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Alirio Pérez Lo Presti: Sueño, risa y olvido

 

-¿Para qué soñamos? -¿Cuál es la utilidad de la risa? -¿Por qué olvidamos? Asuntos que van de la mano de la vida, con el espíritu de la civilización, con el alma de los pueblos y nuestra perseverante intención de tratar de acoplarnos con aquello que consideramos real, pues cada uno de estos espectros tiene una profunda y pragmática utilidad.

Cuando soñamos hacemos un ejercicio potencialmente libertario. Si la posibilidad humana de soñar desapareciera y ya no tuviésemos planes en función de futuro, probablemente el sentido de nuestra existencia estaría menguado y nos cundiríamos de desesperanza. Quien no hace planes hacia adelante propende a que lo invada el desaliento. Es propio de estar vivo el visualizar nuestra existencia en función de lo que vendrá, lo que nos espera, lo que potencialmente podría beneficiarnos o acecharnos. De otro modo será en las ensoñaciones donde aparezcan nuestros más profundos y triviales deseos, así como nuestros peores temores. Soñar despierto es tan necesario como inevitable es soñar mientras se está dormido. Si no fuese por nuestros sueños, no tendría sentido el trabajo, ni las amistades, ni las relaciones afectivas, mucho menos la experiencia amatoria y por supuesto, el amor de pareja dejaría de ser trascendente. Dormido o despierto, la vida está unida a la ensoñación, al punto de que el escritor del siglo de oro español nos espeta que la vida es sueño.

La vida es el sueño de quien trabaja cada día para poder obtener aquellas cosas que desea. La vida también es sueño para aquel familiar que se despide en un aeropuerto con planes de irse “para siempre” y nos deja de recuerdo punzante una mirada de nostalgia “por última vez” antes de partir. Las fantasías son formas de soñar despierto y permiten la posibilidad de plantearnos el materializar algún día aquello que anhelamos. Soñar y fantasear son expresiones esperanzadoras de asumir la realidad.

Por otro lado, y a la vez, nos acompaña la risa. La risa no sólo alimenta el alma y la exorciza, sino que genera bienestar físico acorde a cada risotada. Sin risa no podríamos sobrevivir al mundo que con frecuencia se nos muestra hosco. El reír es la mejor manifestación de esa parte lúdica inseparable de lo divertido que debe acompañar a toda persona sana. Por eso, es que necesitamos reírnos incluso hasta de nuestras desgracias. La risa es hermana de la música, la danza, el juego y el riesgo. ¿Cómo vivir sin acordes, sin bailar, sin jugar y sin arriesgarnos? Sería una vida lánguida aquella que no es capaz de asomar una sonrisa.

La risa es un remedio que nos libra de tantos males que sería insólito vivir sin poder reír. Sería una tragedia el no poder explayarse en cada carcajada. El reír es alimento para los espíritus fatigados. Si no fuese por el humor nos infartaríamos al no conseguir jabón para asearnos o papel “tualé”. Sólo la trivialidad que causa la risa es capaz de mitigar el drama, de hacer amable la existencia, de permitir digerir cualquier desgracia. La carcajada es una defensa, un escudo contra la embolia, un talismán que nos protege de la muerte. Abocarse a reír no es sino salvaguardarnos, protegernos de manera salubre y divertida. En la risa, aparentemente banal, se disipa lo más agrio que nos circunda.

El olvido no sólo es inevitable, sino que su existencia es imprescindible, de lo contrario sería muy difícil vivir de manera más o menos equilibrada. El olvido es consustancial con nuestra naturaleza al punto de que es tan importante el poder recordar como el poder olvidar. Si no fuese por la capacidad de olvidar, no existiría eso que llamamos perdón, que en realidad es una manera de que el olvido se empodere de la falta y no nos embargue el dolor. Olvidar es inherente a la vida y suele ser ineludible avanzar conforme vamos olvidando. Si alguien se queja de que la gente olvida, debe tratar de entender que se trata de una función propia del ser. El olvido va de la mano con la vida al punto de que el que no olvida no camina. Gracias al olvido nos permitimos volver a errar al actuar y seguir cometiendo errores (seguir viviendo). Porque olvidamos amamos, de lo contrario no sería posible quererse ni querer a los demás.

Muchas razones hacen que sueño, risa y olvido se junten con frecuencia al punto de que nos causa malestar el soñar con algunos asuntos que pensábamos que ya estaban olvidados, nos reímos de las cosas que se encontraban encubiertas en la memoria cuando alguien nos induce a recordarlas y en los sueños aparece la carcajada nuestra o del otro en relación de algo que es importante o insignificante, sólo para mostrar combinaciones creíbles.

La risa mitiga la falta y permite el olvido, el olvido hace que nos volvamos a activar y que no temamos a la posibilidad de errar y el sueño se encarga de que se olvide lo aprendido. Tamaño trío el del sueño, la risa y el olvido.  La vida no podría fluir sin la presencia de estos tridentes anclados en lo más profundo de cada persona.

@perezlopresti

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