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¿Qué significa el nombramiento de Baltazar Porras como arzobispo de Caracas?

 

El nombramiento de Baltazar Porras como obispo interino de Caracas podría significar una mayor conflictividad entre la iglesia y el gobierno

Jesús Hurtado/TC

No cabe duda que El Vaticano muy pendiente de lo que sucede en Venezuela, y muestra de ello es que el papa Francisco no tardó en nombrar al sustituto de Jorge Urosa Savino al frente del arzobispado de Caracas, diócesis que lleva la voz cantante de una iglesia abiertamente enfrentada al chavismo – madurismo.

En aras de no dejar por mucho sin pastor la sede eclesiástica más importante del país, el Sumo Pontífice acudió a una figura que ha demostrado no temer al conflicto: el arzobispo de Mérida, Baltazar Porras, quien en más de una ocasión ha sido la piedra en el zapato para el gobierno.

Nombrado como Administrador Apostólico de Caracas, Porras tendrá la difícil tarea de manejar las prácticamente rotas relaciones con el gobierno en momentos de previsible aumento de la conflictividad, en el marco de una crisis política y económica que se agrava día a día y empeora las condiciones de una grey que tiene a la iglesia católica como la institución más confiable del país, con un 56,7% de evaluación positiva.

¿Y esto que implica? Para empezar, el recién nombrado Cardenal Porras, además de dirigir la diócesis merideña,  deberá asumir las riendas de la sede capitalina, que manejará hasta que sea nombrado un pastor definitivo, algo que puede tardar algún tiempo.

Hace 13 años algo similar ocurrió tras la muerte del cardenal Ignacio Velásco en julio de 2003. Desde entonces, la arquidiócesis caraqueña estuvo bajo la administración de monseñor Nicolás Bermúdez, quien ejerció el cargo hasta septiembre de 2005, cuando fue nombrado Urosa Savino

Fuentes eclesiásticas señalan que, efectivamente, la escogencia de un obispo titular para la capital -quien seguramente también será nombrado cardenal, como ocurrió con sus tres predecesores- puede demorar años, en virtud de lo difícil que podría resultar para la Santa Sede seleccionar un candidato que cuente con la venia de Miraflores.

Al respecto, el periodista especializado en el área Juan Francisco Alonso, señala que la estrategia usada por Francisco permitió a El Vaticano sortear la posible censura a la escogencia, tomando en cuenta que, gracias al Concordato establecido entre la Santa Sede y Caracas, el gobierno tendría que dar su visto bueno al obispo electo.

Las mismas fuentes cercanas a la curia caraqueña señalan que Porras podría tener una posición más dura que su predecesor, en virtud de sus anteriores enfrentamientos con el gobierno de Hugo Chávez, quien lo acusó de ser pieza de la oposición y de desvirtuar la doctrina de la iglesia.

La salida de Urosa

Tras cumplir 75 años en agosto de 2017, Jorge Liberato Urosa Savino presentó su dimisión como arzobispo y cardenal ante El Vaticano, en virtud de una norma del Código de Derecho Canónico que obliga a los cardenales a renunciar a su sede episcopal cuando alcanza esa edad. Cabe destacar que aun sin haber renunciado, tampoco podrían participar en el cónclave para elegir a un nuevo Papa tras cumplir los 75 años.

Esto no siempre fue así. Antes del concilio Vaticano II (1959 – 1965), los obispos duraban en el cargo hasta su muerte, situación que cambió a finales a la década de los 60 del siglo pasado.

Jorge Urosa y Baltazar Porras

El padre Álvaro Salas explica que normalmente la renuncia se hace efectiva cuando se ha designado al sucesor, pero no es extraño que Urosa la haya presentado sin conocer quién lo sustituirá.

“Si el obispo que ha renunciado no está en capacidad para esperar un año, o que exista otra circunstancia urgente (decisión personal, enfermedad grave o muerte), el Papa procede a nombrar un Administrador Apostólico, que presida esa diócesis por tiempo indefinido, hasta cuando se dé a conocer el nombre del sucesor”, comenta el sacerdote salesiano.

Explica además que habitual -pero no exclusivo- que el Administrador Apostólico sea obispo de otra diócesis, pero no la abandona sino que comparte su presencia, trabajo y su cuidado pastoral entre las dos sedes.

Consultado sobre si existe alguna norma para la escogencia del nuevo pastor capitalino, Salas señala que es potestad personal del Papa, y añade que su designación como cardenal no viene “en un solo paquete” con el nombramiento de arzobispo de Caracas.

Es oportuno recordar que Humberto Quintero, el primer cardenal de Venezuela, fue designado obispo de Caracas en 1960 y estuvo al frente hasta 1980, pero en 1972 fue nombrado arzobispo coadjutor, con derecho a sucesión, José Ali Lebrún Moratinos, quien estuvo en el cargo hasta 1995, cuando lo sucedió Ignacio Velasco.

 

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