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Néstor Francia: Carta abierta al idiota Donald Trump

 

Trump no es más que una sombra en marcha; un mal actor que se pavonea y se agita una hora en el escenario y después no vuelve a saberse de él: es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada” (Parafraseo de Macbeth, Acto V, Escena V, William Shakespeare)

My moron Donald:

Antes que nada recibe mi saludo irrespetuoso y chocante. Quede así claro que a ti, a decir verdad, no te quiero bien. No estoy hablando de imperialismo, de altísima burguesía monopolista, de racismo, de sexismo, ni de tantas otras horrorosas cualidades que te adornan. Hablo más bien de tu sonrisita cínica, de tu insufrible voz de ardilla atrofiada, de tu prepotencia de catirito gringo ricachón, de tu malcriadez, de tu ordinariez, de tu ignorancia, de tu extrema mezquindad, de tu indolencia. No me gustas para nada, nadita de nada. Eres humanamente incorrecto, el peor error de Dios.

Como ves, Donald, soy muy subjetivo, parcial y prejuiciado cuando hablo de ti. Me conforta el hecho de que te llamas igual que el famoso pato de Walt Disney, quien es muy decente de la cintura para arriba, pero anda sin pantalones, por lo cual se le verían todas sus partes, si las tuviera. Él es asexuado, tú, de acuerdo a las malas lenguas, un depravado con el pito chiquito y mal polvo, según ha confesado la actriz porno  Stormy Daniels, con quien tuviste un asuntito en 2016 y que ahora te ha llevado a climas judiciales tormentosos (“stormy”, precisamente).

Ciertamente, a ti también se te ven tus partes, no las genitales, sino tus podridas partes oscuras de asesino en masa, no puedes esconderlas. Hasta ahora, las circunstancias han impedido que tu locura belicista genocida se desate, aunque enseñaste un botoncillo en Siria.

Cuando los internautas del futuro accedan a Wikipedia y busquen tu nombre, tu referencia como político ocupará apenas algunas pocas líneas, pero destacarás probablemente como inventor de una máquina del tiempo fallida: quieres que todos regresemos a los años 80 del siglo XX, cuando Estados Unidos quiso enseñorearse definitivamente del mundo, devenido supuestamente el “fin de la historia” tras la implosión de la Unión Soviética. Sueñas con la recuperación de la trasquilada hegemonía de tu Imperio decadente, repartes sanciones, proclamas amenazas, fanfarroneas con el poder económico y militar de tu crítico país.

Ubícate, Donald, ese mundo fantástico y pretérito que anhelas con nostalgia se acabó y no volverá. Tú mismo te desnudaste, como el emperador del famoso cuento aquel, cuando aprobaste tu principal consigna de campaña electoral: “Make America Great Again” (“Que América sea grande otra vez”), con lo cual reconociste, de una buena vez, que tu “América” ya no es lo que solía ser. Si dices “quiero ser flaco otra vez”, es porque estás gordo. No, Donald, ya no eres el guapetón omnipotente del barrio humano, no volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar. El mundo es y será multipolar, como lo prefiguró tu némesis Hugo Chávez.

En fin, te presentaste en las Naciones Unidas (ese nombre es un mal chiste) a vociferar una vez más, y ante el mundo volviste a amenazar a mi Patria. Si te atreves, te derrotaremos como lo hizo David con Goliat, con una honda. Con una honda conciencia, con una honda dignidad, con una honda valentía.

Tuyo, jamás

Néstor Francia.

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