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Domingo Alberto Rangel: ¿Puede una invasión extranjera asumir los costos?

 

Un amigo con larga carrera política a sus espaldas hace poco expresó a través de las redes su repudio para quienes siendo venezolanos sueñan con que una invasión extranjera nos resuelva los problemas. Para su sorpresa el tema no generó comentario alguno a pesar de que en los medios el tema de la intervención militar desde el extranjero en estos días es comentario obligado para columnistas de lo obvio y anclas de banalidades.

Reseño el hecho porque ese amigo apoyó a Henry Falcón para la última elección presidencial y solo por eso desde las redes recibió múltiples agresiones, virtuales, desde luego.

El tema de las elecciones y el de la invasión extranjera están unidos porque muchos compatriotas suponen que ambas posibilidades serían el primer paso para resolver nuestros problemas.

A mi juicio quienes sueñan con que una elección, cualquiera de ellas, todas son importantes, o una intervención extranjera, por humanitaria que se pretenda, resuelven nuestros problemas, se equivocan al confundir causas y efectos.

Acudiendo al manido símil de Lenin se puede decir que colocan la carreta delante del burro.

La invasión extranjera, que eso es por más que la quieran disfrazar de “ayuda humanitaria”, tiene grandes problemas a sortear antes de ser considerada como posibilidad.

Comenzando porque quienes sueñan con que otros nos resuelvan nuestros problemas y que lo hagan gratuitamente, no se dan cuenta del cambio que ha ocurrido en la política internacional estadounidense con la presidencia Trump.

La filosofía política estadounidense en materia internacional siempre iba entre principista y pragmática o realista. Más principistas al comienzo porque los estadounidenses nacieron con vocación aislacionista.

Y así fue hasta que formulan la doctrina Monroe que,  junto con la guerra mexicana, significaron el abandono del aislacionismo que parecía lógico en un país que siendo tan extenso como Europa ya tenía mucho trabajo organizando sus territorios.

Habrán venezolanos que entusiasmados con la invasión me recuerden los casos de Panamá y Grenada como situaciones donde una intervención extranjera trajo progreso.

Soñar no cuesta nada pero no es lo mismo: Ni siquiera son casos similares.

Panamá con Noriega no estaba destruida y más bien el país se preparaba para recibir las inversiones y el consabido crecimiento económico que en un futuro próximo significaría la entrada del gigante chino como fuerte productor de bienes exportables. Eso sin mencionar el ingreso en sociedad del narco tráfico ya aceptado como parte integrante del sistema político y bancario mundial. Sin la prohibición de las drogas y el consiguiente auge del lavado de capitales aunado al crecimiento chino… Panamá no sería lo que es hoy día.

Grenada tampoco estaba, aún aislada por las veleidades del gobierno Bischop con el comunismo soviético, tan devastada como si lo está nuestra querida Venezuela.

Para un invasor como los Estados Unidos no fue difícil mejorar la economía de Panamá o Grenada… como sería tarea imposible en la Venezuela actual. Ojo al parche porque la pregunta no es el por qué sino el para qué. ¿Puede la invasión extranjera asumir los costos de reconstruir en un corto plazo lo que los venezolanos destruimos durante décadas?

Me sorprende cómo supuestos jefes políticos permiten que sean militares retirados quienes se atreven a dar como un hecho la pronta invasión militar a nuestro territorio. ¿Olvidaron la cita de Clemenceau?

¡Después acusan de militaristas a los chavistas!

Por supuesto que derrotar a una fuerza militar como la nuestra o al mito de los colectivos no será difícil para una coalición donde los estadounidenses lleven la batuta. Pero eso es el comienzo.

Antes cabe pasar el cepillo porque estando impedidas las Fuerzas Armadas de USA para librar como en el pasado dos y tres guerras a la vez, los aliados tendrán que bajarse de la mula no solo para invadir y agarrar lo que puedan… sino para la reconstrucción que es la garantía de estabilidad en la Nación invadida.

Esos cálculos astronómicos ya los hizo un presidente que para todo saca costos y beneficios como Donald Trump. Y ante el silencio de las tesorerías de países vecinos la fulana invasión pasó a segundo plano o al menos así será hasta que la estampida de venezolanos amenace con desestabilizar el Caribe que es “mare nostrum” para el Departamento de Guerra.

Trump que gusta recrear la historia sabe muy bien que los Estados Unidos nunca pudieron estabilizar Cuba a pesar de la Enmienda Platt. Tampoco ganaron muchos los yanquis en las Filipinas salvo acostumbrar a los asiáticos que USA tiene intereses en el Pacífico. Ni hablar de Puerto Rico donde hasta independentistas declarados coincidieron parcialmente con Trump en señalar los políticos locales como “los más ineptos”.

Pero eso son costos porque beneficios también tienen que sopesar los estadounidenses antes de dar luz verde a una invasión y allí caemos en el campo de los intereses de la alianza.

Estados Unidos tiene seguro el petróleo al menos mientras dure Maduro en Miraflores. Pero, qué tal si mencionamos los cambios de fronteras que siempre han aliñado las guerras.

Para el Brasil lo más interesante sería crear un país tapón formado por los estados Bolívar, Amazonas y el Delta. Los colombianos añoran recobrar el Zulia y añadirse los estados andinos que son más cercanos en distancia y cultura.

A los centrales nos quedaría una especie de Somalia donde solo las Fuerzas Armadas de USA podrían imponer a grandes costos algo de paz.

¿Es eso una solución posible?

¿Acaso en las Cancillerías de Colombia y Brasil no saben que un escenario semejante para ellos sería más desestabilizante que la estampida actual de venezolanos?

Al comienzo de este artículo esbocé que la solución a nuestros problemas no puede venir “de fuera” y debí añadir que “no hay almuerzo gratis”… pero en ánimo de dar esperanzas cabe recordar que la caída de antifaces en la MUD y sus clones, incluso los futuros, es una buena oportunidad para organizar un gran movimiento pro mercado, que se prepare para gobernar sin gastar más de lo que ingresa a la Tesorería, fundar un Poder Judicial serio, independiente de los partidos y un Poder Electoral diametralmente distinto, sobre todo en lo moral, al que regenta la señora Lucena etc.

Esto es más factible que una invasión soñada por militares retirados irresponsables, muchos de ellos viviendo en el exilio.

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