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Néstor Francia: López Obrador no es Chávez, gracias a Dios

 

Hablar de un país donde uno no vive no es fácil. Puedes leer todas las noticias, reportajes, artículos, entrevistas que acaso te den algún rayo de luz, pero siempre habrá zonas oscuras: aquellas que la distancia opaca, a las cuales les falta la potente luz de la realidad. Es lo que nos pasa hoy con el triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador en México. Hasta para los analistas mexicanos el panorama es incierto, que quedará para nosotros, que estamos tan al sur. Esto es así hasta en temas que podrían parecer más transparentes, como el de las relaciones de AMLO con Estados Unidos. Mark Weisbrot, el conocido codirector del Centro de Investigación en Economía y Política, ha dicho que “AMLO no pagará por el muro, eso seguro. Pero AMLO ha dado muestras claras de que quiere tener una buena relación con EEUU. Él no hizo campaña contra Trump. Del lado de Trump, es demasiado impredecible”.

Claro, en Venezuela los revolucionarios estamos contentos por el triunfo de AMLO, precisamente en estos tiempos en que la izquierda está sufriendo resonantes derrotas (como en Brasil y Argentina), agresivas conspiraciones del imperialismo y las oligarquías (como en Venezuela y Nicaragua), dolorosas escisiones (como en Ecuador), así como evidentes retrocesos en las señales de integración que se había enviado al mundo (Lenin Moreno “expropiando “ la sede de Unasur en Quito y Duque, el uribista electo de Colombia, anunciando que se retira de la misma). El imperialismo nos viene derrotando, desestabilizando y dividiendo.

En medio de todo este berenjenal nada está escrito, como me gusta decir. Para el analista poco ayudan las manidas (y probablemente necesarias) frases hechas de las arengas ¿Venceremos? Quiero pensar que a la larga sí, pero pasaremos todavía por amargas derrotas y exultantes victorias, por un camino que será largo y sinuoso, y cuyo final no verá en modo alguno gente como yo, que estoy biológicamente viejo (hay jóvenes mentalmente más vetustos que yo), a menos que tengamos ojos después de muertos, cosa por lo cual no apostaría. A la escena entrarán unos actores y de él saldrán otros, cambiarán escenarios y utilería, la trama tomará giros a veces inusitados, la obra es complicada y con desarrollos imprevisibles.

Está hecho, pues, en México tenemos nuevo Presidente, parafraseando a Napoleón Bravo (aunque asume apenas el 1° de diciembre próximo, quién sabe qué vueltas dará el mundo de aquí allá, con México adentro). Los profetas que se ocupen de anunciar el futuro de ese país, yo en verdad no tengo ni pura idea. Eso es lo bueno de tener la mente abierta, sin óbices dogmáticos: la vida nunca deja de ser un asombro.

Hay cosas que podrían afirmarse, en este maravilloso mundo de las incertidumbres: que el imperialismo está en problemas, que los sectores “progresistas” de América (no sé ni cómo llamarlos, realmente) siguen en lucha con buenas perspectivas, que los pueblos también, incluso contra los Estados burgueses que campean por doquier, lo que no excluye a los países donde gobiernan los “progresistas”, que es un momento de gran debate en el variopinto archipiélago de las izquierdas, que quien crea que tiene la Verdad se va a llevar más de una sorpresa de aquí en adelante.

De momento, quiero señalar citas que se me antojan dignas de considerar. Primero una tomada de una declaración de ALBA Movimientos publicada el 30 de junio, un día antes de la elección mexicana: “la mejor variable o fuerza objetiva a tener en cuenta, es la fortaleza y avance del movimiento popular en México, con evidencia en estos años, con luchas y victorias que pueden ser la voz, y el acto que marque una diferencia diciendo no a la política tradicional, no al fraude, no al miedo, y salir a votar por una alternativa y que desde ese voto, se marque una ruta no de apoyo tácito, sino de voto de cambio para seguir la lucha por la justicia social y el proyecto popular que aún está por ganar”. Y el luchador social mexicano Marcos Tello: “Las elecciones son importantes porque el triunfo de López Obrador va a ensanchar el debate y la confrontación política entre amplios sectores del pueblo y la oligarquía; entre los discursos comunitarios y ciudadanos democráticos y el liberalismo”. Y también: “en la coyuntura política lo propiamente electoral es un episodio cuyas consecuencias irán mucho más allá del 1° de julio; dicho suceso forma parte de una crisis política iniciada en 1988 que expresa el agotamiento de un régimen político que tuvo sus orígenes en la Revolución Mexicana y en las reformas cardenistas”. Tello piensa parecido a mí: las elecciones no son importantes por sí mismas, sino por lo que podrían generar.

En un tono parecido al de Tello, otra luchadora social mexicana, la vocera del Consejo Nacional Indígena María de Jesús Patricio, “Marichuy”, opina “Voten o no voten, lo importante es organizarnos para después, que no solamente participemos en este proceso, sino que busquemos realmente una organización desde abajo si queremos que haya un verdadero cambio, hacer algo desde donde estamos, ya sea en barrios, colonias, ciudades, en los pueblos indígenas”. Es la misma lucha popular por todas partes, no solo por la soberanía nacional, sino además por la irrupción del Poder Popular y la transformación del Estado burgués verticalista que los “progresistas” no han podido realizar desde los gobiernos, más que de manera tímida y asaz insuficiente.

 

Hay una cosa interesante que se pregunta el periodista argentino de derechas Daniel Zovatto: “¿Es López Obrador el Chávez mexicano, como pretenden presentarlo sus detractores? ¿Existe riesgo de que México se convierta en una nueva Venezuela?”. Y él mismo se responde: “En mi opinión, ninguna. Una vez en el poder, López Obrador moderará sus propuestas, adoptará una posición menos ideologizada y más pragmática, y se moverá a la centroizquierda”. Bien, quién sabe, pero algo sí es seguro: López Obrador no es Chávez, ni puede serlo, gracias a Dios, partiendo del hecho de que ningún individuo es igual a otro, y esa es solo una de las infinitas y estimulantes complejidades del Universo.

Si algo tiene de admirable esta lucha que libran los pueblos de América es su gran diversidad: ningún líder es simétrico con otro, ni en su origen ni en su pensamiento. Ninguna fórmula única funciona, es una gran escuela en la que todos estamos aprendiendo. Esto hace que los caminos estén abiertos a grandes debates intensos y creativos, por más que algunos se crean que tienen a Dios agarrado por la chiva y promuevan el conformismo intelectual. Es una situación que queremos definir parafraseando el título de una conocida revista colombiana especializada en explotar curiosidades: ¡muy interesante!

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