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Luis Fuenmayor Toro: La reforma constitucional

 

En las últimas semanas, se ha ido incorporando en el ambiente político la idea de que el Gobierno activaría prontamente el referéndum aprobatorio del texto constitucional, que presentaría la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Las declaraciones de Hernán Escarrá, vocero calificado en la materia, señalaron que la elaboración de dicho texto está en marcha, con mucho secreto, pero adelantado por lo menos en relación a los objetivos de la reforma. Esta información es contradictoria con la recibida de altos personeros gubernamentales, que han manifestado que no habrá ninguna modificación importante del texto actual o incluso ningún nuevo texto a ser aprobado. Conociendo la forma de actuar del gobierno chaveco, o mejor dicho madureco, considero que ambas informaciones son correctas, pues expresan dos líneas de acción política impulsadas al mismo tiempo, para en definitiva terminar de instrumentar la que resulte más conveniente a los fines gubernamentales.

Quisiera en este momento recordar, que ésta ha sido la forma de proceder del Gobierno de Maduro por lo menos desde diciembre de 2015, cuando, con el mismo CNE actual, sufrió una importante derrota en las elecciones de la Asamblea Nacional. En aquel momento algunos funcionarios dijeron que no harían más elecciones para perderlas, lo que fue interpretado, por quienes sólo piensan en blanco y negro, como que no habría más procesos electorales en el país o que los mismos, de realizarse, serían controlados para hacer imposible una victoria opositora. La declaración tuvo como propósito dejar en la mente de los venezolanos la idea de que la claque gobernante no saldrá del poder y mucho menos por elecciones, lo que generaría, como en efecto hizo, una total incredulidad del electorado en el instrumento electoral y un abandono progresivo del mismo, tal y como se vio en las elecciones presidenciales. El efecto no fue solamente sobre la ciudadanía en general, sino sobre el liderazgo opositor radical e inmediatista, que llamó a la abstención para beneplácito del Gobierno.

Se cumplió de esa manera la profecía madureca: hicieron las elecciones sólo cuando sabían que las ganaban, no las hicieron para perderlas. ¡Fíjense! Incluso las adelantaron, en respuesta a las alocadas exigencias opositoras, que siempre tienen como base las emociones y apetencias de sus miembros y no el estudio y conocimiento de la realidad concreta existente. Es más, se enojan y agreden cuando alguien les llama la atención sobre sus errores, en lugar de aprender de los mismos. En esto el Gobierno les lleva una morena. El Gobierno no se cierra salidas, mantiene abiertos muchos escenarios, varias opciones, para escoger finalmente la que aprecien con más probabilidades de éxito. Cerró el camino del revocatorio presidencial sólo al final. Lo dejó correr y cuando estuvo seguro que lo perdería lo cerró inconstitucionalmente, pero basado en que el mismo tampoco gozaba del consenso opositor, dadas las luchas internas a muerte dentro de éste.

Hoy, en lo que respecta a la ANC y su producto constitucional mantiene varios posibles escenarios: si la desesperanza de la gente la mantiene en la situación de no hacer nada, presentará un proyecto de reforma constitucional y lo hará en el mejor momento para aprobarlo. Si por el contrario, la posible aprobación de la reforma constitucional genera un rechazo y estimula la unión de todos contra el nuevo texto, dejará para mejor momento su consideración o echará marcha atrás. Mientras tanto, mantiene otros escenarios abiertos con la presencia de la ANC utilizada como substituta de la Asamblea Nacional, en la elaboración de leyes y otras funciones, pero sin disolver definitivamente a este organismo, dejando el camino abierto a otras decisiones y negociaciones, que pudieran darse según como cambie la situación. No se cierra posibilidades, todo lo contrario, trata de que existan muchas opciones sobre las cuales trabajar y luego escoger.

El Gobierno difirió las elecciones de gobernadores, aprovechando la ceguera opositora, que despreció las mismas en función de la renuncia, la enmienda, el revocatorio, el juicio y hasta la convocatoria de una Constituyente. Las realiza luego de un año cuando estuvo seguro de ganarlas. De nuevo no hacen elecciones para perderlas, las hacen para ganarlas. Y para ganarlas no por el ventajismo e ilegalidades que comete el CNE, los cuales ayudan al llamado fraude electoral pero no son lo determinante, sino porque con el tiempo recuperan, aunque sea parcialmente, la credibilidad perdida; con el tiempo sus programas sociales hacen efecto sobre la voluntad del elector y lo mismo ocurre con su demagogia; los últimos estudios serios de opinión nos dan la razón completamente en este aspecto. Y con el tiempo también aumentan la desorganización y desesperanzas opositoras. Con la ANC y con la supuesta aprobación de la Constitución el Gobierno no cerrará precozmente las salidas.

La política de abstención se debilita enormemente frente a un referéndum aprobatorio de la Constitución. Muy calificados voceros ya han señalado que en ese caso particular todo el mundo debería salir a votar NO. Esta situación estará en el análisis que haga el Gobierno y junto con otros elementos determinarán su decisión final.

 

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