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Gloria Cuenca: Drones a millón

 

La tecnología,  he dicho muchas veces, no es mi fuerte. Me quedo asombrada ante los avances, descubrimientos e inventos que se realizan en esta época. Lo admiro mucho, lo celebro y me cuesta utilizarla. He escrito cómo fue que llegué a manejar Internet y las computadoras. Mis hijos, grandes maestros, han sido una guía y me han enseñado. También los nietos. Ha sido hermoso que ellos me expliquen y me adiestren, en oportunidades. Se cumple aquello de “primero maestro y luego alumno”. ¿Sorprende? Al tratarse de la descendencia, es  orgullo y  alegría.

Conocí los drones en acción -para filmar escenas- cuando mi hijo estaba haciendo una serie de grabaciones para un disco que tiene en proyecto. Alguien cercano llevó el dron y allí pude ver, por primera vez, lo que se puede hacer desde el punto de vista audiovisual. Para camarógrafos, fotógrafos, urbanistas, planificadores y arquitectos, además de ecólogos, geógrafos y biólogos, entre otros, es una herramienta extraordinaria. Sin embargo, los humanos nunca nos quedamos por la mitad. Siempre inventamos algo peligroso, complejo y difícil. ¿Qué se hace? Así somos, para bien o para mal.

No sé si lo leí en alguna parte, o fue que lo imaginé, pero cada vez que ocurren cosas importantes, ponen a los drones – prohibición de libre circulación- lejos del centro de las operaciones para resguardarse. El costo de los aparatícos esos es muy alto y en dólares. De manera que habrá que tener cuidado. Especialmente  para quienes tienen doble vida, ya sea en lo individual o en lo político, los drones pueden ser terribles. Aparentemente han ayudado en muchos momentos, (se dice que contribuyeron decisivamente en la captura de Bin Laden, ¿cierto o falso? )  ¡Ah, recordé! Fue durante la terrible represión del año pasado, que el régimen comenzó a utilizar los drones para descubrir quiénes estaban, en determinados sectores – muy constantes- en favor de las protestas. Así hicieron presos a un montón de ingenuos muchachos que creyeron en la libertad que establece la Constitución nacional y pasaron a ser prisioneros. Algunos todavía permanecen  en las cárceles.

Dice el dicho que “quien  a hierro mata, no puede morir a sombrerazos”. Bastó la cara de susto del presidente, la estampida de las tropas, salvaguardia la revolución, para comprender: hubo el intento. El resto, es  el cotorreo de la política.

@EditorialGloria

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