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Enrique Meléndez: Un hombre demodé en la ONU

 

Fue desconsolador aquello. Uno diría que Nicolás Maduro hablaba para la casa; para la delegación que se había llevado; donde no dejaban de participar los hermanitos Rodríguez, y delegación que se venía en aplausos cada vez que el susodicho lanzaba una de esas frases pletóricas de revolucionarismo, que estos sujetos han venido cultivando con su credo populista; que sería la parte que más conmiseración daba, sobre todo, porque estamos ante un lenguaje, que a esta altura de la historia resulta demasiado decadente; lo que habla ya de una desvinculación de esta gente con respecto a la realidad mundial.

Pero lo más grave de todo era la soledad, el desierto para el que hablaba; ni siquiera los países africanos se quedaron para oírlo; digamos, por cortesía tercermundista. Es decir, nadie estaba interesado en oír a un hombre demodé, de corte antiguo. El típico hombre que le gusta pintarse el cabello y los bigotes, a la manera de otrora. En efecto, un hombre acartonado, y que le va a ese ser suyo de voluminoso tamaño. Como decía Heidegger: al ser le va su ser

Diferente al caso de un hombre como Emmanuel Macron, el presidente de Francia; quien llamó al botalón a Donald Trump con el tema de los Acuerdos de París; que el presidente de EEUU no está dispuesto a obedecer; alegando que él no le va a desmejorar el nivel de vida a su sociedad, por una normativa ecológica, que pretende imponérsele; lo que se ha conocido como una defensa a ultranza del patriotismo yankee; abjurando al mismo tiempo de la globalización, y de donde se dice que Trump encarna esa misma reacción populista del chavismo; sólo que con un sentido más racional de gobierno: de una audiencia total esta polémica.

Es decir, el tema es hoy en día ecológico; de rojo, el mundo pasó a verde; digo rojo porque eso significó el demonio del comunismo. ¿Cuántos crímenes no se cometieron en su nombre: los famosos campos de concentración de Stalin en la Unión Soviética y del mundo comunista en su conjunto, incluido allí Fidel Castro, y que los intelectuales de izquierda, encabezados por Jean Paul Sartre se negaban admitir? Pero Maduro le pasó de largo a ese tema del medio ambiente, a propósito de ese rabo de paja que arrastra, a partir del capítulo del Arco Minero, y que es donde coincide con Trump, de paso: en desconocer ese fenómeno, que se está manifestando con el llamado calentamiento global de La Tierra; que amenaza con incendiar al planeta entero, teniendo presente las altas temperaturas, que se han presentado en el hemisferio norte en estos meses de verano, y que desataron incendios, hasta entonces no vistos en Europa y EEUU.

He allí algo que obviaron quienes le redactaron ese discurso a Nicolás Maduro, y quienes se lanzaron más bien por ese tema anacrónico del imperialismo y sus secuelas, y donde no dejó de estar presente la referencia al Libertador; al Chávez vive y todo lo demás. Alguien hacía bromas con la actitud de Betancourt, a raíz del atentado, que le mandó a ejecutar Rafael Leonidas Trujillo, el famoso dictador dominicano: convocó a una cadena de radio y televisión desde Miraflores, y comenzó admitiendo que estaba como un boxeador en tono jocoso, con motivo de unas gasas, que le cubrían sus manos en forma de guantes de boxeo. El hecho es que nunca más volvió a ocuparse de este asunto.

Por supuesto, Maduro no iba a dejar de soltar el suyo en ese popurrí de cosas, que iba hilvanando; un atentado, el de la avenida Bolívar, que dejó muchas dudas, y que por prudencia de estadista Maduro no debería traer a colación, y que es lo que explica el hecho de que la mayor parte de las delegaciones diplomáticas no estaban dispuestas a calarse un discurso cargado de color local, aparte de que no dejaba de ser una solemne mentira:

-El tema de la migración de compatriotas hacia los países vecinos –decía-, eso se cae por su propio peso.

Por supuesto, se trataba de una defensa muy inconsistente a lo que han sido los resultados de su obra de gobierno; donde todo el mundo tiene la culpa, menos yo, y que llevaron a Trump a calificar a Venezuela como un desastre. Porque eso es algo que no lo puede esconder. No sin razón el presidente de Ecuador, Lenin Moreno, le recordó una famosa frase de José Martí: cuando los habitantes de un país huyen, es porque sus gobernantes sobran. Era una hipocresía quedarse allí para escucharlo.

Después, además, de lo que había pasado, en el sentido de que se hizo patético el tema de la tragedia de Venezuela en este foro mundial. Pasó Duque el de Colombia, y dejó asentada allí esta situación; lo mismo hizo Piñera el de Chile, y así sucesivamente, los jefes de Estado de los cinco países que introdujeron, por cierto, la solicitud de una investigación a Maduro por crímenes de lesa humanidad ante la Corte Penal Internacional; esto es, un cerco internacional, frente al cual Maduro se vio tan desmoralizado, que sólo su conciencia cantinflérica pudo sortear.

Habló de un país con las mayores reservas petroleras del mundo; es decir, de un país codiciado por los grandes intereses de las transnacionales del petróleo; lo que explica la supuesta guerra económica, que han desatado contra nuestro pueblo; sin percatarse que la energía fósil tiene sus días contados; siendo, por lo demás, el petróleo venezolano un crudo que cada vez pierde mercados, a causa de su condición de extrapesado, y donde de nuevo volvía a mostrar lo desubicado que está del mundo de hoy; donde los paneles solares están desplazando a los taladros petroleros.

Fue a Nueva York, porque Trump asomó la posibilidad de reunirse con él; por incitación de un periodista, en una rueda de prensa improvisada; sólo que, al final, le dijeron: no te vistas, que no vas. Pero en su yo interno estaba loco por esa entrevista, y que es lo que más pena ajena da.

melendezo.enrique@gmail

 

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