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Pedro R. García: Frente al incidente de la avenida Bolívar ¿es inminente un naufragio del gobierno I? …

 

Ubicando algunas pistas…

Pese a las dificultades actuales, debe tenerse presente por siempre lo que nos legara en sus sabias metáforas, el destacado dramaturgo William Shakespeare, “There is a tide in the affaire of men which taken at theflood, leads on to fortuna”. (“Hay una marea en los asuntos de los hombres, que tomada en pleamar, conduce a la fortuna”).  Frente al incidente ocurrido en la avenida  bolívar, y que implica al Presidente, en ese hecho puntual no intentare ninguna hipótesis ya que en el país abundan exégetas de teorías de la conspiración. Creo si nos recuerda repasar algunos antecedentes históricos. Y oportuno para destacar que el pretorianismo a lo Chávez no fue nunca, ni antes ni después de su infiltración en la Academia Militar en los 70; ni antes ni después de la conjura formal a partir de 1982; ni antes ni después de la felonía golpista del 4 de febrero de 1992; ni antes ni después de su victoria electoral en la elección presidencial de 1998; un proceso de conquista del futuro, sino un regreso, con muchas penas y sin ninguna gloria, a lo más lamentable de nuestra propia historia. Yegamos así, para nuestra desgracia, a una zona mixta de la locura y la delincuencia de la cual aún no estamos liberados. El dirigente de El COPEI, Edecio La Riva Araujo solía decir, en su estilo único, que el poder huele a jazmín. ¡Aromatizada expresión del poder! Como sabemos los venezolanos, el poder no huele a jazmín sino, a menudo, a ácido sulfhídrico, a sudoración de mapurite, gases de nafta catalítica, o red cloacal de nuestra agonizantes ciudades. El jazmín de la imaginación poética de La Riva no posee ningún punto de comparación con la fetidez de la descomposición social y política de la nación a partir de 1999; de la Venezuela tomada al abordaje, con ánimo de sacar del vientre de mal año, por el más patético conjunto de fracasados, acomplejados, utópicos y anacrónicos seudo izquierdistas, ninguno, por cierto, (y valga la salvedad) ejemplo cabal de lo más destacado y respetable de la izquierda criolla. No puede oler a Chanel 6, este infeliz empeño, porque sus responsables están impregnados de todas las emanaciones del basurero de la historia (para decirlo con lenguaje trotskista) donde no pocos de ellos habían sido arrojados desde los años 60 de la centuria pasada. La República, desde que el teniente coronel golpista Hugo Chávez logró echarle mano a la jefatura del Estado (nunca fue demócrata; el medio para él era secundario, el putsch o los votos: fracasado el primero, optó con éxito por los segundos; pero ello no le hizo variar su visión fascistoide del mundo y de la vida) ha visto difuminada la temática política, que han dado en yamar “revolución” o “proceso”, reducida, simplemente, no a la búsqueda del bien común, sino al goce y disfrute del poder, entendido, en su primera etapa como la eliminación de sus “enemigos”; y en la segunda, como “transición al socialismo”. Desde la primera comenzó su tinglado maquiavélico, que se ha agudizado en la segunda. El deleite y disfrute se redujeron y se reducen a una infinita espiral táctica, ayuna de una estrategia en función de un verdadero proyecto. (Eso y la incapacidad antológica de la etapa de destrucción nacional que aún no ha concluido, aunque está bastante avanzada, ha sido reconocido y proclamado hasta por teóricos neo-marxistas que alguna vez se ilusionaron con Chávez, como, p. e., Heinz Dieterich). Y esa espiral táctica mira obsesivamente a la permanente lucha por la conservación del poder, viendo siempre tal lucha con dimensión existencial. Por ello, desde el ángulo de Chávez, fue siempre una lucha agónica, signada por la lógica del gladiador: morstua vita mea (tu muerte es mi vida). De lo que acaba de pasar en la avenida Bolívar, solo podemos expresar que no sabemos a que profundidades pueda yegar esa lucha entre sus herederos, en la canibalesca confrontación por ocupar su puesto entre quienes hay algunas facciones de constrictores y de quienes se dicen sus amantes y leales seguidores. Por lo demás en país pareciera fluir la misma percepción expuesta por Laureano Vallenilla Planchar en el Diario pro-autoritario “El Heraldo” durante la dictadura perezjimenista. Ciertamente el cuadro político durante ese decenio estuvo sumido en una encarnizada polarización entre los extremos existentes: los partidarios de la dictadura que en aquel período se les identificaba por medio de esa estafa conceptual del desarrollismo tecnocrático yamada “El Nuevo Ideal Nacional”, cuyo contenido  será expuesto por el mismo Vallenilla el 30 de junio de 1955 en el aludido diario, como expresión de “La Nueva República”, inspirado en César Zumeta, afirmando que “se inició con la Constitución de 1953 y es la expresión de una Venezuela que pretende fundar su destino sobre el trabajo y la cultura”, agregando que “La Nueva República”, consecuente con el igualitarismo tradicional de los venezolanos, es eminentemente niveladora. Uno de sus principales objetivos consiste en proporcionar a todos los venezolanos los elementos básicos de una vida decente. Estos elementos no pueden ser privilegios de una clase o de una casta y como lo ha dicho repetidamente el Presidente Pérez Jiménez en conversaciones informales:  Se trata de aburguesar al proletariado y no de proletarizar a la burguesía.  Pero igualdad no significa confusión o subversión de valores. Dentro de la filosofía del régimen la igualdad es la de oportunidades. Luego debe venir, forzosamente, la selección que coloca a cada quien en su sitio, conforme a la propia capacidad. La ubicación ha de correr pareja con el mérito, sin consideraciones de tipo político o personal”. El más puro Eugenecismo, del otro lado se ubican los opositores a la dictadura, que se sub-dividían a su vez en dos sub-grupos: el de la resistencia desde el amparo de la clandestinidad y el exilio representado por la AD y el PCV y el de la semilegalidad concurrentista representado por el COPEI y URD. En el caso de este último sus máximos dirigentes habían sido arrojados al destierro luego de que el mismo Vallenilla los convocara al Ministerio de Relaciones Interiores, los hiciera prisioneros y los expulsara con destino al exilio, quedando tan solo una precaria representación de cuadros medios que conformarían dos grupos, los que participaban en el Congreso Nacional y los que defendían una especie de política de doble A (Autonomía y Acción) que les permitía oscilar internamente en la institucionalidad del poder ejecutivo y oposición moderada al régimen mediante actos internos de cuasi representación religiosa casera, expresadas en la adoración y alumbrado de las representaciones fotográficas o de estatuillas características de esos líderes urredistas expatriados. En el caso del primero, el COPEI, también experimentaban la praxis de la política de Doble A. Sus líderes hacían una actividad que se aproximaba a la de un partido político legal, pero con su vocación de logia reducida de “oposición permitida”, mientras que en paralelo una ultra junta celular, cuyo máximo responsable y cabecilla era Lorenzo Fernández,  en la que hacía gala del ejercicio del arte descrito por el escritor fascista italiano Curzio Malaparte en su conocida obra “Técnica del Golpe de Estado”, con rasgos en cuanto al enfoque desacertado e incoherente del autor relativo a su interpretación de la “insurrección de octubre” de Lenin. Actuando como Claustro, que fue acumulando progresivamente fuerzas dentro del Ejército que respondían al concepto “socialcristiano malapartista”, hasta alcanzar su culmen con el alzamiento del Teniente-coronel Hugo Trejo (dónde también estaba incluido el actual Mayor general, reincorporado por Chávez y asesor presidencial, el para entonces subteniente Jacinto Pérez Arcay), con réplicas y similar control político en idéntico orden en el alzamiento de Castro León. Precipitado por Fernández el 1º de enero de 1958 para tomar ventaja de calle como partido político, habida cuenta de la presencia de cuatro factores esenciales que la condicionaban: el primer factor para la toma de esta decisión fue el folleto escrito e impreso desde Italia por Luís Antonio Herrera Campins titulado “Frente a 1958”, en la cual con mucha lucidez, precisión y conocimiento de fondo de la situación del país, desmenuzo todos los elementos constitutivos de la crisis que habría de detonar en ese año como factor desencadenante del desmoronamiento estrepitoso de la dictadura perezjimenista, que asociado a su introducción clandestina al país y su masiva difusión en el seno de la militancia del pequeño partido por un estudiante de claras gentilezas  e identificación ideológica con el autor, le era casi obligante marcar ventaja a lo externo frente al resto de los partidos y a lo interno frente a una fuerza juvenil, alejada del doctrinarismo falangista español del partido popular de honda identificación “a contrario ratio” de aquella, por razón de la toma de posición al lado de los postulados de Jacques Maritain y otros doctrinarios de visión modernizante en el campo del socialcristianismo mundial. En fin, el desencuentro entre las tendencias Socialcristiana y la de la Democracia Cristiana forjada durante un encuentro mundial realizado en los Estados Unidos, controlado por influyentes Senadores estadounidenses. El segundo factor estaba derivado de la formación, ahora ya si, de la Junta Patriótica, concepto que venían avanzando, aunque inconcluso, tanto Leonardo Ruiz Pineda como Alberto Carnevalli de AD con Pompeyo Márquez del PCV, en el ocaso del abandono gradual del golpismo adeco como política central, cuya expresión estratégica fue el Manifiesto firmado por Carnevalli intitulado, “AD yama a la Rebelión Civil” de diciembre de 1952 luego de la elección fraudulenta de la Asamblea Constituyente. No hubo tal insurrección, pero la categoría-concepto quedó allí como tema de discusión; el tercer factor lo constituían la presencia en la dirección de los partidos políticos AD y PCV de jóvenes que habían tendido puentes con las nuevas direcciones formadas por las también jóvenes camadas de dirigentes tanto en URD como en COPEI, cuyo liderazgo reciente ponía en peligro la hegemonía de los viejos cuadros, entendido no solo los adecos, sino aquellos que íntimamente de COPEI y URD, aunque separados en toldas disímiles, les unía la misma expectante actitud  y comportamiento. El cuarto factor, acordado entre Betancourt y Caldera, estaba determinado por la propuesta de Betancourt al Ministro de la Defensa del gobierno perezjimenista, Oscar Mazzei Carta, (tendría la oposición nuestra el coraje de ofrecerle la jefatura del Estado al General Padrino, en busca de causes que nos saque de lo que pareciera una inevitable y suicida colisión), de apoyarlo en ese momento electoralmente para la presidencia de la República con el sostén tanto de AD como URD. Esta propuesta fue estimulada, y para negociar en nombre de AD con el gobierno dictatorial, fue ungido Miguel Otero Silva, quién había recibido plenos poderes del propio Rómulo Betancourt, quién le rodeó de las más amplias garantías y seguridades que sólo el líder adeco podía otorgarle, tomando en cuenta que desde la aparición de ARDI en 1931, ambos habían escenificado una cruda polémica y el más descarnado enfrentamiento político-ideológico entre el ahora poderdante y su apoderado. Sin duda Betancourt le reservaba como contendor al Ministro General Candidato al civil Caldera. Una operación de gran calado que hasta el Mariscal de las derrotas, Guillermo García Ponce, se impelió a ofrecerle el apoyo del PCV al inefable doctor Caldera, luego apóstata de su propia elaboración política, hecho reconocido públicamente en el primer mitin electoral del PCV en 1958, con ocasión de la postulación como candidato a la Presidencia de la República del Vicealmirante Larrazábal el 27 de noviembre de 1958, en boca nada más y nada menos que del legendario Gustavo Machado, quién con suma honestidad y autenticidad señaló: “Nosotros estudiamos todas las candidaturas objetivamente. La propia candidatura de Caldera no ha estado muy lejos de los comunistas, pues en 1957 le propusimos a COPEI que lo lanzáramos para derrotar la dictadura y se nos dijo que no”. Y posteriormente el mismo García Ponce lo confiesa en “Diario desconocido de una Dictadura” en estos términos: “Rafael Caldera y los comunistas han estado siempre en campos opuestos tanto en el terreno ideológico como político. Sin embargo, el PC propone unirse alrededor de la candidatura presidencial del Dr. Caldera. Además de poseer las condiciones necesarias, Caldera pertenece a una organización política. Puede aportar fuerzas propias para la confrontación, una ventaja en comparación a cualquier figura independiente. Cuando los recursos son extremadamente débiles, el nombre de Caldera puede ahondar contradicciones de la Iglesia con la Dictadura y atraer al campo de la resistencia a sectores todavía neutrales o vacilantes.” Pero lo esencial y significativo es que frente a la dictadura perezjimenista también existían esos componentes de lo que ahora se señalaba como la “MUD” que en aquel momento se yamó Junta Patriótica, culminación de un proceso que parte de sondeos previos interpartidistas no exentos de desconfianzas, yegándose incluso a nombrar como presidente de ese órgano de dirección clandestina nada más y nada menos que a Fabricio Ojeda, Director de Educación de la gobernación del estado Monagas durante la dictadura y periodista de Palacio muy apreciado por el dictador. Difícil deducir que algunos exegetas de la autolicuada (MUD) con algunos con obra escrita sobre el período y los subsiguientes autores de artículos en referencia, no lo hayan captado así. Más bien pareciera que todavía tuviesen puestas las gríngolas que quizá le dejara sobre su visión de perspectiva ese impreciso e incoherente libro que escribieran a dos manos Guillermo García Ponce y Francisco Camacho Barrios intitulado “Diario desconocido de una dictadura” sin lugar a dudas tienen fecundada la pluma de esa desviación que en política es un pecado inveterado del venezolano y que conocemos como “fraseología revolucionaria”, limitante y hueca aunque por su elocuencia algunas veces pareciera apropiada, que no es tal. Es lo que en buen argot doméstico conocemos como maromas intelectuales. Porque también en ese ayer tan próximo la dirección revolucionaria clandestina buscaba afanosa con desiguales dificultades, el reagrupamiento de los esfuerzos con la pretensión valida por lo demás, de organizar los hasta ese momento dispersos en ese mundo cuatripartidista, en el cual para colmo de “los resistentes”, se buscaba atraer aquellos que desde sus trincheras periodísticas partidistas habían alentado de manera extrema el golpe militar contra ese gobierno surgido de libres y universales  votaciones como lo fue el del Maestro Rómulo Gallegos: COPEI y URD, quienes en un primer momento no solo se distanciaron de “los resistentes la AD y el PCV”, sino que en continuidad de esa política pro-golpista previa al 30 de noviembre, ahora en 1952, dando rebotes letales, alentaron el concurrentismo electoral, sin plenas garantías de respeto a la voluntad popular, imponiéndose, el proyecto militar que habían concebido ejecutar (Delgado Chalbaud, Pérez Jiménez y Llovera Páez, primero; y Pérez Jiménez, Llovera Páez y Vallenilla Planchardt, después), ahora sin la presencia física del primero bajo la conducción de Pérez Jiménez.  (Volveremos en una segunda entrega).

“En el país pasa el tiempo y el segundero avanza decapitando esperanzas”…

pedrorafaelgarciamolina@yahoo.com

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