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El caso de los diputados Juan Requesens y Julio Borges: del exabrupto jurídico a la persecución política

 

Entre el 7 y 8 de agosto de 2018 se llevaron a cabo diversas actuaciones que culminaron con la detención del diputado Juan Requesens y la orden de captura del diputado Julio Borges. Tal y como se explica en el siguiente trabajo, esas actuaciones constituyen una violación a los derechos humanos de los diputados Requesens y Borges, en lo que debe ser considerado un caso de persecución política.

POR José Ignacio Hernández

Los hechos

En una “cadena” de radio y televisión realizada en la noche del 7 de agosto de 2018, se realizaron diversos anuncios relacionados con los sucesos del 4 de agosto de 2018. De esa manera, y entre otros anuncios, en dicho espacio se señaló que los diputados Juan Requesens y Julio Borges estarían involucrados con los referidos sucesos del 4 de agosto.

Casi simultáneamente se conoció que el diputado Requesens, junto con su hermana –Rafaela Requesens, presidente de la Federación de Centros Universitario de la Universidad Central– había sido detenido por funcionarios del SEBIN. Aun cuando Rafaela Requesens fue liberada, el diputado permaneció detenido, según  fue informado, sin orden judicial.

El 8 de agosto, el Tribunal Supremo de Justicia comunicó que había autorizado el enjuiciamiento del diputado Requesens, ratificando su detención por flagrancia. Similar decisión fue adoptada en contra del diputado Julio Borges, ordenándose su detención.

Ese mismo día, la asamblea nacional constituyente acordó allanar la inmunidad parlamentaria de Requesens y Borges.

La detención de Juan Requesens: una detención arbitraria

La detención del diputado Juan Requesens, en la noche del 7 de agosto, puede ser calificada de arbitraria por diversas razones.

En primer lugar, de acuerdo con las noticias, Juan Requesens fue detenido sin orden judicial. El artículo 41 de la Constitución, en sintonía con diversos Tratados de Derechos Humanos, establece que nadie podrá ser detenido sin previa orden judicial. Con lo cual, puede concluirse que, de entrada, la detención del diputado Juan Requesens es arbitraria pues se produjo sin orden judicial emitida de conformidad con las garantías de la inmunidad parlamentaria.

En segundo lugar, la detención de Requesens se realizó en el marco de señalamientos políticos, en lo que debió ser una investigación objetiva. En efecto, las investigaciones penales, para cumplir con el derecho al debido proceso, deben ser conducidas con objetividad, lo que implica que, como regla, las actuaciones de esas investigaciones –muy especialmente en su fase preliminar– deben mantenerse bajo reserva. Como establece el artículo 286 del Código Orgánico Procesal Penal, “todos los actos de la investigación serán reservados para los terceros”.

No obstante, el diputado Requesens –junto a otras personas, como el diputado Borges- fue señalado públicamente como uno de los responsables de los sucesos del 4 de agosto. Incluso, en una “cadena” de televisión, se difundió el video del testimonio que supuestamente lo compromete. Con lo cual, toda la investigación relacionada con el diputado Requesens y el proceso penal al cual probablemente será sometido, responde a un claro caso de persecución política.

En tercer lugar, la detención de Juan Requesens violó la garantía de la inmunidad parlamentaria, reconocida en el artículo 200 de la Constitución. Así, ese artículo señala que los diputados en ejercicio de sus funciones solo podrán ser sometidos a procesos penales si se cumplen dos condiciones concurrentes: (i) que el Tribunal Supremo de Justicia declare procedente el antejuicio de mérito y (ii) que la Asamblea Nacional autorice el enjuiciamiento penal, en lo que se conoce como el “allanamiento de la inmunidad parlamentaria”.

Esas garantías, sin embargo, han sido sistemáticamente violadas, como he explicado en Prodavinci. El caso del diputado Requesens es otro ejemplo de esas violaciones. En efecto, el diputado Requesens fue detenido antes de que el Tribunal Supremo de Justicia hubiese emitido opinión sobre el antejuicio. Lo más importante: fue la ANC, y no la Asamblea Nacional, quien “allanó” la inmunidad del diputado Requesens.

La ANC, que es un órgano ilegítimo y fraudulento, no puede ejercer las funciones de la Asamblea Nacional y, por ende, no puede pronunciarse sobre la inmunidad parlamentaria de diputado alguno, dado que esa es una competencia exclusiva de la Asamblea Nacional. Cabe recordar además que esa función de la Asamblea Nacional tiene un claro fundamento democrático: solo los pares del diputado Requesens –vale decir, los otros diputados electos democráticamente– pueden pronunciarse sobre su inmunidad. Pero los “diputados” de la ANC no son pares del diputado Requesens, pues mientras éste ejerce la representación legítima del pueblo venezolano, aquéllos usurpan esa representación.

El abuso de la figura de la flagrancia

La arbitraria detención del diputado Requesens, según el Tribunal Supremo de Justicia, fue en flagrancia. Esta afirmación, sin embargo, carece de fundamento jurídico.

En efecto, como hemos explicado antes en Prodavinci, la flagrancia exige que el delito se haya cometido –o acabe de ser cometido– en el momento de la detención. Sin embargo, los hechos por los cuales el diputado Requesens fue detenido, sucedieron tres días antes, lo que impide considerar que el diputado fue detenido al momento de realizar los supuestos delitos que se le imputan.

Además, y en todo caso, el citado artículo 200 constitucional establece que en caso de flagrancia, los diputados podrán ser inmediatamente detenidos en su residencia, pero será necesario cumplir igualmente con el procedimiento antes señalado. Es decir, que igualmente se requerirá el pronunciamiento del Tribunal Supremo de Justicia y de la Asamblea Nacional. No obstante, el diputado Requesens, según los medios, fue recluido en El Helicoide y no en su residencia. Con lo cual, incluso en el supuesto negado de que hubiese habido flagrancia, se violó igualmente la Constitución.

La orden de detención en contra de Julio Borges: una detención política

La orden de detención en contra del diputado Julio Borges es igualmente arbitraria. Al igual que Requesens, el diputado Borges fue señalado públicamente como responsable de supuestos delitos, todo lo cual determina la violación del derecho al debido proceso. Además, la inmunidad del referido diputado fue “allanada” por la ilegítima ANC, en usurpación de las funciones de la Asamblea Nacional.  Todo esto permite concluir que la orden de detención en contra del diputado Borges responde a motivaciones políticas.

Esto es importante, pues los instrumentos previstos en el Derecho Internacional para la ejecución de órdenes de detención no aplican en casos de delitos políticos. Así, la extradición está excluida en casos de delitos de esta naturaleza, es decir, asociados al ejercicio de derechos políticos, como se destaca en el artículo 4 de la Convención Interamericana de Extradición. Asimismo, el artículo 3 del Estatuto de la INTERPOL impide a ese organismo intervenir en casos de naturaleza política.

 

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