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Rafael Simón Jiménez: La tortura como patrón y como sistema

 

La muerte del concejal Fernando Alban, y la libertad del joven dirigente Loreth Saleh, luego de cuatro años de prisión en las condiciones más aberrantes, son ambas expresiones del régimen de terror que se ha impuesto desde el poder en Venezuela. Bajo la indeleble marca de la asesoría cubana el gobierno de Nicolás Maduro ha implantado y consolidado un patrón y un sistema de violación cotidiana y sistemática de los derechos humanos, que pretende mediante la represión, los métodos más bestiales de detención y tortura,  y la transgresión de los derechos fundamentales lograr la inhibición, la desarticulación y el miedo de sus adversarios.

Es el modelo que se implanto en la Cuba fidelista, desde la llegada al poder de la malhadada revolución y que comenzó con las ejecuciones sumarias de agentes policiales y jerarcas de la dictadura Batistera, y que luego cuando el nuevo dictador se declaro comunista conto con el apoyo de las tenebrosas agencias de inteligencia y represión de la Unión Soviética y Alemania, la KGB y la Stazi, siendo esta ultima hija legitima de la Gestapo Hitleriana, ambas especialistas en tortura física y sicológica, espionaje colectivo y represión selectiva o indiscriminada, que aseguraran la sumisión y el terror de la población.

El caso terrible del concejal Alban, guarda sin aparente relación, una conexión directa con la situación a la que durante más de cuatro años sufriera en las instalaciones del SEBIN, el joven Loreth Saleh, entregado vilmente por el gobierno del ex presidente colombiano Santos, a las garras del régimen Venezolano, y quien padeciera toda clase de maltratos físicos, síquicos y morales, que incluyeron aislamiento e incomunicación en la denominada “tumba “ de las instalaciones de Plaza Venezuela, una de las ergástulas mas deplorables en la historia de las cárceles venezolanas de todos los tiempos, donde por cierto se encuentra sepultado en iguales condiciones  luego de largos años de encierro, nada menos que el general Raúl Baduel, ex ministro de la defensa y otrora  “héroe de la Revolución Bolivariana “, luego de haber protagonizado el contra golpe que el 13 de abril de 2.002 devolvió al fallecido Hugo Chávez al palacio de Miraflores.

En Venezuela, el sistema represivo impuesto por el régimen, es de violación cotidiana y habitual de los derechos humanos y de todas las garantías impuestas por nuestra vigente constitución. La detenciones sin orden judicial, los operativos terroríficos donde los agentes represivos portan mascaras siniestras y se niegan a identificarse, la utilización de la jurisdicción militar para violar el principio del juez natural, la imposibilidad de los abogados de acceder a las actas del proceso como lo han señalado los defensores del Diputado Requezens, las desapariciones forzosas, las torturas físicas y las llamadas torturas “blancas “ o “blandas “ que pretenden infringir daño y dolor sin dejar huellas, las violaciones a todos los preceptos del llamado “debido proceso “ incluyendo la presunción de inocencia y el principio del juicio en libertad conforman un patrón y un sistema que se corresponde con un régimen represivo, totalitario, inhumano y delincuente.

Todos quienes han tenido la desgracia de pasar por las instalaciones de reclusión de los órganos de represión civil y militar, han dado testimonio de los sufrimientos y las torturas a las que han sido sometidos. En Venezuela en tiempos de dictadura y democracia, siempre existieron excesos y violaciones a los derechos humanos, incluyendo los famosos casos de Fabricio Ojeda, Alberto Lovera, Aguilar Serrada o Jorge Rodríguez, muertos en diversas circunstancias bajo el signo de la tortura, por funcionarios policiales o de inteligencia militar, pero en todos esos casos las sonoras denuncias en el congreso, en los medios de comunicación y en la opinión pública, generaron reacciones que obligaron al enjuiciamiento y condena de los  culpables. En la realidad actual de Venezuela las detenciones arbitrarias, las torturas y tratos crueles, inhumanos y degradantes, no son una eventualidad, sino que obedecen a un patrón, a una maquinaria y a un sistema que avalado desde el poder se impone como una política de estado y cuyo objetivo último es quebrar la voluntad de los adversarios, imponer el miedo, lograr la pasividad por medio del terror.

Aturden los “gritos del silencio “de personajes como José Vicente Rangel otrora adalid de los derechos humanos, quien con despliegue de coraje y compromiso humano asumiera la defensa de los torturados y desaparecidos desde su curul parlamentario en la turbulenta década de los años sesenta. Causa mezcla de asco y repulsión las versiones asumidas por el Fiscal General Tarek Williams Saab, quien en la década de los años ochenta y noventa  del pasado siglo se desgañotara denunciando excesos y persecuciones policiales y ahora desdoblado en celestino del Régimen asume posiciones y explicaciones acomodaticias  e inverosímiles frente a las violaciones  cotidianas  a los derechos humanos y la dignidad de los ciudadanos.

Llama la atención que los seudo comunistas trasnochados, que ahora desempeñan posiciones claves en  el poder, no tengan el menor pudor para asumir el cinismo y la desvergüenza de quienes en la dictadura de Pérez Jiménez e incluso en las primeras décadas de la democracia, alcahueteaban las violaciones a los derechos humanos y las libertades democráticas. Es bueno recordar a quienes participaron en la chapucería y felonía militar del 4 de febrero y el 27 de febrero  de 1.992, el trato indulgente y las medidas de gracia de las que fueron beneficiarios, para dejar sin castigo crímenes horribles cometidos en el contexto de esos alzamientos, y que deberían al menos obligarlos al respeto a quienes con legitimo derecho los adversan.

En la Venezuela del agónico y desacreditado gobierno de Nicolás Maduro, la tortura, los tratos crueles, las violaciones a los derechos humanos y la represión, no es algo eventual o sujeto a los excesos de algún sicópata, desadaptado o bárbaro, sino un patrón bien definido, una metodología habitual y un sistema de terror, denunciado y repudiado nacional e internacionalmente  que tiene como deliberado objetivo tratar de mantener en el poder a un gobierno cada vez mas carente de respaldo popular.

 

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