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Abraham Gómez R.: Vuelta a la patria, o la patria envuelta

 

Quienes hemos tenido alguna modesta oportunidad de leer las obras de algunos de   nuestros afamados escritores venezolanos; encontramos que cada palabra escogida para las oraciones, los enunciados, los párrafos tienen sus propias y muy específicas significaciones.

Cada vocablo está plasmado allí para que referencie un pedazo de historia del autor; de las vivencias del contexto o del evento acaecido, del cual desea dar cuenta en su trabajo escritural. En casi todos encontramos un testimonio de tácita solidaridad con la libertad de los seres humanos.

Característica esencial de los escritores venezolanos no es otra que la directa intención para decir las cosas. Llamarlas por su nombre. No hay reflejos postizos en los étimos, jamás se solapan para expresar sus sentimientos individual o colectivamente.

La sinceridad en sus letras les ha valido destierros, desolación, terribles torturas, castigos sin misericordia; con lo cual lejos de amilanarlos constituyeron acicates para conferirles más reciedumbre y templanza a las actitudes y palabras empeñada por el bienestar de la sociedad venezolana, en todos los tiempos y deleznables circunstancias.

Nos apena la sibilina pretensión desde el oficialismo de querer torcer la esencia que dio origen a páginas de nuestra literatura; que nacieron a partir de vivencias y sufrimientos.

Resulta inaceptable que alguien, por muy osado, tenga la desquiciada idea de alterar un ápice de “Memorias de un Venezolana de la decadencia” (1927), inmortal relato de José Rafael Pocaterra; cuya exigencia, para una tenaz e indetenible lucha libertaria, sigue vigente entre los pueblos, que desafían a los regímenes tiránicos, aún nos dice : ”Quiera Dios que cuando el hombre que escribió estas páginas no sea ya sino un puñado de ceniza en la huesa de una tierra extranjera, ellas os sirvan de escarmiento y de enseñanza y puedan vivir en vuestro recuerdo, no como venganza de estos malhechores ni de sus cómplices…” Hermosa reflexión legada a la posteridad.

Qué decir de la vívida narratología en Casas Muertas (1955), de Miguel Otero Silva. Síntesis de denuncias del mal morir. Conjugación de incontroladas enfermedades que diezman a una población inerme, un detestable autoritarismo y la manifiesta violencia extendida y expresada de muchas maneras. El párrafo siguiente es suficientemente conmovedor “…No es posible soportar más. A este país se lo han cogido cuatro bárbaros, veinte bárbaros, a punta de lanza y látigo. Se necesita no ser hombre, estar castrado como los bueyes, para quedarse callado, resignado y conforme, como si uno estuviera de acuerdo, como si uno fuera cómplice…”  Retumba entre nosotros como voz premonitoria, de sospechada anticipación.

Jamás imaginó Juan Antonio Pérez Bonalde que su poema cumbre Vuelta a la Patria (1877) , denso de subjetivación; considerado en la literatura como una elegía, escrito con profundo dolor y tristeza mientras padecía el destierro impuesto por una feroz dictadura, iba a ser manipulado a través de una   aberración de los exégetas del régimen; a extremos de llegar a denominar “vuelta a la patria” una tratativa armada para traer de regreso al país a unos rufianes, malvivientes, que enviaron al exterior.

Con tal abominación se siguen retratando a cuerpo entero. Poco les importa llevarse por delante lo que sea. En la presente hora aciaga hasta la Patria parece envuelta en   sus ignominias.

“Vuelta a la Patria” que al decir de nuestro gran extinto escritor Arturo Uslar Pietri “es un limpio canto que casi más que a la poesía, pertenece al patrimonio moral de los venezolanos”

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