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Gustavo Tovar Arroyo: Alí Primera y su alma profunda en llamas…

 

Preludió de Do incitador

Detesto el comunismo, sé que ha causado uno de los daños más pavorosos que haya conocido la humanidad: millones de muertos, presos, torturados, miseria, perversión y esclavitud.

Lo he desafiado fieramente en todos los planos posibles, morales, intelectuales, culturales, sociales y políticos; en todos. Lo he agarrado por el cuello y le escupido en la jeta su hipócrita miseria. Es difícil que alguien me dé lecciones sobre sus daños o perjuicios. No los necesito, los conozco, los he padecido. Mi espíritu está repleto de heridas abiertas por retarlo; guardo tristísimas cruces e incurables abatimientos en el camposanto de mi memoria por haberlo hecho.

Dicho lo anterior, comienzo mi canto.

 

Verso en memoria de un éxtasis barquisimetano

Conocí a Alí Primera en Barquisimeto. No recuerdo bien cuantas veces estuve con él. Mi padre, el doctor Gustavo Tovar Báez, era su médico, su psiquiatra o simplemente su amigo, no lo sé ni tengo ya cómo saberlo.

Como mi padre, Primera era hombre de izquierda (yo no sabía qué era izquierda ni derecha, era un niño). Los recuerdo a ambos sentándose a conversar en una esquina de la pequeña y muy modesta casa que imagino era la de Alí, pero tampoco lo sé con certeza. Si mal no recuerdo, mi papá lo apoyaba económicamente. “Junto a Simón Díaz, es el cantautor más importante de nuestra historia”, siempre aseveró mi padre, “hay que apoyarlo, es un incomprendido, está solo, muy solo”. Una vez los escuché cantar juntos, guardo esa evocación como un tesoro de éxtasis que aún hoy rocía mi mirada de lágrimas.

(Paró un momento…, suspiro profundamente –“Venezuela, mi Venezuela”– y sigo escribiendo).

 

Pre-estribillo ante la neurastenia

Se ha suscitado un debate a un tiempo estéril y extravagante en torno a la figura de Alí porque en un acto realizado por el Frente Amplio (o como se llame esa nueva vaina que inventó la oposición) en el Aula Magna, espacio venerado por el cantautor falconiano, se le usó para figurar amplitud política. No lo lograron.

La histeria colectiva causada por la presencia de Primera en ese acto es comprensible pero injusta, decidí escribir sobre ello en medio del pandemonio y la neurastenia. Sé que traerán secuelas mis palabras. Me importa poco, muy poco.

A los misiles verbales responderé –lo saben– con los míos.

 

Estribillo al mal parido

Que el mal parido de Hugo Chávez se haya adueñado de la figura de Primera (como lo hizo Hitler con Wagner) y la haya prostituido, pervertido, vilipendiado, no significa que la poesía y el canto del “cantor del pueblo” hayan sido chavistas. Nunca jamás Alí habría sido chavista. Chávez y él no se conocieron, el artista habría maldecido al militar.

Primera detestaba tanto a los militares como al nuevo riquismo perverso y criminal de los políticos: características que encarna visiblemente el chavismo. Que su hijo Florentino sea un obsecuente y humillado cortesano que babea sus hambres frente a la ruindad dictatorial chavista no significa que su padre lo hubiese aprobado, jamás lo habría hecho. De estar vivo, Alí le habría clavado un bofetón a su carajito para hacerle despertar su jodida dignidad.

Lo habría hecho seguro.

 

Interludio (puente musical) de conciencia sobre el arte

El arte, la poesía y la música están por encima de las ideologías, incluso cuando el artista, el poeta o el músico se identificase con una determinada tendencia política. La longitud de onda de la estética y el arte están a siglos luz de las ideologías o de la política, las superan.

Si por haber sido “comunistas” debemos dejar de leer, entre otros, a Neruda, Alberti, Cortázar, Vargas Llosa, García Márquez, Paz o García Lora; dejar de ver a Picasso, Rivera, Siqueiros, Kahlo, o Guayasamín; o dejar de escuchar a Jara, Sosa, Soledad, Silvio, Viglietti o al propio Primera; habremos dejado de sentir o padecer la vida en su bellísima y amplia complejidad.

En lo personal optó por ver, leer y escuchar –con conciencia–, por vivir a plenitud, que vedar mis ojos y tapar mis oídos ante la más relevante de las bellezas creadas por el ser humano: el arte.

 

Verso a la memoria de un corazón que se partió en pedazos

Alí Primera se hubiese meado –simbólicamente– como poeta y músico sobre la figura de Chávez, Maduro, el gordito gafo Cabello y su limpia pocetas González López, habría abominado con todo su ser la perfidia de los hermanos Rodríguez, Carreño y toda esa manada de asqueantes criminales de lesa humanidad que constituyen la peste chavista. Hubiese sentido un genuino asco por ellos. Un como tu asco y como el mío.

Que cómo lo sé, porque mi papá lo hizo en su lecho de muerte, no sólo sintió asco, sintió vergüenza por haber creído algún día en el comunismo. Tarde, muy tarde, pero lo hizo.

Y pidió perdón…, sí, perdón a sus hijos por su calamitoso error histórico mientras literalmente se le partía el corazón y moría.

 

Estribillo a una comparación infeliz

Un amigo entrañable a quien respeto, admiro y estimo como un hermano soltó, en medio de la desgarradora diatriba política venezolana, un infeliz comentario, no sólo comparando petulantemente a Wagner con Primera, sino señalando que Primera sólo sirve para una conversación “idiota”, entre rones, enchancletados y con bebes –¿venezolanitos?– llorando de fondo.

Lo refuto no sólo por haber usado a Wagner. Coño, ¿además Wagner?, dijese Mozart, Bach o Beethoven, ¿pero Wagner?, hay que echarle soberanas bolas: socialista, nacionalista, antisemita, de quién Hitler infamemente se apropió igual que hizo Chávez con Primera; lo refuto por haber estereotipado con franca torpeza cultural a su público, es decir, al pueblo venezolano.

En todo caso, yo me quedó con Alí, sí, infinitamente me quedo con él, porque es mío, porque es nuestro, tumultuoso y contestatario pero sudorosamente venezolano como yo, como tú, como nosotros; como mi país.

 

Verso a los irreverentes y a los alados

No permito ni permitiré que el chavismo me arrebate lo que más amo de mi tierra: el espléndido carácter de su pueblo, su arte y su cultura. Tampoco caeré en su tergiversación histórica ni doblegaré mis gustos por la poesía y el canto venezolano. No lo haré y aunque pienso que fue una cabal pendejada del Frente Amplio (¿se llama así es vaina?) usar oportunistamente a Primera (y a su modo también tergiversarlo), ese error no impedirá que admiré, gusté y disfrute con la apasionada fidelidad que lo hago a Alí Primera.

Algunos de los versos musicales de Alí son además de sublimes, embriagantes. Tienen el aliento humano y la tesitura estética que las más universales de las obras de arte tienen. Poeta, músico, activista, contestatario, rebelde, venezolano, complejamente venezolano, a un tiempo irreverente y alado, como nuestros idealistas escuderos desafiando la rabia metálica de los opresores de su época, Primera es la encarnación de la indignación del bravo pueblo ante el vil egoísmo que otra vez triunfó.

Lo admiro, quiero y reverencio en esta entrega con dolor y placer, turbado y sereno, como se admira, quiere y reverencia lo que se ama, entre la penumbra y la lucidez.

 

Final apoteósico en fervor mayor

Le cedo la estrofa final al canto de Alí Primera: “Y andan florecidos, como la tierra regada por lloviznas y por cantos, pero han luchado solos, compañera, solos, aunque andan florecidos, como andan los hombres cuando andan luchando, han luchado solos, compañera. Hasta que nuestra conciencia dispare en la lucha por liberar a Haití (a Venezuela), hasta que el mundo se alce en una sola voz, luminosa, solidaria, y entre todos hagamos posible la mañana que acabe para siempre con la noche del jabalí (con el chavismo).

Ahora pongamos en marcha, que la palabra sin los pasos es una palabra muerta, y el tiempo nos dice: ¡Avanza! Alma profunda en llamas, ¡avanza!, construyamos entre todos la mañana que acabe para siempre con la noche del jabalí (con el chavismo).”

Seguimos, maestro, seguimos…, Venezuela honda incluso a pesar del chavismo y de los frentes postizos aún te recuerda, te corea y te canta.

 

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