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Gustavo Coronel: Estatismo petrolero

 

A mí me sucede con los ensayos sobre petróleo de Asdrúbal Baptista lo mismo que me sucede con mucha de la poesía de T.S. Eliot: no los entiendo. Ello no quiere decir que carezcan de valor. Al contrario, T.S. Eliot es uno de los poetas más famosos de la lengua inglesa y sus poemas, aunque frecuentemente difíciles de comprender, le llegan al lector a través de la intuición, no dé la razón.

Pero esto no siempre sucede con el ensayo. La materia prima del ensayo es la idea, no tanto las palabras o la metáfora. Cuando leo esto de Eliot: “No cesaremos de explorar, y el final de nuestra exploración será llegar donde empezamos y conocer el lugar por primera vez”, me digo: “no entiendo pero me gusta”.

Pero cuando leo a Baptista,: “El traslado al capital natural petróleo del imperativo de disponer de una guía normal que oriente su uso y la evaluación de tal uso, según se da con el capital qua capital y sus estrictos fines, asume en este caso rasgos de tan extrema dificultad o hasta de insolubilidad, que obligan a pensar más bien en la presencia de algún desacierto conceptual mayor en todo el esquema de cosas. Y si no fuera un desacierto, a favor de lo cual, ha de saberse, median razones muy poderosas, dicha insolubilidad descansa en que en el hilo argumental que sostiene toda la conceptuación falta claramente un eslabón, a saber, aquél que asegura el tránsito desde el capital natural petróleo y sus proventos hasta el objetivo que se le asigna como propio”, no solo es que no entiendo sino que el párrafo tampoco me produce una intuitiva aceptación sino, en todo caso, un intuitivo rechazo. Me hace pensar: “Asdrúbal podría estarme metiendo gato por liebre y yo ni siquiera me doy cuenta”.

Por ello me alegra encontrar otros párrafos en el mismo ensayo que sí entiendo y que plantean un tema interesante para el futuro (que nos queda) del petróleo venezolano. Dice Baptista: “Las directrices dominantes en los últimos años de la vida política del país son irrefutables, dada su diafanidad. La conducción política del Estado ha asumido un extremo y abierto estatismo, congruente con el poder económico que acompaña al Estado, pero ahora sin máscaras ni cortapisas. Así ha terminado por desnudarse el vacío doctrinario, de otro modo característico, de la vida política en las últimas décadas: frente al estatismo extremo, el antagonismo no puede sino ser y no ha sido más que un estatismo menos extremo, o más atenuado, o a lo sumo disfrazado. Visto de otra manera, de una parte se intentan crear facciones de clase, que nunca existieron en la práctica; mientras que del otro se ofrecen argumentos doctrinarios en contrario, que de forma velada o abierta reafirman la primacía concedida al Estado, que es justamente la cuestión bajo escrutinio. Hay que conceder un punto, sin embargo. El liderazgo político, en el ejercicio gubernamental al presente, se ha trazado como meta la utilización del poder económico del Estado con miras a desarrollar un proyecto de marcada orientación no capitalista para la sociedad venezolana…… la valorización de la propiedad del subsuelo venezolano la lleva a cabo no la sociedad venezolana, cuyo curso quiere dirigirse ahora hacia una conformación histórica no capitalista, sino el propio mercado mundial, al que presiden y dominan relaciones productivas típicamente capitalistas. Cómo habrá de producirse la resolución de esta abierta contradicción entre el origen del ingreso que hace poderoso al Estado venezolano en lo económico y el destino que se le quiere imprimir en la actualidad, es un tema cuyo abordaje cabal se escapa de estas páginas. Sin embargo, en dicha contradicción y en su superación histórica trasluce un tema que muy bien pueden hacer aflorar las circunstancias concretas de la confrontación que el país porta en su interior en el tiempo presente, y que no es otro que la emergencia y consolidación de una posición doctrinaria liberal, por francamente anti-estatista”.

No es que esté en su totalidad de acuerdo con lo que nos dice Baptista sino que en este caso lo puedo entender suficientemente para poder estar de acuerdo o en desacuerdo con los diversos aspectos de su planteamiento. Estoy totalmente de acuerdo en que el siglo XXI venezolano se ha caracterizado por la dictadura de un estatismo avasallante. Y también concuerdo con Baptista en que el grueso de la oposición a este estatismo avasallante ha sido, simplemente, un estatismo más atenuado o disfrazado. Difiero de él cuando agrega que: “El liderazgo político, en el ejercicio gubernamental al presente, se ha trazado como meta la utilización del poder económico del Estado con miras a desarrollar un proyecto de marcada orientación no capitalista para la sociedad venezolana” Difiero porque pienso que si hay un gobierno que ha llevado al máximo el ejercicio de lo que el mismo Baptista define como capitalismo rentístico, ha sido precisamente el que ha manejado al país durante lo que va de siglo. Y el resultado ha sido trágico.

Las frases finales de este párrafo de Baptista me parecen de fundamental importancia. Él plantea: “Cómo habrá de producirse la resolución de esta abierta contradicción entre el origen del ingreso que hace poderoso al Estado venezolano en lo económico y el destino que se le quiere imprimir en la actualidad, es un tema cuyo abordaje cabal se escapa de estas páginas. Sin embargo, en dicha contradicción y en su superación histórica trasluce un tema que muy bien pueden hacer aflorar las circunstancias concretas de la confrontación que el país porta en su interior en el tiempo presente, y que no es otro que la emergencia y consolidación de una posición doctrinaria liberal, por francamente anti-estatista”.

Quisiera creerle a Baptista que los venezolanos finalmente se han dado cuenta de que el estatismo, sobre todo en materia petrolera, nos ha llevado a la ruina.

Quisiera creer que el país finalmente se ha dado cuenta de que el Estado, es decir, el gobierno, es decir, la oligarquía en el poder, inevitablemente llega a usurpar el genuino interés nacional.

Quisiera creer, en fin, que la insensatez está finalmente de salida. Pero lo dudo, por aquello que el picado de culebra se espanta con un bejuco.

Basta leer a los líderes políticos de nuevo cuño, aún los más modernos, para darnos cuenta de que, con contadas excepciones, el veneno del estatismo también corre por sus venas.

La maldición marxista que data de la generación del 28 todavía pesa sobre la mente colonizada de este liderazgo para hacerles pensar que el estado debe manejar directamente todas las empresas definidas como “estratégicas” léase, todas las actividades económicas del país desde el petróleo hasta las líneas aéreas.

Después de la ruina de la industria petrolera a manos del régimen chavista, a medida que intuimos el final de la fase aguda de esta pesadilla (ahora vendrán etapas no menos traumáticas de recuperación) comenzamos a pensar en cómo manejar lo que queda del petróleo venezolano. ¿A lo Gastón Parra o a lo Uslar Pietri? ¿A lo Mieres o a lo Quirós Corradi? ¿A lo IESA o a lo Universidad Bolivariana?

Parece mentira, pero mucho del liderazgo político todavía habla de una nueva Pdvsa, pero sin cuestionar su validez. Del petróleo en manos del Estado, a pesar de lo que hemos visto suceder en los últimos 20 años. El lenguaje que se utiliza todavía está lleno de clichés patrioteros, de mitos y leyendas, de referencias al anti-imperialismo estadounidense, pero no chino, o sobre soberanía, a pesar de ser hoy satélite político de Cuba, limosnero de la China y protegido de Rusia.

Ojalá Asdrúbal Baptista tenga razón pero, por lo que digo más arriba, me permito dudarlo.

 

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