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Gioconda San-Blas: Museo en llamas

 

Uno se sienta frente a la computadora a escribir el artículo quincenal. ¿Sobre cuál de tantos temas que nos agobian y de los cuales escribimos una y otra vez? Y entonces ocurre el dramático incendio del Museo Nacional de Brasil que convirtió en cenizas la casi totalidad de un acervo único en América Latina, de más de 20 millones de piezas. Conmovida, decido escribir sobre nuestros museos y el vulnerable patrimonio que alojan.

En carta a la Academia Brasileira de Ciencias, nuestra Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales advirtió sobre la significación de estas entidades: “Sirva este lamentable evento para llamar la atención de las autoridades y gobiernos de todo el continente sobre la importancia de mantener presupuestos adecuados para el funcionamiento y conservación de las instituciones donde se realizan investigaciones científicas, se coleccionan muestras para reconstruir el pasado y pensar sobre el futuro, jugando a la vez un papel muy importante en la educación y divulgación del conocimiento y la sana recreación de la población.”

El Museo de Ciencias de Caracas habita desde 1940 un edificio que junto con el Museo de Bellas Artes, es obra arquitectónica de Carlos Raúl Villanueva. Decano de los museos venezolanos,  fue fundado en 1875 por decreto presidencial de Antonio Guzmán Blanco en un recinto de la entonces sede de la Universidad Central de Venezuela, hoy Palacio de las Academias. Un espacio hermético, proclive a la humedad y los hongos donde se dañarían las colecciones que allí se hospedaran, razón por la cual Adolfo Ernst, su primer director, solicitó en repetidas ocasiones un modestísimo fondo oficial para abrir una ventana por la que entrara aire y luz, petición atendida tres años más tarde por Guzmán al darle los recursos solicitados con dinero de su peculio… ¿o fondos estatales a guisa de propios, dado el historial del caudillo en materia de laxitud entre los haberes privados y el erario público?

Así se inicia una tradición de precariedad en los recursos destinados a nuestros museos nacionales que visto lo ocurrido en Brasil, también se extiende a otras latitudes y a estos tiempos. Desde 1950 el Museo de Ciencias de Caracas estuvo razonablemente atendido con exposiciones diversas, diorama, recuentos de expediciones científicas, colecciones varias, hasta los años finales de la década de 1980, cuando el museo cae en el abandono por reducciones presupuestarias impuestas por políticas culturales poco dadas al desarrollo y divulgación del saber científico. En 1991 el museo se transforma en Fundación de Estado, lo cual permite salir del abandono e indiferencia oficial y cultural. Restauración, inventario y registro de sus colecciones, nuevas exposiciones, convenios con museos y organismos internacionales para modernizar sus lenguajes museísticos y capacitar al personal, son algunos de los logros en esos años. Hasta 2004…

Entonces el ministro de cultura de la época, con criterios sectarios, intervino ese museo y otros.  Despidió o provocó la renuncia de la mayoría del personal altamente capacitado, sustituyéndolos por neófitos sin preparación para cumplir la misión del museo. Con arcaica visión centralizadora le arrebató a ese y los otros museos nacionales su condición de Fundación de Estado, les dejó sin autonomía y rango, redujo su presupuesto anual, acabó con el autofinanciamiento y les sometió a períodos de inestabilidad e incertidumbre.

El Museo de Ciencias que ha acopiado y brindado cobijo por 143 años a sus casi 200 mil piezas y objetos patrimoniales, está en peligro. El estado actual de las colecciones preocupa; la investigación está ausente; las exposiciones, escasas; los dioramas, en estado de abandono.

No tendremos el Museo de Ciencias de excelencia que el país merece si quienes rigen la política cultural oficial no hacen urgentes cambios estructurales y estratégicos profundos con respeto al mérito y la profesionalización. Es preciso convocar a la comunidad científica y a los mediadores que hacen de la ciencia un discurso accesible a todos. Urge abrir la ventana de nuevo, para que entren la luz y el aire puro y no tengamos que repetir, como aquel dolido profesor brasilero frente al Museo Nacional de su país: “todo se ha convertido en cenizas”.

*Escrito en colaboración con Sergio Antillano A.

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Las tablas salariales impuestas sin discusión por el ejecutivo nacional a empleados públicos, universitarios, personal científico de instituciones del Estado, en ocasión de la reconversión monetaria, son regresivas e inconstitucionales, al desconocer las convenciones colectivas, los acuerdos federativos, actas convenios y escalas jerárquicas.

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