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Rafael A. García: Intento de reflexión en torno al liderazgo que el país demanda…

 

En este decisivo período algunos intentamos alzar vuelo para acompañar en la oportunidad a la que nos invita un venezolano de excepción, Profesor Manuel Barroso: El psicólogo que convirtió el país en su paciente: En febrero de 1989 yo tenía casi veinte años metido en un consultorio atendiendo pacientes. Me había graduado de psicólogo en 1970 y desde entonces estaba dedicado a la clínica. Pero en febrero del 89 el país ardió y yo consideré que había llegado el momento de salir del consultorio. Era una blasfemia quedarse allí mientras el país ardía. Pensé que todavía no teníamos un país y que había que hacer algo para tenerlo. Escribí entonces un libro donde reflexionaba acerca de la autoestima del venezolano y los numerosos factores que la golpean diariamente y después de eso tomé la decisión de dedicarme a trabajar con el capital humano, sobre todo en las comunidades. Maestro de generaciones en el complejo área del saber y el hacer en su histórico y tozudo empeño en concedérselo a las generaciones que han asumido de buena fe la conducción de las responsabilidades públicas y privadas y en el hoy con especial énfasis a quienes les toca por su tiempo épocal en constituirse en el liderazgo inexcusable del que esta ayuna República. Me voy conceder una licencia para una acotación sobre quien valoro como Maestro, que por cierto no abundan en el país como lo hacen los adocenados charlatanes que a diario adoptan poses de “gurús”, y ello se debe sobre todo a que no proliferan discípulos, es decir hombres y mujeres, que estén dispuestos a abrirle un espacio psíquico dentro de su propia interioridad, a la enseña que les yega a menudo como un llamado, una inspiración desde el espacio vital de otro semejante, más aventajado en el arte de saber vivir bien. (Non multi faciendum esse vivere, sed bene vivere). (Sócrates a Criton). (Vivir no es lo único importante, sino vivir bien). Hay tres características que trazan el, talante ético y espiritual de un Maestro, la primera la “auctóritas”, que nada tiene que ver con los acostumbrados despotismos ilustrados a los que sucumben casi todos los intentos de civilismo. Esa que emana más de las veces, incluso físicamente de su presencia personal, y que el discípulo comprueba existencialmente mediante una especie de revelado instinto. El segundo enunciado del Maestro es la congruencia en su enseña de vida. Y la tercera muestra la de respeto profundo sagrado por la autonomía del discípulo, y forjar que el llegue a ser un Maestro de su propia vida. Estos elementos constitutivos delinean la estabilidad espiritual de un Maestro autentico, como he podido evidenciar especialmente en las memorias de Thomas y Olga de Harman.

Si la existencia del hombre en la sociedad política como nos recordara Eric Voegelin en la nueva ciencia de la política. “Es una existencia histórica, el político hace política para el quehacer histórico. Asimismo, poseer sentido de la misma significa, para el político, básicamente tres cosas: el conocimiento real, comprensivo, valorativo y aleccionador del pasado (sobre todo, el del su propio pueblo, en cuyo proceso le toca actuar como protagonista); el conocimiento cultural-político del presente; y un diseño del aporte posible al proyecto histórico de la nación para el tiempo por venir. La política en mayúscula, supone, por ello, opción sobre diseños del mañana”.Al respecto es emblemático el trabajo de Carlos Aguirre, Antimanual del mal historiador (Ediciones desde Abajo, Colombia 2002). Ahí señala.“el tipo de historia que se produce y se publica entre nosotros, es una historia puramente descriptiva, monográfica, empobrecida y profundamente acrítica. Y todo ello, para confrontarnos al final con la idea de que hoy, a pesar de todo, estamos mucho mejor que en cualquiera de esas épocas del pasado” (p.19). Jugar con mitificaciones del ayer supone, para quien reflexiona para la acción (y muchas veces desde la acción misma) es ceguera ante el mañana. No se trata de obligar a nuestras madres o esposas a repetir la dura imprecación de la madre de Boabdil, el último rey moro de Granada lloras como mujer lo que no supiste defender como hombre). La cultura dominante intenta, por la vía de la saturación mediática de sus tesis, anegar el campo intelectual, o anular cualquier planteamiento alternativo, su análisis, comprensión o subordinación a él.

Nuestra visión…

Navegamos en la tensión de una sofocante crisis mundial sus derivaciones regionales y sus exclusivas manifestaciones en Venezuela, donde carecemos de uno de los elementos decisivos y movilizadores para promover las transformaciones ineludibles que clama la República, la cual demanda un liderazgo que intérprete la complejidad existente y que la desafié para erradicar los intolerables esquemas de valores y paradigmas. Por eso es urgente identificar las necesidades de la formación y capacitación de cuadros. El hombre humilde ante la experiencia de la injusticia, se hace, prudente en sus juicios, sin perder, no obstante, su intima confianza de que permanece radicalmente afirmado en la verdad. No duda de su facultad de entender, ni tampoco niega la realidad que hay en las cosas. No se repliega en si mismo declarando que ya tiene la verdad, y que no necesita mirar y escuchar al mundo, para saber cómo es; o que los entes son siempre como el los piensa y ya. Eso es el suicidio de la “razón”, lo curioso que en el planeta y fundamentalmente en el país nunca han escaseado los desesperados con intenciones de arrastrar a muchos a acompañarlos en su predecible dramático final. La aptitud negativa ante la verdad es muy antigua; se remonta a la Grecia de Protágoras. Los sofistas hicieron tabula rasa del las elaboraciones filosóficas precedentes y produjeron una devastadora crisis de desanimo. Los filósofos se desmentían; las opiniones y contradicciones se multiplicaban creando un clima de confusión en la que era imposible aclarar las cuestiones más elementales. No nos preténdenos para decirlo gráficamente ufólogos exploradores de la verdad (como si la inquiriéramos partiendo de cero), sino buscadores “en” la verdad, que derivan desde las evidencias inmediatas a verdades más hondas y complejas. Por eso levantaremos velas desde el antecedente de la carencia en el país de un modelo educativo y de proximidad a nuestro contexto cultural que propicie la plena utilización cognitiva, y una de las claves es la búsqueda de todos los modelos de aprendizaje conocidos, que nos permitan desarrollar las áreas esenciales cognitivas. Es imperativo cortarle el vuelo al mito de nuestra ingeniosidad que nos ha llevado a frívolas ocurrencias y a excesivos humorismos. Hemos dilapidado irresponsablemente las ventajas de nuestras exclusivas, emotividades creativas. Es urgente un radical cambio en la estructuración de un sistema educativo, que recoja nuestro imaginario, y lo articule con las tecnologías aplicadas al desarrollo del conocimiento, que nos saque de nuestro rezago histórico, producto de la ausencia de un liderazgo, cuyo residual enfoque no esta afirmado en nuestro quehacer, cultural, económico, productivo, histórico y humano. ¿Liderazgos?: Los líderes son personas que procuran en su accionar cotidiano asumir desde su condición intima comprometerse con su entorno personal que se acrecienta minuto a minuto, gracias a la constante externalización de sus destrezas apoyadas en una permanente formación, en las que se revelan algunos presupuestos como la humildad que le permite con franqueza rectificar cuando incurre en equívocos ayudando en su desarrollo epistemológico. No pretendemos despachar este ontológico tema con estas exiguas opiniones, pero como coincidimos con la inmensa mayoría de venezolanos, refrendados en encuestas y sesudas teorizaciónes que observamos a diario estudios, concluyen  que la generalidad de los que ejercitan como “lideres”,  en nuestro entorno son una suerte de anoréxicos oficiantes de grupos de intereses con marcados vacíos, afectivos y éticos quienes por razones de elementales necesidades han establecido estrechas relaciones clientelares de mutuos beneficios, en un evidenciable burdo trueque en la que los desgastados “lideres”  ofertan asegurar las logísticas particulares de sus “liderados”, que a su vez les retribuyen con la contraprestación de su fidelidad y apoyo para su permanencia sin mayores meritos en posiciones de control político, con especial énfasis en áreas logísticas. Por lo general son hábiles, retóricos, superficiales, y fabuladores, su irresponsabilidad los lleva a prometer sine die todo tipo de favores, desprovistos de los más esenciales principios de escrupulosidad. Por eso el abordaje de este tramo sin querer hacer una exégesis ni aristotélica, ni metafórica crística, quienes den un paso al frente en ese norte urgen afinar su relación con las cualidades de transcender, con creatividad tocante al mundo de las ideas, las ciencias, las tecnologías digitales, de las artes, las letras, pero especialmente desafiar al mundo ideológico sin medrosidades, para dotarse de los obligatorios presupuestos doctrinarios básicos como nutriente del desarrollo de visiones globales, manifestando recurrentemente un elevado sentido del compartir (tenia sed y me distes de beber), de confrontar los retos en forma conjunta, articulados a diversas formas de organización que les permita estar presentes a diario en las iniciativas ciudadanas de todos los sectores, que son acechados por viejas y nuevas calamidades que resienten su vida cotidiana, y hoy en esta hora menguada de la Patria, la apuesta es atreverse a soñar, a pesar que el medio es hostil; hay que prepararse para romper con él, casi como medida extrema de supervivencia (es imperdonable no hacerlo). El proceso de democratización en el país tuvo que esperar, para su viabilización más  de medio siglo con la formación y consolidación de organizaciones políticas populares de rango ideológico. Todas ellas nacidas en la Universidad, en un país que en 1936 tenía 70% de analfabetismo y que en el 1958 exhibía un 50% de ciudadanos en tan lamentable estado. La intelligentsia Civilista democrática, con vocación política (a diferencia de la Positivista. Hipócritamente apolítica, que sirvió de escalón a las dictaduras, de todo pelaje, desde Guzmán a Pérez Jiménez), pensó, gesto, alumbró, alimento, y apuntalo el sueño de una patria civil y civilista. La democratización aun con todas sus fragilidades no tiene ascendencia pretoriana: es un decidido empeño civilista. La Doxa republicana de la Patria siempre ha residido en la autentica universitas (no en el engendro clientelar de las izquierdas de los 60, también ellas militarizadas, cambiando según Marx, las armas de la critica por las critica de las armas, con ebriedad de violencia y aventurerismo). Basta recordar en 1928, el discurso de Jovito Villalba en el Panteón. Rememoremos la alborada de la insurgencia civil del 57 contra la oprobiosa dictadura de Pérez Jiménez, adelantada por la juventud universitaria y respaldada por los Profesores. Nunca, el pretorianismo ha hecho suya la autentica  y mejor causa de la “casa que vence las sombras”, para expresarlo con las líricas estrofas del himno de la Universidad Central.

Por eso la urgencia de un resurgir del sueño civilista al que deben tender de verdad la sociedad civil y la sociedad política en un país que pareciera que actualmente el envilecimiento colectivo ha llevado  a la perdida del sentido de la comunidad y a la peligrosa fragmentación; es una Patria cuya lógica conduce al sinsentido de buscar con actitud irresponsable, el caudillismo milagroso (necesitamos un líder) o el espectro del comandante militar, o látigo del capataz para imponer la regresión de la comunidad al rebaño equivoco; se impone de nuevo la necesidad de una intelligestsia  aquella que prostituyó; desde los 60, el marxismo universitario (con su correlato de sectarismos y exclusiones) con sus militarismos de vanguardia y retaguardia. Ellas han heredado el desafío al cual ni las generaciones del 70- 80- 90, no quisieron, no supieron o no pudieron responder con grandeza. Por eso es forzoso el decidido el acompañamiento en procura de una vanguardia en intensas jornadas de reflexión y de participación que debe ir de la mano con todos los sectores de nuestras comunidades con acentuación en los sectores preteridos, los más débiles, de verdad la apuesta debe ser por el desarrollo de lideres “democráticos” que alcancen en el corto y mediano plazo una clara elaboración programática y doctrinal. Siempre muy atentos a los nuevos descaminados intentos de saltos al vacío, (que se vayan ya). Hemos elaborado en el país dos docenas de maravillosas constituciones, profusos códigos éticos, que han terminado siendo mamotretos que terminan satisfaciendo vanidades de turno, que han frustrado sueños y voluntades de exigencias de cambios. Uno de los fines de un nuevo liderazgo debe ser la promoción de una alianza nacional, todavía cabalgamos sobre el pacto de Nación de 1811, (el de las elites del 58, que licuaron sus más diestros oficiantes), este tiene que interpretar el nuevo espacio épocal, una confección de esa monta no es tarea para roídas burocracias, ni para comisiones ad hoc, ni equipos de activismos voluntaristas, ni de supuestas experiencias sobre políticas-públicas, con imprecisas formulaciones y ocasionales encuentros, ni de círculos de cumbres teatrales con el pretendido tinte académico o desteñidos eventos de los partidos que no pasan de ser remakes con la intención de  redisarlos, le tocara a este liderazgo en avance como labor inaplazable invitar rigurosamente a los venezolanos de excepción para escucharlos en forma continuada sistemática, hasta lograr presentar el mas profundo sólido y comprensible documento de un realizable proyecto nacional, por supuesto con los necesarios tributos de las teorización es de las corrientes de pensamiento universal de la sociología, la historia, las ciencias políticas, de la teología, la ciencias duras, de elaboraciones como el pensamiento complejo y demás, capitulo aparte que no admite simplificaciones es la cohabitación con la nueva autoridad simbólica que son los medios, la punta de iceberg de los estados y corporaciones industriales y militares. De escrutar en la filosofía su apuesta de dilucidar las verdades ultimas, en su escrutinio de inmutabilidad de las cosas. Debe quedar claro que nadie tiene el poder absoluto para cambiar todo un entramado social o para impedir sus cambios en forma terminante. Las transformaciones, las avances en la calidad de vida, las mutaciones son procesos complejos, largos, muy arduos. Cada quien aporta su grano de arena al respecto. Quienes abrazan el rol de políticos tienen, sin duda, un privilegio especial: su accionar influye de un modo más profundo que otros en ese proceso. Por eso hay que tener muy claro los principios éticos con los que deben manejarse. Más allá de la imperiosa necesidad de trabajar para asegurar la propia subsistencia, la disyuntiva que se plantea es: ¿Capitularemos frente este intento de este sistema hegemónico, o nos batiremos  para proponer otro? (Sobre este tema volveremos luego).

 

“Como estadista, uno tiene que obrar con la suposición de que los problemas se tienen que resolver”. Henry Kissinger

 

rafag_0611@hotmail.com

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