satisfacciones. Los riesgos son hartos conocidos. Eso de desnudar al poder, confrontarlo, hurgar en sus secretos, poner en evidencia sus verrugas,  nunca ha sido del agrado de los poderosos. Y no solo se trata del poder político. También el religioso, el militar, el económico y hasta en el ámbito deportivo hay represalias cuando algún reportero toca alguna tecla indebida, denuncia alguna irregularidad o injusticia.  Por decir la verdad, por denunciar corrupción, delitos como el narcotráfico, el contrabando, la tortura, mala represión  o la censura se paga la cuenta. En no pocos países los periodistas pagan con su libertad, con su integridad física, con su puesto de empleo e incluso con la vida cuando pasan fronteras peligrosas. México, por ejemplo, es uno de esos países donde ya es rutina que maten e incluso que descuarticen periodistas.

En Venezuela eso no ocurre, pero tampoco estamos a salvo del abuso de poder, de las amenazas constantes, de los ataques verbales por parte de quienes tienen el poder, ni de las agresiones físicas por parte grupos violentos. En medio de las protestas  que se realizaron el año pasado, no pocos reporteros fueron víctimas de agresiones por parte de oficialistas y opositores furibundos, guardias nacionales, funcionarios policiales uniformados y de inteligencia, así como de grupos para policiales.  Ha ocurrido que ciudadanos exaltados paguen con los periodistas su inconformidad con la línea editorial de determinado medio. Ello no se justifica aunque puede tener una explicación.

Pero hay agresiones deliberadas. Por ejemplo, cuando se presiona medios para que no toquen determinado tema o para que echen a un periodista que se pasó de la raya. Eso ha pasado antes, pasa ahora y no hay garantías de que no siga pasando en el futuro con cualquier otro gobierno.

El periodismo está condenado a sufrir estas consecuencias mientras asuma el riesgo de cumplir con su función.  En este tiempo son muchos los obstáculos a vencer. Hasta a un fotógrafo le abrieron juicio militar por tomar la foto de una protesta. Y no pocos fueron los equipos destruidos y hasta decomisados  por funcionarios de cuerpos represivos. Tampoco faltaron colectivos “revolucionarios” que les arrebataran celulares y cámaras a reporteros que cumplían su trabajo.

Las llamadas concesiones a medios audiovisuales con usadas para amedrentarlos. Son numerosos los medios que las tienen vencidas y por eso hacen su trabajo en medio de un clima de inseguridad jurídica.  Es parte de la política ” incomunicacional ” de este gobierno.  También es parte de esa política el negar el acceso de los periodistas a las cárceles, ministerios, hospitales, empresas públicas y cualquier otro espacio donde quede en evidencia  la incapacidad de la actual administración para cumplir con éxito sus funciones.

El periodismo nunca será amigo del poder, a menos que decida renunciar a su misión fundamental, que es la de llevar la información a la ciudadanía sin censura y sin  manipulación. Por eso, a mayor autoritarismo menos transparencia en el ejercicio de la función pública, y por lo tanto menos tolerancia a la crítica y al escrutinio público. Por eso la animadversión hacia la labor de los comunicadores sociales, quienes el próximo  27 de junio conmemoramos el Día del Periodismo, en medio de una lamentable coyuntura política, económica y social en la cual nuestra labor se hace tan difícil como necesaria.

El país y el periodismo viven momentos duros. Nuestro saludo con respeto y  admiración a todos los colegas que salen a la calle a buscar la información en medio de un ambiente de inseguridad jurídica, hostilidad y censura. Aun con todo los riegos que implica su ejercicio, el periodismo es una profesión que brinda grandes satisfacciones, sobre todo cuando la sociedad tiene en ella su punto de apoyo, de desahogo y de orientación, y cuando se asume el riesgo de cumplir con el deber de informar,  aunque sea entre líneas, y se logra el objetivo. Para que tengamos un periodismo libre  necesitamos una democracia verdadera.

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