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Pedro R. García: Después del grave evento de la semana pasada es suficiente el análisis crítico en el tablero…

 

¿Alerta con los Idus de marzo? ¿El día que cambió la historia de occidente. Los idus de marzo correspondía a los días de la primera luna yena del año nuevo en los calendarios más antiguos, que el dictador Julio César fuera asesinado en los Idus de marzo del año 44 a.C. es paradójico, en tanto, se trataba de uno de esos días considerados de buen augurio en el calendario romano. Los idus tenían lugar los días 15 de marzo, mayo, julio y octubre, y los días 13 del resto de los meses del año. La importancia de este día de buena suerte del mes consagrado al dios Marte estaba en que, según el calendario romano anterior al juliano, era el primer mes del año y el arranque de todo. Los idus de marzo correspondía a los días de la primera luna yena del año nuevo, en los calendarios más antiguos, y conservaban sus propios rituales. Si bien en los idus de cada mes el sumo sacerdote de Júpiter sacrificaba ovejas ese día en el Arx; para los días de buen augurio de marzo se celebraba además la Fiesta de Anna Perenna, cuya festividad originalmente concluía con los festejos por el nuevo año. Una festividad enormemente popular, con comidas en el campo, bebida y mucha diversión. En tiempos de Julio César los idus de marzo seguían contando con un fuerte componente simbólico y era un día de buenas noticias. Según el escritor griego Plutarco, César habría sido advertido de que su vida peligraba en tan particular jornada, ante lo que el dictador descartó el riesgo: En el año 44 a.C. los idus no lo fueron tan buenos ni para Julio César, que fue asesinado por un complot en el Senado, ni para el pueblo de Roma que asistió al inicio de otra guerra civil.

¿Los idus de marzo?

Un famoso adivino en Roma de nombre Espurina, que se cruzó con César en el Foro le había advertido del peligro, como nos describió Shakespeare, en 1599, en su obra “Julio César”.

ANTONIO.  Lo tendré presente. Cuando César dice: “Haz esto”, se hace.

CÉSAR.  Proseguid, y no olvidéis ninguna ceremonia. (Trompetería.)

ADIVINO. ¡César!

CÉSAR. ¡Eh! ¿Quién yama?

CASCA. ¡Que cese todo ruido! ¡Silencio de nuevo! (Cesa la música.)

CÉSAR. ¿Quién de entre la muchedumbre me ha yamado? Oigo una voz, más vibrante que toda la música, gritar: “¡César!” Habla; César se vuelve para oírte.

ADIVINO, ¡Guárdate de los idus de marzo!

CÉSAR. ¿Quién es ese hombre?

BRUTO.  Un adivino, que advierte que os guardéis dé los idus de marzo.

CÉSAR.  Traedle ante mí, que le vea la cara.

CASIO.  Amigo, sal de entre la muchedumbre; mira a César.  CÉSAR. – ¿Qué me dices ahora? Habla otra vez.

ADIVINO. ¡Guárdate de los idus de marzo!

CÉSAR.  Es un visionario; dejémosle. Paso. (Música. Salen todos menos BRUTO y CASIO.)

También, Calpurnia, la esposa de César, había soñado esa misma noche que sería asesinado y trató de impedir que ese día César acudiera al senado.

Sin temor e imprudentemente, despidió a sus lictores, que siempre le acompañaban para su protección personal, y se encaminó andando sólo hacia la Curia.  En el camino se encontró con el adivino Espurina, como hemos dicho, que le había dicho que se guardara de los idus de marzo y le dijo: ¡Ya han yegado los idus de marzo y sigo vivo!

Sí, pero aún no han acabado. Contestó el adivino.

Antes de entrar en la Curia se le acercó un senador y le dio un rollo de pergamino rogándole que lo leyera y en el que figuraban los nombres de todos los conjurados para asesinarle, pero César no tuvo tiempo de leerlo y entró en el Senado con el rollo en la mano.

La muerte del dictador en el Senado está considerado el punto de inflexión en la historia de la Antigua Roma, marcando la transición del período histórico conocido como República Romana al Imperio Romano. De ahí la importancia cultural de la referencia a los Idus. William Shakespeare haría famosa la frase nunca pronunciada,  “¡Cuídate de los idus de marzo!” (Beware of the ides of March, en su versión anglosajona original), en su obra de teatro “Julio César”, de 1599. Aquí se recrea de forma mitificada la conspiración que acabó con el asesinato del mandatario.

Una acotación necesaria…

“Intentar en este decisivo momento hacer elaboraciones y análisis críticos es complejo, primero partiendo de la premisa de que la capacidad analítica no es cosa de exhibir extensivos niveles académicos ni de impersonales Pos-doctorados, ni de revelada inteligencia, ni poseer un compendiado curriculum ni inédita erudición, ni gozar de doble paladar para la valoración de los eventos frecuentes en la cada vez mas ambigua sociedad, en su oscuro entorno ni tener la certeza de las necesarias reformulaciones particulares y planetarias. Corremos el riesgo de que nos suceda como el astrónomo invidente, que en sus fantásticas alucinaciones creía descubrir nuevas constelaciones en las oscuridades engañosas de su propia ceguera. Indagar no es solo aplicar categorías tradicionales, históricas, sociológicas o metodológicas a partir de un excedido conocimiento en el que eventualmente podríamos afirmarnos, el quid es definir, examinar, profundizar, reconciliar y con harta imperturbabilidad antes de atreverse a formular alguna elucidación. “El análisis con pretensión de erudición jamás pondrá fin a los violentos conflictos políticos causados por la desigualdad”. (Tomado del libro El Capital de Thomas Pikety)”. La investigación ejemplo en filosofía polٕítica es y será siempre frágil e imperfecta; no tiene la pretensión de transformar la economía, la sociología ni la historia ni las ciencias exactas, sino establecer con serenidad hechos y precisiones, y analizar con distancia critica los mecanismos económicos, sociales y políticos, que sean capaces de dar cuenta de lo que estos puedan gestionar que el debate democrático esté mejor informado y se concentre en las preguntas correctas; además se obliga a contribuir a redefinir siempre los términos de la disputa, revelar las certezas imitadas y las imposturas, imputar y debatirlo todo siempre. Éste debe ser, el papel que toca desempeñar a los intelectuales y, entre ellos, los investigadores ciudadanos como todos, pero que tienen la suerte de disponer de más tiempo para dedicarse al estudio paciente y inflexible. No es posible el análisis crítico en forma mecánica activa, una hormiga a quien nadie pone en duda su laboriosidad no se eleva un centímetro de la superficie, la intuición del analista debe ser capaz de penetrar por las grietas de las cosas de los objetos, de los entes, presentir los enigmas que flotan en las proximidades de los acontecimientos, asediar las abstracciones y sus vuelos fluctuantes, absorber los contra-flujos del pensamiento en boga y sus impredecibles giros, toda oscilación, lo que fluya, hay que pasarlo por la criba sutil de la prudencia, para que nos aproxime a las estimaciones que transitan inadvertidas, que alerten frente a los reduccionismos en el ruedo, en el abordaje de ingentes temas que nos asedian, y nos sofocan. Trazarse como límite la búsqueda de la elaboración de una crítica elevada, es necesario hacer resaltar sobre el lienzo de la investigación ampliándolo  sin alterar los ámbitos de los hechos para quienes la acceden no se fatiguen. Es por eso que el investigador con profundidad ontológica es “rara avis”, y en cada época habría que alegrase con tener algunos. El sentido analítico requiere de una doble percepción, no se valora lo que se desconoce, ni se conoce lo que no es posible comprender. No se puede hacer estimaciones a partir de intereses especialmente prosélitos, ya sean individuales o colectivos, ¿Quién seria un analista justo?, se me ocurre que alguien despejado de todo compromiso intelectual, de insospechada probidad y cuyo cerebro compitiera con las redes y la universalidad del pensamiento. Esto no es difícil sino imposible, puesto que cada ser humano, abarca apenas un infinitesimal punto del universo, en política como en las ciencias duras y en la filosofía se abren cada segundo horizontes muy amplios, a través de las novedosas tecnologías se divisan nuevas Atlántidas que cautivan el pensamiento humano, y hoy los nuevos cruzados, no van como Carlos Magno, repartiendo en inmensa bandejas de oro, los manjares de pascua por todos los continentes, viajan en modernos Jet y supersónicos trenes y los más en la insondable red virtual, cada nanosegundo omnipresente como símbolo de la libertad, y como mariposa de alas brillantes que ha roto la crisálida y se ha elevado en el universo sin fin conocido, este es el siglo de gigantescos saltos y revoluciones tecnológicas y un ideal de renovación y de originalidad agita todo lo que hay de candidez en nuestra naturaleza humana. A todo este relato debemos agregar que la crítica debe estar poseída de un sustrato humanista que permita la comprensión a todos los que en su incesante búsqueda, con el propósito que sea, hay que señalarles sus extravíos y estimular a que regresen a alguna de las sendas posibles. Lo que no podemos tolerar es que nos fijen límites a nuestras indagaciones. El simbolismo en el país tiene turpiales y tiene vampiros. Hay forzado simbolismo que pretende hacernos ver hermosas mañanas, a través de una riada de expresiones exóticas exportadas de algunas latitudes. Lo ridículo al lado de lo sublime, lo obtruso se nos muestra como, genial, agudo, original, grato, y obligatorio. Las estridentes carcajadas frente a cualquier nimia observación de los que se presumen proclamados en la conducción del país, suenan más bien como sollozos histéricos, una especie de misántropos insólitos, de un mundo incorpóreo en el que ellos mismos están extraviados. Ebrios con la infusión del poder; cuando intentan sonreír solo muecas. Pareciera que uno de los tantos misteriosos virus que ellos denuncian los devora produciéndoles alegría, algunos en sus intentos de volver a la senda perdida, una ironía amarga. Se complacen en empuñar la esponja con hiel y vinagre, que en la vara del ademán sarcástico, alcanza los resecos labios del paciente que sentado en la emergencia de algún centro asistencial, espera y sufre…sufre y espera.,parado en el borde de alguna bodega, o automercado, y ya sin fuerzas espera, algunos en un ultimo jalon intentan que los escuchen y se acercan a la casa del pueblo y  tropiezan en que en los labios de ellos los ungidos, con sus carcajadas como hipos de burla, desprecios sacrílegos, elocuentes salivazos de lujuria en el ejercicio obsceno del poder, una especie de vino orgiástico. El jefe de los ungidos intenta con apodícticos discursos tal ves en (glíglico) alegrar su melancolía, “que bien podría ser Mersault, el protagonista de El extranjero, en la autosugestión de creerse dichoso” mientras el Capitán de Furrial en su balsámica alocución (Léase lineamientos del postergado congreso del PSUV y sus respuestas a la investigación del magnicidio), persiste en hacer intimidantes sus demencias, frente a la mirada cómplice de un “liderazgo” temeroso,(“Cuanto más conciencia, tanto más intensa será la desesperación. La desesperación del diablo es la más intensa de todas, ya que el diablo es puro espíritu y por ello conciencia y transparencia absolutas; en el diablo no se da ninguna oscuridad que pueda servir de disculpa atenuante y por eso su desesperación es la más absoluta de todas. Éste es grado máximo de la desesperación.” (Anti-Climacus La Enfermedad  Mortal). Y sigue recordándonos (Albert Camus) en sus páginas finales, que la violencia, las enfermedades, el sufrimiento de los inocentes, la maldad del hombre hacia el hombre… sólo conoce treguas inciertas, tras las cuales reanudan su ciclo de miedo. Lo cito a: “Escuchando los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux recordaba que esta alegría estaba siempre amenazada. Porque sabia lo que esta multitud alegre ignoraba, aunque puede leerse en los libros: que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenas de años dormido en los  muebles y en la ropa, que espera pacientemente en la habitaciones, en los sótanos, en los baúles, en los pañuelos y en los papeles, y que quizá yegaría un día en que, para desgracia y enseñanza de los hombre, la peste despertaría otra vez a sus ratas y las enviaría a morir en una ciudad dichosa”. Y en medio de este despropósito, en el país han logrado demoler y transformar todas las instituciones, con la complicidad manifiesta de todos nosotros en un templo del burdel. donde se pavonean para mostrarnos sus vicios.

Allá el comandante eterno, ríe y se ríe de sus dolores, sus lagrimas no se ven se adivinan.

¿Será un nuevo Saint Charles St Ėumerond?, diría Heinrich Heine, y se ¡seca su yanto con secretos suspiros!

pedrorafaelgarciamolina@yahoo.com

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