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José Ignacio Moreno León: Un cuento chino

 

El pasado 9 de septiembre se cumplieron 42 años de la muerte del caudillo chino Mao Tse-tung, históricamente reconocido como el fundador de la República Popular China e ideólogo promotor del partido comunista de ese país, fundamentado en las tesis del marxismo y del leninismo, pero que ha llegado identificarse como maoísmo, debido a la orientación especial que Mao le imprimió a su movimiento político, al considerar que los sufridos campesinos chinos representaban la fuerza que debía promover el cambio político y social en su país.

Mao Tse-tung, conjuntamente con Stalin, Hitler, Pol Pot, Kim II Sung, y Hassan al Bashir, formó parte de esa pléyade de tiranos que han sido casos emblemáticos de las miserias del totalitarismo militarista y del mesianismo caudillista como formas de gobierno y sistemas políticos que sembraron el terror, la destrucción y la muerte en sus pueblos. Con el lema de su emblemático libro rojo: “no hay construcción sin destrucción” Mao representa históricamente el caso más ilustrativo del caudillo mesiánico.

Durante su presidencia al frente de la República Popular China (1949-1959) Mao impulsó intensas campañas ideológicas provocando graves conmociones sociales y políticas, y su gestión como Jefe del Estado y luego como líder absoluto del partido comunista, desde 1959 hasta su muerte en 1976, estuvo acompañada de un fuerte culto a su personalidad y salpicada de graves errores de un brutal autoritarismo. Sus programas del Gran Salto Adelante (1957-60) y la purga ideológica que impulsó con su Revolución Cultural (1966-76) fueron causantes de la muerte de cerca de 45 millones de personas.

Mao mantuvo hasta su muerte un pensamiento totalitario, aferrado a la falsa creencia de que transformando la propiedad individual en colectiva y la capitalista en socialista se produciría un inmenso desarrollo del país. Tesis que fue abiertamente desvirtuada por su sucesor Deng Xiaopin, quien le dio un nuevo rumbo al desarrollo de ese gigante asiático, fundamentado en una economía abierta y de mercado.

Lo que resulta insólito es que en pleno siglo 21 aún persistan caudillos autoritarios y movimientos neopopulistas aferrados al cuento chino de las fracasadas ideas de Mao, con las graves consecuencias para los pueblos en donde se intentan estas retrogradas políticas.

@Celaup

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