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León Moraria: Trump el veraz

 

En los últimos años y a escala mundial se ha tornado muy común señalar a los presidentes o primeros ministros de las repúblicas, de demagogos y populistas. ¿Existe diferencia entre ser demagogo y ser populista? Vamos a tratar de definir ambos términos.

Demagogo es quien explota la credibilidad popular para servir a sus propios fines, los de su clase, casta, raza o religión. Se aplica a los políticos o gobernantes que halagan al pueblo con falsas promesas. Es muy conocido el chiste del candidato que llega en campaña a un pueblo de humilde condición económica, donde no hay río, pero ofrece construir un puente.

Populista, el término se utiliza para designar a candidatos o movimientos políticos con fuerte apoyo popular que ofrecen realizar grandes transformaciones en el orden existente sin tener una base autónomamente organizada. “Hay que distinguir entre el populismo como sujeto histórico y el populismo como fenómeno político. Como sujeto histórico el populismo es un movimiento en el cual hay: (1) Apoyo de masas movilizadas (con fines electorales) que carecen de organización. (2) Existe liderazgo. (3) Vinculación carismática entre masas y líder.” (Torcuato S. di Tella. Diccionario de ciencias sociales y políticas).

La demagogia se diferencia del populismo en que aquella se refiere más al discurso, a la promesa, al engaño, en tanto, el populismo se refiere a la ejecución del plan o proyecto, por ejemplo, poner en vigencia una Ley que luego no se cumple. Caso muy notorio, en la Constitución de 1999 se establece “la democracia participativa y protagónica”. Durante veinte años ni Chávez ni Maduro han llevado a la práctica dicha perspectiva constitucional, en su lugar se impone el culto a la personalidad.

En América Latina el populismo ha sido una experiencia traumática, que trasciende en el tiempo. Nuestros países han sobrevivido entre demagogos y populistas. Los modelos recientes son muy elocuentes: Lula y Vilma, los Kishner, Bachelet, Correa, Ortega, Mujica, que se han ganado la falsa denominación de “gobiernos progresistas”, con Chávez en el escalón más alto de la demagogia y populismo. En esta categoría – populista – encaja muy bien el presidente Santos con su proyecto de paz sin que en los actos de su gobierno realizara el más mínimo aporte a eliminar las causas de la guerra. Política de paz tan deseada por las mayorías nacionales, pero negada por la oligarquía/jerarquía católica y sectas evangélicas que convocaron a votar por la guerra tanto en el plebiscito como en la reciente elección presidencial. Santos olvidó que su segundo mandato lo obtuvo con los votos de la izquierda que exigía continuidad en los diálogos de Paz (La Habana). El discurso de Chávez como el de Santos está divorciado de la práctica, son modelos de demagogia y populismo.

No ocurre curre igual con el presidente Trump, por cuanto ha llevado a la práctica de su gobierno lo prometido en la campaña electoral. Por primera vez llega a un país un presidente cuyo discurso no es demagogo ni populista. Lo que dice lo ejecuta: muro en la frontera con México; proteccionismo económico (arancel a las importaciones); cierra de la frontera a migrantes ilegales; Estados Unidos “primera potencia”; guerra económica para equilibrar la balanza comercial; políticas guerreristas para frenar el desarrollo de competidores en la dominación mundial de los recursos naturales (petróleo, minerales, aguas, bosques, suelos); enemigo de los acuerdos que frenen el cambio climático; rechazo a la migración ilegal. Su discurso es espontáneo y sincero, dice lo que piensa en el servicio de sus intereses personales que se confunden con los intereses de dominación de su país.

¿Cuál es la diferencia entre Trump y los presidentes que lo precedieron (Obama, Clinton)? (1) Que eran demagogos y populistas. (2) Que eran representantes de los millonarios, en tanto Trump es elmillonario/presidente al servicio de sus intereses de clase. Están muy equivocados quienes han señalado a Trump de demagogo y populista o han cometido el gravísimo error de compararlo con Chávez. Lamentable que Chávez no hubiera sido sincero y veraz como Trump, no estaríamos en la situación de ruina y desastre económico al que hemos llegado, por cuanto habría cumplido con lo dicho y prometido, como hace Trump.

Nadie puede dudarlo, Trump es un presidente veraz, así no estemos de acuerdo con sus políticas racistas, guerreristas, xenófobas, pero, que corresponden a la conciencia capitalista de la mayoría del pueblo estadounidense, de no ser así, Trump no hubiera sido elegido presidente. Trump cumple sus promesas electorales. ¿No es eso lo que los electores esperan de sus gobernantes?

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