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Pedro García Otero: Los videos de Juan Requesens y el quiebre terminal del madurismo

 

“Ayer salieron unos videos feos, escatológicos, pero es que él se puso nervioso cuando fue capturado y tuvo que ser atendido por médicos del Sebin”. Así explicó Nicolás Maduro (quien, aparentemente y a juzgar por el notorio chaleco antibalas bajo la guayabera de kevlar, no es que se encuentre demasiado tranquilo), lo que ha constituido una monumental embarrada de su Gobierno: los dos videos que muestran a un Juan Requesens, evidentemente drogado y golpeado, en la sede de la policía política, “aceptando” su culpabilidad.

Maduro formuló estas declaraciones durante la reunión con generales y almirantes convocada para el viernes y que terminó realizándose el sábado, y agregó que “yo pedí una investigación porque ese es un video privado de cuando le están haciendo un chequeo médico y lo filman”.

Y aunque el mandatario venezolano pretende ser compasivo al hablar del diputado detenido por él mismo, la verdad es que el mensaje implícito no puede ser más desgarrador. Si quienes filtraron el video pensaban que el mensaje es “Requesens se cagó”, no puede haberles salido el tiro más por la culata, incluyendo a Maduro.

Al exterior, el Gobierno de Nicolás Maduro es, hoy, el principal problema del mundo, si se hace la excepción de Siria. Si el alto Gobierno pensó que filtrando el video el mensaje es “no hay intocables”, a lo interno, si bien mucha gente ha reaccionado con dolor y tristeza, la mayor parte del país ha reaccionado con indignación, por demás comprensible.

Estamos asistiendo, en vivo y directo, a una violación tan flagrante de los derechos humanos y del debido proceso como la que en enero quedó registrada con la muerte de Óscar Pérez.

Maduro, y quienes están alrededor, acumulan causas, crímenes de lesa humanidad, tan graves, que todos los que estaban en la reunión de Fuerte Tiuna pueden terminar presos; para quienes estaban en la tarima, el condicional no existe, y la cárcel está segura en su futuro, salvo que puedan sostener el poder.

Un poder que es crecientemente precario: si quienes filtraron los videos lo hicieron para apoyar la causa de la oposición, como también sugiere Maduro, esto significa que ni un coto tan cerrado e ideologizado como el Sebin las tienen todas consigo.

Requesens

Si el Gobierno filtró los videos de Juan Requesens pensando que mandaría un mensaje de miedo, se equivocó por completo

Más represión, más quiebre

El encuentro con generales y almirantes, según señala La Patilla, llegó a varias conclusiones: Hay que revertir la imagen de la desbandada de la GNB en la avenida Bolívar con el “valor y fortaleza de la FANB ante el ataque”; se reitera la “confianza del presidente en la FANB”, y se anuncia un programa de viviendas y de incrementos de sueldo y primas desde octubre; pero fundamentalmente, se refuerza la cacería de brujas, y Maduro personalmente indicó que “discúlpenme que lo diga así, que un militar deje de visitar o evite a esa parte de la familia a tener que ver perdida su carrera por una imprudencia, con esto yo voy a ser muy estricto y he girado instrucciones precisas para que se evite que seamos infiltrados o permisivos con quintas columnas”. Es decir, se antepone el deber con la FANB al deber con la familia.

Se aumentan “las medidas de contrainteligencia para evitar ataques o asaltos a unidades militares (…) hay que tener mucho cuidado con filtraciones en cuadros profesionales (…) y se van a realizar maniobras militares en septiembre con China, Rusia, y Cuba como asesor”.

Es decir, Maduro está intentando evitar lo que parece inminente: un quiebre militar que lo deje herido de las dos alas. Porque, a falta de elecciones con las cuales poder justificar el poder (las del 20 de mayo no parecen, a estas alturas, legitimar para nada a su Gobierno), el que se pierda el otro pilar de gobernabilidad (que la FANB está unánimemente con el régimen) significaría un golpe mortal.

Habrá que ver como todos estos elementos (y otros expresados en la nota de La Patilla) impactan en dicha “familia militar”, concepto que pretende reforzar el Ejecutivo, y que hasta ahora le ha dado buenos resultados.

Porque, en el actual contexto de desmadre del país, lo que luce probable es que haya una reacción muy dura contra una potencial cacería de brujas en los mandos medios y bajos; además de que la disciplina, como se ha señalado repetidamente, es muy difícil de sostener cuando la hiperinflación licúa el sueldo todos los meses.

Y más, cuando muchos militares venezolanos, en este momento, deben estar cuestionándose si tiene sentido seguir sosteniendo a un régimen incapaz de proveer a su pueblo de lo más elemental, y violando tan flagrantemente los derechos humanos que el desprestigio que sufre la “familia militar” puede llevarla, eventualmente, a su eliminación en un próximo sistema democrático, mientras, adicionalmente, les exigen separarse de su familia biológica, que en 80% (dicen las encuestas) debe estar preguntándoles, precisamente, cómo pueden seguir apoyando esto.

Contra la pared

El Gobierno de Nicolás Maduro ha vivido varias crisis terminales, y ha logrado surfearlas todas. Sin embargo, cada una ha implicado un costo más alto para sí mismo que la anterior. La de 2014 le valió que la comunidad internacional lo colocara bajo observación.

La crisis que se prolongó de diciembre de 2015 a julio de 2017 lo obligó a abandonar las formas democráticas. La de 2018, tan ubicua y profunda que ni siquiera las respuestas propagandísticas son eficientes, lo ha despojado de cualquier credibilidad y ha llevado el quiebre a lo más profundo del chavismo.

La vergonzosa cadena de tuits de Hermann Escarrá de este domingo (no más vergonzosa, en todo caso, que su accionar de los últimos años), tratando de nadar y guardar la ropa, de condenar el trato cruel a Requesens mientras permanece fiel al chavismo, es un preludio de las cosas por venir.

 Hermann Escarrá@HermannEscarraM: Asimismo, rechazo las violaciones a las garantías procesales de los privados de libertad, si las hubiere. Es una hora difícil para la República donde debe imperar la justicia, la verdad y el respeto a la dignidad humana.

¿Es el fracaso del “intento de magnicidio” producto de la inepcia de sus autores?¿Quienes sostienen esta tesis (que los magnícidas eran unos ineptos) tienen idea de lo difícil que es un magnicidio, más aún cuando quien es la potencial víctima gasta tanto en su propia seguridad como lo que eroga en la salud de todo un país?

Maduro y los cien, doscientos o quinientos individuos que componen el alto Gobierno están solos y aislados, y se saben detestados. La frase del mandatario de días recientes (“si nos paramos en una esquina recibimos el afecto del pueblo”) choca con la creciente agorafobia de todos ellos, confinados a Fuerte Tiuna, a los restaurantes y urbanizaciones que han colonizado, a espacios cada vez más cerrados y pequeños.

Son esos 100, 200, 500 individuos contra todo un país que sabe que se lo robaron vivo y que la única esperanza de los atrincherados es gobernar sobre un cementerio. Casi lo han logrado. No tienen un solo lugar en el mundo en el que esconderse, y la frase de Jon Lee Anderson, insospechable de derechismo, luego del 4 de agosto (palabras más, palabras menos, que muchos grupos de venezolanos pueden querer un magnicidio) debe retumbarles.

El mensaje para quienes no componen esta cúpula, en este momento, debe ser que no tiene sentido inmolarse apoyando a un Gobierno que está acabado. No tiene nada que ofrecer, ni siquiera una salida digna. Lamentablemente, está dispuesto a terminar de arrastrar al país al infierno consigo. Y por lo tanto, es el momento de decir, sin aspavientos pero con firmeza, “hasta aquí lo acompañamos”. Porque seguir adelante es terminar en la cárcel o empujando al país a un conflicto de consecuencias y sufrimientos inconcebibles hoy.

La tarea de todos los que resistimos es lograr convencer a la cúpula de los 500 de que el costo de dejar el poder es inferior al de aferrarse a él; y que aún muchos de ellos (con Maduro de primero) pueden negociar su escapatoria, aunque sea por un par de años.

ND

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