Inicio > Interés > Un día en la oscuridad de la casa que intenta de nuevo vencer las sombras (Crónica)

Un día en la oscuridad de la casa que intenta de nuevo vencer las sombras (Crónica)

 

Que difícil se convirtió la vida del estudiante venezolano, del caraqueño en general, pero mejor me enfocó en aquellos jóvenes que en la plenitud de su vida se han visto en la necesidad de multiplicarse para sobrevivir a la crisis. Aulas vacías, comedores llenos para un mísero almuerzo, infraestructuras dañadas, todo esto y más en la casa que intenta (de nuevo) vencer estas sombras.

Por Oscar José Morales

Antes de que todo esto nos pasara era un sueño para los que aún cursaban bachillerato pasearse por las casas de estudio caraqueñas.

En la Universidad Central de Venezuela podías ver infinidad de personas conviviendo y disfrutando sus “años mozos”, cultura que no se ha perdido pero que cambio entre otras cosas por el miedo a ser robado mientras vives tu juventud. Le cuento a mi yo del pasado sobre este temor y no se lo cree.

Al ser céntrica llegar a la Central es relativamente fácil, claro después de pasar la travesía de cuentos de Stephen King que se convirtió el transporte público venezolano, lo importante es que llegamos.

Foto: @albernmendoza

Las 8:00 a.m. y para mí no sorpresa los que se encargan de la seguridad de la universidad, si hace podría decirle, se encontraban más preocupados del equipo que le apostaron ayer en vez de salvaguardar la integridad de los estudiantes. Punto uno: normal. Decidí omitir eso, no quería que mi experiencia se dañará tan rápido.

Todo iba bien hasta que tuve que caminar por Tierra de Nadie, saben ese lugar icónico de la central que ahora parece zona de guerra como la película del mismo nombre, pues por ahí y con prisa llegue a mi destino, no sin antes escuchar a dos estudiantes de odontología afirmando que se suspendió la práctica por falta de agua. Mi Caracas.

Por fin en el aula pude ver diferentes rostros, unos de esperanza otros de tristeza y yo en mi curiosidad me preguntaba “¿Qué estarán pensando?”, duda que intentaría resolver más adelante. El profesor llegó, para felicidad de los estudiantes no canceló la clase, y se comenzó a impartir sin antes avisar que el gremio había llegado a un acuerdo de paro y que no comenzarían otro semestre hasta el 2019. Punto dos: normal.

Foto: @eliaas_z

Entre la rabia de aquellos que están cansados de no ver clases me decía a mí: “Se van a paro pidiendo reivindicaciones salariales, que les alcanzará para en vez de comprarse un huevo serán dos, en vez de protestar por un cambio de políticas que beneficiarían a todos”.

En mi mente no deje de pensar en los protestas de hace un año donde cientos de estudiantes fueron asesinados, cuando muchos de esos profesores seguían dando clases. “Ironías de la vida” dice aquella canción de Luis Silva.

Al terminar la clase logre sentarme a hablar con un grupo de estudiantes, quería saber que pensaban esas caras que vi en el salón.

Era viernes y pregunte lo normal: “¿Cuáles son los planes para hoy?”. Todo iba bien, las respuestas normales: “Iré a verme con los amigos que quedan en el país”,“Voy al trabajo y luego ver锓Descansaré un rato”, hasta que un compañero con la cabeza baja y los hombros recogidos dijo “Tengo que ir a hacer la cola en ´x´ sitio para conseguir ´x´producto y mi familia tenga que comer”. Silencio sepulcral. Punto tres: triste pero normal.

Foto: @albernmendoza

Lo peor es que este testimonio no me sorprendía, voltee a ver la gigantesca cola para el cafetín, en esa que dan arroz y un plátano, esa de estudiantes con caras tristes que se la pasan sentadas en escaleras que están a punto de caerse, tratando de sobrevivir a la crisis sin caer en la delincuencia o drogas, simplemente estudiando.

Lo bueno es que uno de los compañeros del joven lo invitó a salir después de que terminará sus diligencias. “No te preocupes mano, la pasaremos bien” esa frase me alegró el día y mi recorrido por la UCV.

Al final del recorrido, viendo esa dualidad venezolana que la Central nos muestra en su casa de estudio, un amigo me pudo “rescatar” de la desgracia que se convirtió el Metro de Caracas.

En el carro ya, no podía dejar de pensar en “que hubiese sido si… hace 20 años” como lo que soñaba cuando era niño. Estudiaría con mis amigos que veo una vez al mes por Skype o quizás aquel muchacho iría al supermercado un domingo, conseguiría lo que desea y le quedaría dinero para salir con sus amigos. Muy probable la UCV seguiría dentro de las 100 mejores universidades de Latinoamérica, todos sabemos los culpables. Punto final: los estudiantes seguiremos luchando.

 

Loading...

Te puede interesar

Compartir

Puedes comentar

avatar
  Subscribe  
Notificación de
Traducción »