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Siete inventos que el mundo le debe a Venezuela

 

Venezuela es un país de mentes inquietas que, bien sea en el plano individual o en el colectivo, en más de una ocasión se han dedicado a pensar en cómo dar solución a problemas del día a día. Este esfuerzo ha resultado en varias invenciones que han cambiado para bien la vida de las personas, y que a menudo no reconocemos como venezolanas.

Por: Raquel Martínez

Los campos en los que han destacado los investigadores e inventores venezolanos son de lo más diverso: ingeniería mecánica, entretenimiento, vida cotidiana y hasta gastronomía, aunque destacan especialmente en medicina.

Le presentamos siete de los inventos más importantes que Venezuela ha dado al mundo.

 

Tren electromagnético TELMAG

El tren electromagnético, conocido como TELMAG, nació de la necesidad, de los retos que la propia topografía del territorio venezolano planteaba. A mediados de los años 60 se empezó a trabajar para encontrar un medio de transporte masivo que pudiera salvar los grandes desniveles que se presentaban en algunas zonas del país. La tarea no era fácil, debía ser un tipo de ferrocarril que pudiera moverse a una alta velocidad, fuera capaz de subir pendientes muy pronunciadas y además lo hiciera sin peligro y sin demasiado coste de mantenimiento.

La solución fue utilizar un sistema de propulsión electromagnético en el que la fricción es mucho menor que en un sistema ferroviario tradicional; la rueda no va enganchada a la vía, por lo que se reduce el desgaste y se evita el problema de las pendientes.

El proyecto se inició en 1967 por Albert Serra Valls, Carlos Gago Bousquet y Máximo García, todos ellos investigadores del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, y luego fue desarrollado por la ULA (Universidad de los Andes) de Mérida. Hoy en día el sistema TELMAG se sigue utilizando no sólo en nuestro país, sino que se ha exportado a otros como Japón, Corea del Sur o Alemania.

 

Harina de maíz precocida

La harina de maíz es un ingrediente tan presente en las cocinas venezolanas y que utilizamos tan a menudo, que nos da la sensación de que siempre ha estado ahí. Sin embargo, hasta que el ingeniero Luis Caballero Mejías no se propuso industrializar su proceso de producción, lo que se hacía para obtener la harina era utilizar morteros y moler el grano de maíz manera manual.

Caballero Mejías registró la patente de la “masa de maíz deshidratada” en el Ministerio de Fomento de la República de Venezuela el 4 de junio de 1954. No hace tanto tiempo desde que podemos preparar las arepas simplemente abriendo un paquete de harina refinada y precocida, sin tener que soltar una gota de sudor previamente.

Juego Ocho Loco

¿Les suena el blackjack o el bacará? Pues hubo un tiempo en el que un juego venezolano se codeó con ellos en los casinos más importantes del mundo. Hoy en día ha caído prácticamente en el olvido, pero la historia del Ocho Loco se remonta a principios del siglo XX y tiene su origen en Venezuela.

Este juego de cartas tiene reglas y normas un poco “locas”, de ahí su nombre, pero básicamente consiste en que los jugadores se tienen que deshacer de las 8 cartas que reciben al principio del juego. Se empezó a jugar en Venezuela, pero fue en Estados Unidos donde se hizo más popular a mediados del siglo pasado, especialmente en los casinos, ya que es un juego muy dinámico y entretenido. Se comercializó también como juego de mesa y aunque, como decíamos, el Ocho Loco está bastante en desuso, dio origen al UNO, que se juega de manera muy similar y es conocido en todo el mundo.

Lápiz electrónico para Braille

Los proyectos que desarrolla Alfredo de Jesús Blanco, natural de Zulia pero residente en Caracas, nacen de las necesidades que surgen de su propia experiencia. Blanco, que perdió la visión hace unos años, cambió las clases de inglés por la voluntad de querer ayudar a las personas invidentes en su día a día.

Blanco ha creado un lápiz y cuaderno electrónicos que, en realidad, son dos pequeños dispositivos; desde uno de ellos los usuarios escriben lo que deseen en Braille y, a través de Bluetooth, aparece escrito en alfabeto latino en el otro dispositivo. Los nuevos modelos llevan incorporado un chip de voz para que también se pueda escuchar. Un invento que le hizo quedar segundo en el concurso de Innovadores de América en 2011 y ser el mejor proyecto del Concurso Ideas 2012 de Emprendimiento Social de Venezuela.

Vacuna de la lepra

Jacinto Convit es uno de los médicos y científicos más destacados de la historia de Venezuela. Falleció a la edad de 100 años en 2014, dejando un legado con el que la Humanidad estará en deuda para siempre. La enfermedad de la lepra ha perseguido a los seres humanos desde hace miles de años, se han encontrado restos óseos en la India que demuestran que tiene al menos 4.000 años de antigüedad. Ha causado un gran número de muertes a lo largo de la Historia pero, sobre todo, un estigma y rechazo que convertía a los leprosos en auténticos descastados de la sociedad.

1987 fue el año en que un caraqueño pondría fin a la lepra gracias al desarrollo de una vacuna que le valió el Premio Príncipe de Asturias de España y un lugar para siempre en los libros de Historia.

 

Pruebas de paternidad

En realidad, los descubrimientos que hizo Baruj Benacerraf no pueden reducirse a las pruebas de paternidad, aunque sin sus investigaciones no hubiera sido posible desarrollarlas. Benacerraf es otro de los ilustres médicos venezolanos y su obra hace que esté no sólo entre los inventos más destacados de Venezuela sino también entre los más importantes de Latinoamérica. Desarrolló su carrera en Estados Unidos, principalmente en la Universidad de Harvard, aunque nació en Caracas de madre venezolana y padre marroquí sefardita; a lo largo de su vida siguió visitando el país en múltiples ocasiones e incluso fundó el Hospital de Clínicas de su ciudad natal.

Sus diversas aportaciones han servido para entender mejor el peso de la genética en nuestro cuerpo y cómo funciona el sistema inmunológico de los humanos. Su labor es de tal relevancia que le ha convertido en único venezolano reconocido con el Premio Nobel, en su caso el de Medicina junto con sus colegas George D. Snell y Jean Dausset.

Bisturí de diamante

Podría parecer que seguimos en el campo de la medicina, sin embargo, el bisturí con punta de diamante tiene aplicaciones que van mucho más allá. Se utiliza tanto en operaciones de microcirugía oftalmológica como en orfebrería e incluso ha llegado al espacio, utilizándose para cortar muestras recogidas en la Luna.

Humberto Fernández-Morán, nacido en La Cañada de Urdaneta en 1924, fue otro de los médicos venezolanos que han marcado la Historia, así con mayúsculas. Estuvo nominado al Premio Nobel de Medicina por su invención del bisturí de diamante y por él recibió la John Scott Medal, un importante reconocimiento que con el que no cuenta ningún otro latinoamericano. Además, sus aportaciones no se limitan a un bisturí que puede cortar con precisión prácticamente cualquier cosa, sino que también contribuyó a la creación del microscopio eléctrico.

 

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