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Pedro R. García: Frente al Manifiesto de la concertación por el cambio II

 

Antecedentes históricos…

En mi obstinado empeño de buscar en su replicada introducción, alguna analogía histórica al documento “Manifiesto por la concertación”, Cito: “Venezuela se encuentra sumida en la desesperanza. Fracturada y dividida, empobrecida y deshecha, la nación siente menguadas sus fuerzas para encarar con ilusión el porvenir. Si quiere empinarse sobre su propia tragedia y superarla, Venezuela necesita reencontrar el sendero de la reconciliación y la unidad de todos. Venezuela necesita una Concertación por el Cambio. Si juntamos nuestras fuerzas como hijos que somos de una misma patria, podremos acometer la imperativa tarea de trabajar por convertir el desencanto en fe, la desconfianza en certidumbre, la rabia en lucha, la abstención en participación, y la derrota en victoria democrática y popular. Buscando convocatorias a gestas en situaciones especialmente dramáticas como la nuestra en disímiles regiones y tiempos históricos, tropecé con muchas,  apelando a lo mejor de los grupos humanos brindando y exigiendo el sacrificio épico explicando desde lo mas intimo de su ser sus razones, acompañado de señalamiento de caminos tortuosos pero ciertos, y allí mi desconcierto frente a la narración plana, de esta plataforma que me suena a la reiteración de lo obvio. Por cierto disculpen mi digresión pero me detuve en un personaje que por razones o sin razones no le profesamos precisamente simpatía, y me refiero  precisamente a una reina inglesa contemporánea de Shakespeare, la que le dio nombre al teatro isabelino, fue la autora de otro monólogo previo a la batalla que ha pasado a la historia, Cito. “Se ve que la elocuencia flotaba en el ambiente y lograba causar gran efecto en los corazones y las mentes de quienes la presenciaban, porque Isabel I, ante la necesidad de repeler a la Armada Invencible que Felipe II le había enviado para destronarla, se dirigió en 1588 a las tropas que mantenía en Tilbury con las siguientes palabras: Mi amado pueblo: He sido convencida por aquellos que vigilan mi seguridad personal de que debo ser precavida cuando me expongo a multitudes armadas, por temor a las traiciones; pero les aseguro que no desearía vivir para desconfiar de mi leal y afectuoso pueblo. Dejen que los tiranos teman. Yo me he conducido de tal modo que, después de Dios, mi fortaleza principal y mi seguridad descansan en los corazones leales y en la buena voluntad de mis súbditos. Por lo tanto, vengo en esta ocasión a ustedes, como pueden ver, no para entretenerme y divertirme, sino resuelta a vivir o morir entre ustedes en medio del fragor de la batalla, dispuesta a entregar mi honor y mi sangre por amor a Dios, y por la salvación de mi reino y de mi pueblo. Sé que soy dueña de un débil y frágil cuerpo de mujer, pero tengo el corazón y el estómago de un rey, más aún, de un rey de Inglaterra, y considero con esquiva repugnancia el que Parma o España, o cualquier soberano de Europa, se atreva a invadir las fronteras de mi reino; lo cual, si sucediera, antes que una mancha caiga sobre mi honor por mi culpa, yo misma empuñaré las armas, ya misma seré su caudillo y su juez, y sabré recompensar sus virtudes en el campo de batalla. Sé que por su disposición merecen recompensas y laureles. Y les aseguro, con palabra de reina, que les serán pagadas en tiempo oportuno. Mientras tanto, mi teniente general al que nunca su reina le ordenó un objetivo más noble o digno, estará en mi lugar. Y no dudando de su obediencia, concordia o valor en el campo de batalla, dentro de poco tendremos una famosa victoria sobre los enemigos de mi Dios, de mi reino, y de mi pueblo”. El incongruencia entre palabras y práctica en el país es cada día mucho más acentuado y chocante.  La ilusión regresa en cada hito, sin embargo, no es ésta que se funda en la miseria presente y en la promesa de una época de oro que no yegará nunca. Son cosas más bien sencillas lo que el hombre común ha soñado y propone: pan, tierra, trabajo, libertad, educación, seguridad, amor a sus semejantes, amor a su Patria. “Anticipadamente el chavismo se ha dejado ver las costuras de las pantaletas, como es el predicar lo que el campo reaccionario ha hecho por siglos, exigiéndole a nuestras empobrecida población la conformidad y aceptación de la miseria con la cual reside, muy temprano quedo al desnudo el carácter empobrecedor de su gestión”. Más allá del “liderazgo actual”: Se ha instalado en diversos sectores del País en los últimos días, una terrible incertidumbre, así como observamos que sin dudas el gobierno registra una reveladora mengua en su apoyo popular, y no da pie con bolas en su ya largo huir hacia delante, en la “oposición”, la confusión es dramática, sigue invocando tesis rebuscadas, lo que nos yeva a preguntarnos ¿Como es posible que la media de la población sea más lucida que sus elites?. En el próximo pasado las debilidades de la joven institucionalidad democrática, fue utilizada con ventajismo por los manipuladores de un tinglado de leyes que justificaron con eufemismos de sociales, plumarios tarifados (como los solía rotular el brujo de Guatire), diputados venales, jueces promiscuos, y políticos reaccionarios, convirtiendo así por sus fragilidades el sueño de democracia en un mecanismo vano que solo sirvió para que las mayorías desguarnecidas husmearan en las márgenes del poder real, el cual ha logrado su expresión de ficción y ha servido al régimen actual, que encadeno sus aspiraciones y el potencial del poder popular. La hueca “Revolución Bolivariana”, ha actuado durante un largo rato como fluido catalizador del desaliento y la angustia de un pueblo temeroso de su futuro como ciudadano y que ha sido repetidamente burlado en su derecho natural a la vida como seres humanos, no tenemos en el país un pacto societario, tenemos es un pacto de nación, que es una alianza de las elites, libertad-igualdad-derechos y deberes, deberíamos entender que esta altura transcurrida, que cada época tiene una teoría. El pueblo a pesar que desde los albores de la Independencia ha proporcionado su aporte continuo a la dura lucha para surcarse un espacio social digno en la yamada primera Republica, después en la democracia liberal, y ahora en la “igualitaria revolución socialista del siglo XXI”, solo ha logrado trozos en el reparto de migajas o el residuo económico de los excedentes. Así cabalgamos en dos tensiones una “izquierda, sin una política economiza”, y una destejida  “derecha sin oferta social”. Cosa insólita. El joven Betancourt lo captó en sus estudios de historia y de los libertadores y es cuando decide publicar ¿Contra quién estamos y con quién estamos? (que igualmente esta en esas  publicaciones de la Fundación que yeva su nombre, también lo reedito recientemente la UCAB), logrando así definir con suma convicción el panorama de aquella Venezuela que se proponía transformar. Esa claridad meridiana del adequismo de los primeros tiempos en la oratoria célebre del poeta del pueblo Andrés Eloy Blanco, adquirirá el estallido de la palabra en los siguientes términos: “La cultura filtrada de contrabando se servía de las buenas vajillas y no alcanzaba para las totumas. La revolución de Manuel Gual y José María España no tuvo apoyo, porque sabía a pueblo; la revolución de Miranda no tuvo ayuda, porque olía a Inglaterra. Y es Bolívar el primero en denunciar la ausencia de las masas productoras, cuando bautiza aquellos intentos de mudanza del dominio con el nombre de “tiranía doméstica”. Y con Bolívar aparece el pueblo en la revolución. Y al aparecer ambos, comienza su afinidad con el pueblo, semejanza con la tierra.” El joven Betancourt se había nutrido del signo literario de su maestro en el Liceo, don Rómulo Gallegos, quién había escrito la novela “El último Solar” que después se yamará “Reinaldo Solar”, hablando de esos civiles corrompidos, que no son otros que los egresados de la Universidad, cuando increpa a la Universidad en éstos términos: “De aquí salen los segundones de nuestra democracia, los aventureros también. El mayorazgo de la energía y de la voluntad va a los campamentos; los demás vienen a esta universidad a pulirse en esa aristocracia del talento, que como en la de la sangre, es, para nosotros, oclocracia de advenedizos. Y abarcando la masa entera del edificio de la Universidad, la apostrofó: ¡Casa de segundones! ¡Hermana menor de la revuelta armada! ¡Tú también tienes la culpa! Captado el mensaje, se produjeron los actos que originarían la Generación de 1928. Esa época también aporta un signo, que no es otro que el título del primer capítulo de la novela Doña Bárbara: ¿Con quién vamos?: Como veremos hay toda una correspondencia, que en lenguaje actual yamamos encadenamientos en la búsqueda de la fuerza exterior más poderosa y de incidencia tanto en significado como en significante sobre la realidad nacional y el cuadro en el que se desarrolla la realidad originaria, tanto en Bolívar, como en Gallegos y Andrés Eloy Blanco, que captará el joven Betancourt y lo plasmará en sus escritos y en sus actos. De allí que todo Mensaje, Manifiesto en el ámbito de lo político deba estar acompañado por un Programa y la caracterización de las fuerzas en la arena. Eso lo cumplió ese dirigente político joven, Betancourt, independientemente de las transformaciones posteriores. Lo realmente rescatable es la unidad de esos tres factores. Porque el anuncio de la constitución de autoridades, sin estas tres definiciones imprescindibles, configuraría esa mecánica poco fértil de ese proceso distinto de los partidos que han marcado historia patria, independientemente de la ideología que cada uno acuse que he intentado describir hace tiempo y reenviado a algunos amigos tiempo de esos que se te borran o te los borran, referidos a esas sopas de letras, (Coordinadora, MUD, Frente Amplio y ahora Plataforma,) creados algunos como armazones para racimar fondos que van a los bolsillos y finanzas de sus “dirigentes”, los que todos juntos a sus militantes en el ámbito nacional o regional caben con comodidad en una Asamblea Nacional en un Microbus de transporte publico, en una vergonzosa perrera, (no yenan a un Metrobús),”Tanto ayer como hoy existieron y existen otros partidos políticos sin duda alguna, pero su significación no pasó ni ha pasado de más allá del mismo papel que en la gastronomía representa la “guarnición”: un simple relleno, de adorno al plato principal. Éstos han sido formados bajo el rictus sacrosanto. En esta materia sólo se dan dos tipos de modelos que tienen un origen común, su raíz más remota se ubica en el pueblo judío, de la misma manera que el cristianismo y el marxismo, ambos universales, se originaron de las enseñanzas de Jesús de Nazaret, el dulce Rabino judío de Galilea, predicador de los Gentiles, y en los aportes cognoscitivos de Carlos Marx, hijo también de Rabino Judío y predicador del Proletariado. La propaganda política moderna es la expresión de predicadores y profetas, tal como fueron  señalados tanto en el Antiguo (la Torah) como en el Nuevo Testamento. Todos sin excepción han bebido de ese maná, de esa fuente de origen, aún de aquellos que tienen como visión y misión el antijudaísmo. Por tanto, las reglas son las mismas para ambas corrientes del pensamiento en su raíz y en su especificidad, sólo que con el desarrollo de las distintas fases de la tecnología a través de sus etapas en el tiempo, ha cambiado el modo y el medio empleado para el mensaje, que raizalmente es la palabra. Si en el principio fue la palabra, el lenguaje articulado, con ella y con él hay que “ir y predicar la buena nueva por el mundo”. Todas las civilizaciones occidental y oriental, sea hemisferio norte o sur, las leyes de la comunicación proceden de la experiencia de este pueblo. Negarlo es simulación y ésta es hipocresía.”

 

 

Huérfanos todos, desconcertados todos frente a la agonía de la República.

 

pedrorafaelgarciamolina@yahoo.com

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