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Enrique Meléndez: Lo nuevo en materia de cola

 

Ahora en Venezuela hay cola para todo. Antes era sólo para comprar harina de maíz; que fue lo primero que comenzó a escasear hace cosa de unos cuatro años atrás, y que era lo que los economistas llamaban desabastecimiento, y que luego se extendió a otros productos, como el aceite, la leche, el azúcar, y entre tanto el precio de los productos subía a ritmo geométrico; justo, desde que se inició el gobierno de Nicolás Maduro; pues Chávez, que es en verdad el autor de este desastre, contó con la suerte de tener unos precios petroleros, que contenían la inflación y le permitían traer productos e insumos importados; teniendo presente que poco a poco se había dedicado a destruir el aparato productivo; uno diría a raíz de la confiscación de las principales fincas agropecuarias; cuya producción se comenta hoy en día por las redes sociales, como una de las tantas excelentes competencias, que llegó a tener el país en materia de seguridad alimentaria; que fue una de las grandes demagogias de Hugo Chávez, y que fue lo que le dio motivo, para comenzar a llevar a cabo dicho proceso de confiscaciones, para luego dárselas a gente que entonces se conocía como los sin techos, y que se dedicaban a invadir propiedades.

Es por aquí por donde se agarraba Wiston Churchill, para decir que el comunismo era la repartición de la riqueza ajena; una especie de igualitarismo hacia abajo, y que Chávez lo arrastraba por su condición de resentido social. A pesar de que provenía de una familia de copeyanos, en la casa de Chávez no se dejaba de proclamar el socialismo; prueba de ello, es que se que cuenta que quien envenena a Chávez con la idea del comunismo fue uno de sus hermanos; quien por entonces militaba en los partidos de la ultraizquierda, siendo estudiante en la Universidad de Los Andes, y luego Chávez tuvo como maestro a uno de los más reputados manualistas del marxismo, junto con Marta Harnecker, Louis Althusser y otros, como lo fue J. R. Núñez Tenorio; aunque sin retentiva de ninguna especie; pues Chávez era ese tipo de sujeto que se aprenden de memoria las cosas en un dos por tres; sólo que por carecer de capacidad de juicio, no llegaba a entender aquello que le trataba de infundir dicho maestro; recuérdese que estamos frente a un sujeto que no tiene límites, y de allí su debilidad para controlar su excesivo narcisismo, a propósito de su atractiva personalidad de showman; cuyo discurso enjugaba desde el folklorismo de una reina Lucero, hasta el Discurso sobre el Método de Renato Descartes; de modo que tampoco tenía capacidad de entendimiento; era lo que en los liceos conocíamos como el típico caletrero.

Ya antes le había puesto la mano a Pdvsa, y empezaba su destrucción con el despido de más de veinte mil funcionarios de lo más granado de la tecnocracia venezolana: gente que había hecho sus estudios profesionales con las mejores calificaciones; puesto que para entrar a Pdvsa se requería unas excelentes credenciales; que había cursado estudios de post-grado en el extranjero, en las más reputadas universidades del mundo; por algo Pdvsa llegó a ser la segunda transnacional más importante en el mercado petrolero, y en que lo Chávez nunca reparó; porque como buen improvisado, jamás tuvo que ver con la meritocracia de las personas. Intentó hacer un doctorado en Ciencias Políticas en la Universidad Simón Bolívar, y que no pudo continuar, porque no estaba a la altura: sus profesores en ese post-grado revelan que era el tipo de alumno, que ponía a su madre, para que hablara con el profesor, y bajo la excusa de estar muy enfermo, solicitarle que le pusiera diez, sin ir al examen.

No sin razón dijo un día Arturo Uslar Petri sorprendido que Chávez era de una ignorancia delirante. He allí la moral de un venezolano típico; la moral de la irresponsabilidad. ¿Sabía Chávez lo que hacía, cuando logró quebrar el paro petrolero? Fue un triunfo político; como todos lo que se anotaba desde el poder; sobre todo, porque Pdvsa arrastraba una muy mala imagen en el país: aquella clase gerencial de la industria generaba envidia; se hablaba de una nómina mayor; que se repartía todos los beneficios, como decía el propio Chávez; de modo que despedir a esta tecnocracia significaba un ajuste de cuentas político, y habiéndose politizado Pdvsa en aquellos famosos días del paro petrolero; cuando entonces le pedía la renuncia a Chávez, y donde demostraba Chávez que no se daba cuenta de que por aquí empezaba a torcerle el cuello a la gallina de los huevos de oro; cuya muerte la estamos presenciando en el día de hoy.

Con fecha más reciente tuvimos un nuevo fenómeno de este tipo, y son las colas en los bancos, en procura del efectivo; originado por los desequilibrios macroeconómicos, aunque ya ese es otro tema; el hecho es que lo más nuevo de todo es que comienzan a aparecer las colas en las adyacencias de las bombas de gasolina, y lo que nos lleva de nuevo a los días del paro petrolero; cuando entonces disminuyó el suministro de dicho combustible, y aquello eran colas de carros por todas partes, y que es lo nuevo, decía; sólo que, a diferencia de aquella época, que se redujo al mínimo la producción de gasolina, por voluntad de los trabajadores; quienes se habían enfrascado en una de tumbar al presidente de la República, ahora es porque la industria está destruida; producto precisamente de la guerra que Chávez le ganó a esta gente, y sin ninguna noción de lo que decía, proclamaba que ahora Pdvsa era del pueblo. He allí el problema de entregarle el país a un aventurero, y quien se jactaba de esta situación; cuando confesaba que de todas partes del mundo le pedían que perdonara a esta gente, y que él le respondía que ya el perdón lo había habido una vez; cuando ocurrió el primer paro petrolero; que entonces públicamente despidió a la nómina mayor, sin ninguna conciencia de eso que los cristianos conocen como perdón.

melendezo.enrique@gmail.com

 

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