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Gloria Cuenca: Creencias y principios

 

A la memoria del entrañable amigo Víctor Ochoa Gómez

Mueren los amigos y la locura que vivimos en esta ciudad, no permite que nos apersonemos a cumplir con los ritos de la ausencia definitiva. No  dejamos de conmovernos ante la partida definitiva de quien fuera un gran dirigente juvenil, en su tiempo, un amigo y camarada.  Según mi opinión-se mantuvo en una posición equivocada-desde el punto de vista ideológico: marxista-leninista-maoísta y seguidor de este régimen, hasta el final. No lo tomaron en cuenta para nada, ni le dieron el lugar que le correspondía, dada su lealtad absoluta a lo que él denominaba: los principios.

Habría cumplido cualquier trabajo con honestidad, rectitud y seriedad. Esos principios, a los que se mantenía aferrado, no son tales,  son  creencias, los principios, los valores son universales, las creencias, por eso fallan. He dicho y escrito muchas veces, y   lo reitero, ante la muerte de quien además de todo fue gran amigo de Adolfo Herrera,  -se le adelantó bastante a esa  dimensión-. Mis afectos, no tienen que ver con la ideología. Cuando quiero a alguien, no me puedo quitar el amor que siento por esa persona, porque haya distancia ideológica. Por experiencia se, en esos partidos de ideología marxista y demás apellidos, piden que no se trate a quienes no tienen la misma manera de pensar. Conmigo fracasó, al darme cuenta de que, exigían  una monstruosidad.

Hubo quien dijo que hasta  padres  e hijos, debían ser repudiados. Es un planteamiento que no tiene ninguna posibilidad de seguirse, cuando se tiene  espíritu de libertad y  democracia. ¿Qué tiene que ver el amor, la amistad, la solidaridad, con la manera de pensar? Solo quienes se manejan en un plano intolerante y absoluto actúan así. Con Víctor Ochoa, su esposa Sarita y sus hijos, me une un amor que trasciende todo. Surgió en un momento difícil de nuestra vida política y cuando compartíamos los mismos ideales. Nuestros pensamientos cambiaron. Como dije al principio, no puedo quitarme ese afecto. Así ocurre, cuando alguien que soñó con una mejor Venezuela, muere. No pudo ver sus sueños, y siguió aferrado a  sus creencias, (no eran principios) perdió nuestro país, un líder extraordinario, un amante de los sueños. No quiso darse cuenta: destinando su vida a una utopía cerrada. Mi pésame para su familia querida y mí despedida para un hombre de Paz y amante de la Patria.

 

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