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Arsenio Henríquez Moreno: La segunda analogía como regla de la determinación universal del tiempo (Sucesión)

 

Dentro de la Crítica De La Razón Pura, Kant, se planteó el problema del cómo es posible la aprehensión temporal de los eventos en el mundo. Siendo este un problema que claramente guarda fuerte relación con la propia determinación de la existencia de los fenómenos y del cómo tenemos percepción de ellos. Pues, las analogías son presentadas por Kant como principios transcendentales o leyes a priori, que posibilitan la representación temporal de los fenómenos. A diferencia del espacio, el cual solo se las tiene que ver con las intuiciones externas, el tiempo es posibilitador tanto del sentido externo como el sentido interno. De manera tal que el tiempo, tiene la característica de ser un concepto general que posibilita todo el aparataje del conocimiento, ya que todas nuestras representaciones son temporales y los fenómenos se relacionan de manera recíproca temporalmente.

Las analogías de la experiencia como principios transcendentales intenta dar cuenta: “…de la determinación de la existencia momentánea de los fenómenos, dentro de su conexión”[1]. Pues, a diferencia de otros principios presentados por Kant, que van dirigidos hacia la aprehensión del contenido de los fenómenos, tales como los son las categorías, las analogías cumplen un fin más determinante, pues no tiene nada que ver con el contenido, sino con el encuentro temporal. Toda existencia de un objeto se puede determinar, según reglas, como necesarias, pero nunca podrán ser producidas independientemente de las determinaciones temporales a las cuales se debe someter para ser realmente producida.

Las reglas que dan lugar a la determinación de la existencias de fenómenos y del como estos se relacionan, son las analogías de experiencia.[2] Analogía significa aquí, relación y correspondencia. En el sentido de que son reglas que deben dar cuenta de todas las relaciones temporales de la representaciones en correspondencia con los objetos. Se refieren a las experiencias, pues ellas van dirigidas a dar con una preaprehensión de la conexión necesaria entre fenómenos y percepciones, que claramente siempre refieren a la experiencia dada. La percepción siempre se da de manera temporal y la representación de dicha percepción, se da de igual manera, con lo cual, se llega  al principio que Kant presentó de las analogías: “La experiencia sólo es posible mediante la representación de una necesaria conexión de las percepciones”.[3]

Ahora bien, el tiempo y el espacio mantienen una similitud en la exposición de la Estética Trascendental. Pues, Kant trata de dar cuenta de la posibilidad de conocer los objetos en el mundo, o en otras palabras, del cómo es posible el conocimiento sensible. En donde ambos concepto se presentan con la misma importancia, dado que toda intuición se refiere a un objeto espacio-temporal en el mundo. Son pues, de esta manera, conceptos puros de la intuición, los cuales poseen cualidades trascendentales que dan pie también a unas pre-re-presentaciones de la permanencia, de la simultaneidad y la sucesión. Mientras el espacio se limita solamente a los objetos externos, el tiempo se refiera a los objetos externos y a las representaciones mentales, es más amplio y por tan razón posee mucha mayor importancia, convirtiéndose en la forma general de todos los fenómenos, tal importancia la expresa Kant de la siguiente manera:

El tiempo es una representación necesaria que sirve de base a todas intuiciones. Con respecto a los fenómenos en general, no se puede eliminar el tiempo mismo. Sí se  pueden eliminar, en cambio, los fenómenos del tiempo. Este viene, pues, dado a priori. Sólo en él es posible la realidad de los fenómenos. Estos pueden desaparecer todos, pero el tiempo mismo (en tanto condición general de su posibilidad) no puede ser suprimido.[4]

De tal manera que sin el concepto de tiempo, fuera imposible la aprehensión de los fenómenos, es decir, que él es lo que permanece a toda aprehensión, y por tal razón, en el podemos apreciar los fenómenos que permanecen, los fenómenos que se suceden y los fenómenos que son simultáneos. La primera y la tercera analogía darán cuenta de la permanencia y de la simultaneidad respectivamente. La segunda analogía lo hará pues sobre la sucesión.

Kant enuncia el principio de la segunda analogía como: “Todos los cambios tienen lugar de acuerdo con la ley que enlaza causa y efecto”, con lo cual Kant quería decir en un primer momento que no es posible que el ser de una sustancia siga de su no ser un ser, es decir, el cambio no se da en términos de ser y no ser en el cual uno se sigue del otro, sino que el cambio es la relación temporal que se da entre un estado A con un estado B del mismo fenómeno, y tal relación temporal es entendida desde la ley de causa y efecto, dándole de esta manera una suerte de síntesis, entre un estado anterior y un estado presente.

Lo anterior se sigue de la propia experiencia que tenemos del mundo, al cual lo percibimos desde representaciones que se suceden continuamente, conectadas de manera causal. Tal síntesis es realizada por la facultad de la imaginación, la cual conecta las distintas representaciones de manera sucesivas, poniendo unas antes que otras. Ahora bien, si bien la imaginación hace la relación, ella por sí sola no da cuenta de una relación causal objetiva de los fenómenos, sino que dicha relación objetiva tiene que venir dada de manera necesaria por un concepto que ordene los fenómenos de tal forma que quede determinado cual estado ha de ir antes y cual estado ha de ir después. Tal concepto puro del entendimiento, es el de la relación de causa y efecto.

Kant afirmó que aunque las representaciones se dan de forma sucesivas, ellas por sí no dan cuenta de un orden objetivo de los fenómenos, porque las representaciones son producidas por el psiquismo desde las intuiciones, las cuales son particulares en el sentido de que, tengo distintas intuiciones que crean distintas representaciones de un mismo objeto, sin que exista la necesidad que una representación tenga relación con la representación anterior que se haya formado del mismo objeto. Kant lo ejemplifico con la posibles representaciones que puede tener un sujeto de una casa, la cual es representada desde distintos puntos, ventanas, puertas, piso, techo, etc, sin que haya una regla causal que deba dar cuenta entre la representación que se tiene de la puerta con la de la ventana, pues se está hablando de un mismo objeto, la casa.

Para Kant, lo anterior se refería a la sucesión subjetiva, lo cual se diferencia de la sucesión objetiva de los fenómenos, en el sentido de que la aprehensión que se obtiene de dicha sucesión demanda un orden predeterminado sin el cual no se podría hablar de un estado A que precede a un estado B de un mismo objeto. Para este punto, Kant propuso el ejemplo del barco que en un estado A es percibido rio arriba y en un estado B es percibido rio abajo, siendo esta una relación temporal que enlaza dos momentos distintos de manera necesariamente causal, pues no tiene sentido pensarlo a la inversa. A diferencia del ejemplo de la casa, donde mis representaciones no perseguían un orden preestablecido, en el ejemplo del barco las percepciones se seguían de un orden necesario. La sucesión subjetiva trata solamente de los estados mentales, los cuales ciertamente son sucesivos, pero sin ningún tipo de necesidad en su enlace, mientras que la sucesión objetiva da cuenta de cuáles son las relaciones que guardan aquellas con la sucesión real de los fenómenos, los cuales sin son enlazados desde una regla causal. Kant resume todo lo dicho hasta ahora de la siguiente manera:

En tal caso habrá, pues, que deducir la sucesión subjetiva de la aprehensión de la  sucesión objetiva de los fenómenos, ya que, de lo contrario, la primera queda completamente indeterminada y no distingue ningún fenómeno de otro. Al ser  completamente arbitraria, la sucesión subjetiva no demuestra nada, por sí sola, sobre la conexión de la diversidad en el objeto. La sucesión objetiva consistirá, pues, en aquel orden de la diversidad del fenómeno en virtud del cual la aprehensión de una cosa (lo que sucede) sigue a la aprehensión de otra cosa (lo que precede) de acuerdo con una regla.[5]

De tal manera que habrá una regla que posibilite la sucesión objetiva de los fenómenos, teniendo en consideración que tal sucesión se da siempre a su vez en una sucesión subjetiva de la aprehensión de dichos fenómenos. El fin de la segunda analogía es, entonces, el dar cuenta de cómo lograr que la síntesis subjetiva de la aprehensión de un objeto, se adecue a una regla que determine la sucesión objetiva del objeto. Pues de esta manera es que se puede concebir la experiencia de sucesión de los fenómenos.

La Segunda Analogía desde la interpretación de Henry Allison.

La Segunda Analogía ha despertado un debate entre autores que se autodefinen como kantianos y autores que contrarían el pensamiento de Kant, especialmente en dos interpretaciones que al parecer se desprenden del principio enunciado por Kant sobre la Segunda Analogía, dicho principio es el que dice: “Todo lo que sucede, lo que empieza ser, presupone algo a lo cual sigue de acuerdo con una regla[6]. De lo que se siguen dos posibles interpretaciones, una que considera que Kant trató de decir con este principio que a “todo evento una causa”, de manera tal que todo lo que sucede, sucede desde la relación que guarda necesariamente con alguna causa. Y la otra, que considera “misma causa mismo efecto” como el sentido que Kant le quiso dar al principio.

Henry Allison va partir desde la interpretación de “todo evento una causa”, la cual relaciona la experiencia ordinaria con la posibilidad de una experiencia científica del orden objetivos de los fenómenos. A continuación veremos a que toma Allison cómo el marco trascendental de la Segunda Analogía y su interpretación del principio kantiano.

Marco trascendental de la Segunda Analogía desde Allison:

Allison entiende que el asunto principal de las analogías es dar con el orden temporal objetivo de los fenómenos, y por tal razón, afirma, como se hizo más arriba, de que Kant en la segunda analogía se centra en dar cuenta del cómo podemos hacer juicios que refieran a un orden temporal del mundo. Coloca la sucesión subjetiva como la sucesión de las representaciones, de lo cual no se puede inferir nada sobre un verdadero orden objetivo, pues así lo demuestra el ejemplo de la casa. Pero de lo anterior, aparece el problema de que es desde la sucesión subjetiva que se hacen juicios de la sucesión objetiva, pues debería de existir una suerte de correspondencia entre la sucesión subjetiva de las representaciones y la sucesión objetiva de los fenómenos. De tal asunto, buscará dar cuenta la segunda analogía. Allison define el problema de la siguiente manera: “…el problema consiste en explicar cómo es posible la conciencia del tiempo y, con ella, la sucesión objetiva”.[7]

Ahora bien, dentro de análisis que realiza Allison aparece un problema que es notable al leer la exposición de la Segunda Analogía, tal problema se refiere al de la inadecuación del realismo trascendental a la propia cuestión de la analogía. Puesto que para el realismo trascendental los fenómenos son cosas en sí, las representaciones son lo único a lo cual se tiene acceso, dejando esto como resultado una imposibilidad de respuesta al cual es el orden temporal de los objetos en el mundo, pues ello no es imposible de conocer. El realismo trascendental, tiene pues, el problema de explicar el orden objetivo de las cosas que se suceden en el mundo, ya que de ellos no  tiene experiencia alguna. Su orden temporal se limita a la sucesión de las representaciones, la cuales, como vimos, no responden a un orden causal con algún sentido.

Frente al problema de la imposibilidad de dar respuesta sobre un orden temporal del realismo trascendental, está el problema que se le presenta al idealismo trascendental al tener que buscar distinguir la sucesión subjetiva de las representaciones con la sucesión objetiva de los fenómenos.[8] Y la cuestión se plantea de la siguiente manera, cómo es posible hacerse juicios referentes a un orden temporal del mundo, ya que es evidente que nos hacemos juicios de ese tipo, pero como vimos sobre dicho orden no se tiene conocimiento alguno desde una posición realista trascendental, mientras que en la posición del idealismo trascendental aparece como un problema al cual se le tiene que dar alguna respuesta.

Kant soluciona el problema, afirmando que la sucesión subjetiva de las representaciones de un objeto, se adecuan de manera causal a un orden sucesivo de los fenómenos mediante una regla. Tal regla es la que enlaza causa y efecto, tal regla es la Segunda Analogía. Puesto que “representamos el fenómeno como objeto, representamos como objetivo un orden temporal de fenómenos mediante la sujeción de nuestra representaciones a una regla”.[9] Así de esta manera se puede dar cuenta desde el sujeto sobre un orden temporal obejetivo.

Interpretación de Allison frentes algunas objeciones a la Segunda Analogía:

Allison resalta primeramente el propio concepto de causalidad con el cual se maneja Kant, en tanto que este concepto es fundamental para entender toda la tesis kantiana de la sucesión temporal. Pues a partir de la causalidad, entendida como el enlace de un estado A con un estado B, donde A es causa del efecto B, es que Kant sostiene que toda sucesión va guiada a partir de dicha regla. Otra noción que Allison considera que es de suma importancia dentro del planteamiento kantiano de la Segunda Analogía, es la noción de determinabilidad completa, la cual Allison interpreta como una idea regulativa de la razón y no tanto como un principio trascendental. La noción de determinabilidad completa se puede resumir de la siguiente manera: un evento A que precede a un evento B queda determinado de esa manera y es imposible que suceda de manera inversa, pues la regla causal así lo determina.

En su explicación trascendental de la Segunda Analogía, Allison define lo que se debe entender tanto por el concepto de evento como por el concepto de causa. Primeramente define evento como “…el cambio de estado de un objeto”[10]. A lo cual comenta que el concepto de evento sirve para entender aquello de que para tener experiencia de la sucesión temporal de un objeto, es necesario contraponer dos estados del mismo objeto, a lo cual se le designa como evento. A lo que el concepto de causa concierne, Allison toma más interés y se extiende más, pues es un concepto que a diferencia al de evento, se le puede entender de distintas maneras.

Podemos entender causa como condición de inicio, pero a su vez se nos presenta tres maneras de esta condición de inicio, Allison las resume de la siguiente manera:

(1) El estado inicial A (el antecedente perceptual) por sí mismo puede ser considerado como la causa del cambio al estado B; (2) la sucesión de estados A-B debe ser “legal”, en el sentido de que, dada alguna condición de inicio (la condición de la regla, en la terminología kantiana), la transición de A a B es subsumible necesariamente bajo una “ley que la contiene” (probablemente debe someterse este requisito aún cuando, de hecho, no seamos capaces de descubrir tal ley); (3) la sucesión puede (pero no necesita) ser “contingente” en el sentido de que no necesariamente es caracterizable según alguna de las dos maneras anteriores, pero el evento está sujeto aún al principio de causalidad como condición trascendental.[11]

A la primera manera de interpretación, Schopenhauer le realizó una objeción, que va sobre una reducción al absurdo a la idea de que todo evento tiene o guarda una relación causal con su evento anterior. Por lo tanto, la relación causa-efecto es la única forma de tener experiencia de la sucesión objetiva de los objetos. A lo cual Kant diría que si bien esta es una forma posible de apreciar la sucesión, no es la única, pues realmente son muy pocos los eventos que percibimos de esta manera. Lo que Kant trata de decir es que bajo el esquema de causalidad es que podemos hablar de aquello que cambia en un objeto y aquello que permanece en un objeto. Tal cambio se da solamente desde un esquema causal que conecta un estado A con un estado B, sin decir que A por si solo ha sido la causa de su estado subsecuente, B.

La segunda interpretación, o como la llama Allison, la interpretación “fuerte” de la Segunda Analogía, es donde se considera que Kant planteó la sucesión objetiva de tal forma que esta sucede siempre de manera “legal”. Es decir, que todo cambio debe guarda condición de legalidad entre un estado A y un estado B, donde B es un efecto de A según una ley, la cual aplica para todo los estados que tengan como causa a un estado te tipo A. Esta interpretación responde a la interpretación “misma causa mismo efecto” que se nombró más arriba. Ahora bien, a tal interpretación, Buchdahl, hace una ejemplar objeción que la derrumba. Para Buchdahl la cuestión de si la sucesión objetiva refiere siempre a una ley causal, carece de sentido, puesto que si bien en el ejemplo del barco podemos afirmar que la experiencia temporal que se tiene en dicho caso, refiere a una ley causal entre dos estados distintos del mismo objeto, no todas las experiencias de sucesión se dan de esta manera. Y para explicarlo, introduce el ejemplo del hombre que un tiempo1 es visto en estado de ebriedad, e inmediatamente, es visto en un tiempo2 que pierde el conocimiento, aparentemente los dos tiempos tienen relación legal, en tanto que los efectos del alcohol llevo al hombre de estar en un estado de ebriedad, a un estado donde perdió el conocimiento. Hay pues, una legalidad aparente, pero resulta ser que ambos estados no se conectan de manera legal si advertimos que el hombre perdió el conocimiento, no a causa de del estado precedente de ebriedad, sino que el hombre había consumido algún tipo de droga en tiempo anterior al estado de ebriedad causado por el alcohol.[12]

De la objeción de Buchdahl se sigue que, aunque, existan casos donde la sucesión objetiva responde a una ley causal que conecta dos estados distintos de un objeto, no siempre se da de tal manera la experiencia temporal del cambio. Por lo tanto, la sucesión se da de manera contingente, tal es la tercera interpretación en donde se afirma que toda sucesión temporal es comprendida desde el esquema causal que conecta causa y efecto, sin tener por ello que haber una ley explicita que dé cuenta de ello. Esta última interpretación es defendida tanto por Buchdahl como por Allison, frente a otras interpretaciones que llegan incluso, a la acusación de un non sequitur sobre la Segunda Analogía por parte de Strawson y Lovejoy.

[1] Cfr. Heidegger, M. La Pregunta Por La Cosa. Ediciones Orbis, S.A. Buenos Aires p. 173

[2] Cfr. Ibid, p. 174

[3] Cfr. Kant, I. Crítica De La Razón Pura, Grupo Santillana de Ediciones S.A. Buenos Aires, p. 211

[4] Cfr. Ibid, p. 74

[5] Cfr. Ibid, p. 224

[6] Cfr. Ibid, p. 220

[7] Cfr. Allison, H. El Idealismo Trascendental de Kant: Una Interpretación Y Defensa, Editorial Anthropos, p. 339

[8] Cf. Ibid, p. 341

[9] Cfr. Ibid, p. 343

[10] Cfr. Ibid, p. 354

[11] Cfr. Ibid, p. 355

[12]Cfr. Ibid, p. 357

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