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Pedro R. García: Frente al incidente de la avenida bolívar ¿es inminente un naufragio del gobierno II? …

 

Una acotación necesaria…

¡Huérfanos todos, desconcertados todos frente a la agonía de la Republica!

La oposición y los pretendientes a tales como así como  a “los perjurados”, que profusamente también los hay, a partir del lamentable incidente que involucro al ciudadano Presidente, deben tratar de establecer una hoja de ruta. Lo primero es que hay que darle justo sentido del meta-mensaje reiterado por el General en jefe Padrino, en cuanto a la advertencia de los términos que podrían caracterizar la confrontación militar/civil (para sacarnos nos tendrán que derrotar militarmente); la segunda, que para invertir esa relación y situarla en una confrontación más eficaz civil/militar hay que agudizar la lucha de masas en las calles siempre in crescendo (con mayor y escalonada incorporación de las fuerzas sociales); y la tercera, como réferi Ab inicio la necesidad imperiosa de la articulación de una seria dirección política de la oposición con un programa mínimo común, o lo que otros términos se le señala como estado mayor o dirección estratégica. El gusto es nuestro.  Frente al colapso del sector politico, todo comenzó, me parece, con la rabia como motor de la historia. No fue con el slogan leninista de la violencia es la partera de la historia. Fue la que yevó al voto castigo. Fue una rabia extendida, ilusionada e ingenua la que premió a los autores de la felonía del 4F del 92 con el poder. Así, los electores creyeron, muy bien condicionados por una campaña de ciertos medios durante más de una década, que la satanizada política y los satanizados políticos tendrían su merecido. El proceso de desintegración moral y política de la sociedad venezolana, con incidencia letal en los partidos (tanto en AD como en COPEI) convirtió una crisis de gobierno en una crisis de sistema. Eso ha sido descrito en La rebelión de los náufragos de Mirtha Rivero. Muchas responsabilidades del mundo económico están bien documentadas en los escritos de Juan Carlos Zapata. Además, la política clientelar durante dos décadas, los 80 y los 90, aportó (y no poco) a la anemia y desprestigio de las agrupaciones partidistas, instituciones básicas del sistema político venezolano, sobre todo desde 1958. Así, por la búsqueda de chivos expiatorios, en medio de la política espectáculo, al concluir el siglo se terminó por ungir como emperador republicano a Chávez, quien irrespetó siempre el orden constitucional. (Lo hizo, al menos desde el 82, con el juramento ante el samán marchito, actualizando aquello que Luis Castro Leiva yamó moralidad brumarial de la conjura; la irrespetó el 92 con la aventura golpista y con su rendición; la irrespetó el 99 con su evasión retórica a la obligación de jurar obediencia a la Constitución de 1961; y la irrespetó ad nauseam con la violación sistemática y continuada de su propia Constitución de 1999 como ha demostrado Asdrúbal Aguiar en su Historia inconstitucional de Venezuela). Una cosa piensa el burro y otra quien lo esta enjalmando. Así reza el dicho popular. La rabia ciudadana quería sólo castigar. Pero el burro enjalmado tenía una confusa obsesión revolucionaria. Que iba desde una visión semiletrada del mundo del pensamiento político y de la herencia institucional de Occidente que nos yegó, guste o no, por vía de España, la Madre Patria, hasta una variación del sentido del lenguaje y de las coordenadas de pensamiento. Revolución, por ejemplo, se interpretó como demolición. Y se procedió (y se intenta obstinadamente alargarse con Maduro), con entusiasmo digno de mejor causa, por parte de los elegidos por la rabia, a demoler cualquier rastro institucional de la vida republicana. Muchos, pensando con cobardía, dieron el garrote al ciego. La antigua Corte Suprema de Justicia facilitó la apariencia legal que necesitaba el invidente de la ciencia jurídica y administrativa en su frenesí demoledor, quien sin haber leído nunca a Shakespeare (La tempestad) pensaba que todo pasado es prólogo. Después de defenestrada con una mueca críptica la defensa de la Constitución del 61 (ponencia de Humberto J. La Roche), la vieja Corte procedió a suicidarse en primavera (Cecilia Sosa dixit). Lo demás ya se conoce. El proceso constituyente y el nuevo Tribunal Supremo. Allí, en el TSJ, sigue haciendo de las suyas la continuidad de lo rabulesco, (grotesco estilo Jalisco que no tiene precedente en la historia de Venezuela), la unicameral Asamblea Nacional (teórica heredera del Congreso bicameral) se garantizo la eliminación de facto del Parlamento plural que tipifica a toda verdadera democracia y completando el camuflaje “legal” del asalto a otras instituciones. La reforma de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia: aumentando el número de magistrados para manejar, según el querer del César, con mayor seguridad y menor costo, la máxima instancia judicial del país. Y, por supuesto, el control económico: la manipulación sin precedentes del Banco Central de Venezuela tenia como último objetivo el control total de la banca nacional; es decir, el monopolio de la capacidad crediticia en manos gubernamentales. Como se hizo en Cuba desde el nombramiento del Che Guevara en el Banco Nacional de ese sufrido país hermano que yeva soportando a Fidel, Raúl  y ahora a Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, por más de medio siglo. Si faltaba algo, perceptible en el intento de lograr la definitiva sumisión, fue el despropósito de instrumental la  (ANC, a lo que por momentos ignorare), hay que con serenidad alertar sobre a los criterios demolicionistas revolucionarios de lo que aún queda de institucional en el seno de las Fuerzas Armadas. La meta parece ser, pues, que sólo quede en Venezuela el polvo del Estado, sus cenizas. El último Congreso de la República (el elegido en 1998, el que presenció la entrega del poder de Rafael Caldera a Hugo Chávez, el que no reaccionó frente al salvoconducto que daba la Corte que moría para brincarse con pértiga el artículo 250 de la Constitución del 61, el que no dijo nada ante el no juramento de Chávez a esa misma Constitución, en 1999) fue, evidentemente, incapaz de hacer respetar la Constitución de 1961, que había jurado cumplir y hacer cumplir. Junto con ese mini Congreso (mini en duración y en estatura histórica) murió la que, hasta el presente, ha sido la Constitución de más larga vida de nuestra accidentada vida republicana, y que, a pesar de sus defectos, resultó un texto sabio, producto de un verdadero consenso nacional después del derrocamiento de la dictadura de Pérez Jiménez. Frente a un país desquiciado por La Pentarquía ¿ ¿Maduro-Cabello-Padrino-Hermanos-Rodríguez y el chavismo, Erigirse en la equidistancia que coloca a los demás en los extremos resulta, al menos, una salida de dudoso gusto. En Venezuela nos conocemos todos. Con nuestros aciertos y nuestras pifias. Con los prestigios y los desprestigios acumulados. Porque nadie puede evadir la propia historia. Ni pretender ser de otra Vía Láctea. No es difícil jugar a un carnaval de máscaras para etiquetar a los demás. “He aquí el tinglado de la antigua farsa”, podría decirse evocando las palabras iniciales del monólogo de apertura de Los intereses creados de Jacinto Benavente. ¿Actitud solemne de vestales impolutas? ¡Por el amor de Dios! ¿Quién pretende engañar a quién? Tales simplismos no resultan ya moneda de aceptación general, sino alimento contaminado ex-professo procurando horadar, para quien los ingiera desprevenidamente, la convicción con los prejuicios. El apasionamiento no es necesariamente un defecto. Puede ser una virtud. Hannah Arendt, cuando en 1951 apareció su importante obra Los orígenes del totalitarismo, enfrentó con contundencia la acusación de que, en lo referente al antisemitismo, su carga emocional restaba al estudio fuerza, seriedad y hondura. Dijo entonces algo que, salvando las inmensas distancias, sirve, a mi entender, para rebatir algunos juicios sobre la situación venezolana: “Describir los campos de concentración sine ira no resulta ser ‘objetivo’, sino que equivale a indultarlos”. Hablar de la antipatria de Maduro sine ira equivale a indultarla. La hipocresía sólo sirve para mostrar su anemia. Entre otros desaguisados, merecen mencionarse la anemia institucional de la República y el agotamiento (casi al límite) de un civilismo carente de las fuertes raíces de una extendida conciencia de ciudadanía. Anemia y agotamiento, éstos, que permitieron aquél unión, paz y trabajo de la Causa: la unión (en los grillos), la paz (de los sepulcros), y el trabajo (en las carreteras) en el largo absolutismo tiránico de Gómez. El tiempo gomero (además de otras endemias y horrores) supuso 27 años de alergia provocada a la política de ideas. Alergia provocada, desde un poder omnímodo y excluyente: gobierno personalista y de fuerza que sólo entendía a sus adversarios como “los malos hijos de la Patria”; y, en consecuencia, no podía concebir para ellos otra situación que su silencio, generado por el destierro, la prisión o la muerte. Algo semejante pretende y pretenden sus devaluados herederos políticos. La crisis política actual tiene, sin duda, a pesar de los rasgos que la tipifican, mucho de un salto atrás concebido como brinco al futuro. De saltos conocidos está yena la historia trágica contemporánea. Cabrera Infante, refiriéndose a Fidel Castro, escribió en una ocasión: “Por obra de una extraña cabriola hegeliana dio un salto hacia adelante y cayó hacia atrás”. Por la supervivencia de nuestro ser nacional es necesario rechazar con fuerza la degeneración que la violencia dirigida desde el poder, auténtico terrorismo de Estado, pretendió y pretende pasar como fenómeno “normal”. Josef Pieper, en su ensayo Las Virtudes Fundamentales, no ha vacilado en destacar el rango ético de la indignación frente a la viciosidad exhibicionista: “Cuando a la voluntad corrompida, que va a la deriva en el vicio de lo sensible, dice se le une una falta de fuerzas para irritarse, tenemos el caso de una degeneración total y sin esperanzas. Tal situación es la que se presenta cuando un sector de la sociedad, un pueblo o toda una cultura están maduros para su extinción”. Chávez habló y Maduro intenta imitarlo (lo vemos, una y otra vez) con un acento y ritornelo gestual que, más que propios de un profeta, resultaba y resultan la patética expresión de ecos postreros. La confusión en la cual vivimos muestra la evidencia del no gobierno. Ha logrado, sin duda, la crispación de todos. Pero no logró, como pensaba, la subasta total de la conciencia ciudadana. Aunque algunos sean cómplices y otros se hayan rendido, Venezuela no podrá estar nunca como oferta en pública moneda. El Estado de derecho, de tanto quebrantamiento, ha quedado convertido en un Estado de revés. Cuando Chávez consideró, yevado por su obsesión de conflicto, que cualquier problema era un asunto de alto voltaje, estaba fundiendo todos los posibles vericuetos de salida del régimen. Así, la crisis, ahora con el tándem Maduro-Cabello, ha cobrado dimensiones de confrontación existencial entre una visión corrupta y degradada de la conducción del Estado, que se esconde en la grandilocuencia del término “revolución” y la visión institucional, de armonía política y jurídica que exige un inmediato correctivo por el bien de todos. Ante un gobierno oscilante, es urgente encontrar cuanto los cauces que permitan la relegitimación institucional. Según la Real Academia, que “fija, limpia y da esplendor”, urgencia es “necesidad apremiante de lo que es menester. De 2012 a 2018 ha habido poco avances en la búsqueda de una unidad nacional. Una unidad más robusta que cualquier impotable egolatría, por demás anacrónica. Unidad que será necesario prolongar, si las cosas cambian de veras, en un Gobierno de Reconstrucción Nacional que dirija el tiempo de la posible y deseable transición. El  gobierno ha intentado también algunas prácticas de territorialización desde sus inicios, entre sus partidarios  solo que este se la ha reducido al casco histórico caraqueño que abarca toda una zona angosta de protección para los poderes ejecutivo y Electoral básicamente. Finalmente, en otra oportunidad seguiré tratando otros aspectos que se desprenden del estos eventos sugiero el repaso, entre otros de los trabajos de Venezuela Democracia y Reforma Política, Centro de Estudios de Integración Nacional de la UMA), coordinado por el doctor Juan Garrido Rovira, escrito con sabiduría como corresponde a uno de los tantos y poquísimos estudios que ahondan con una creatividad y capacidad de aguda observación, por supuesto que no es la única hay muchas, así como ejemplo lo que han venido reflexionando y presentado, of course el (Observatorio Hannnah Arendt Proyecto de Confianza política (OHA-EPI-PCP 2018) y plasmadas en otros textos y artículos de opinión, que yaman a sonar del  clarín, invitándonos a verter en  sus enseñanzas, inexorablemente y que tienen  conexión con la búsqueda y concreción de  medidas que con premura se demandan articular en el hoy. Y cierro con esta vieja cita de Gallegos pero de vibrante actualidad: “por haberle dados a las mías esforzada ocupación en los duelos y quebrantos de mi pueblo, por haber tratado de explorar la raíz enferma de donde nos proviniera tanta hoja marchita en las ramas de la esperanza, por haber explorado también los horizontes por donde pudiese aparecer anuncio de tiempo mejor, fue por lo que me buscaron a mi mis compatriotas cuándo se necesitó encabezar una buena empresa con un hombre que inspirase alguna confianza”.(Rendición de cuentas: (1949) Rómulo Gallegos una Posición en la Vida, México, 1954, reimpreso I, Ediciones Centauro, 1977)…

“Es necesario que busquemos en el país un equipo en quien confiar…

pedrorafaelgarciamolina@yahoo.com

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