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Alfredo Michelena: ¡Vamos a descolonizarnos! ¡Abajo occidente!

 

Los venezolanos pertenecemos a la cultura occidental, esa que hunde sus raíces en los valores  judeocristianos. Somos herederos de los griegos, de los romanos y de los europeos. Somos occidentales. Pero ahora el régimen se propone desoccidentalizarnos y a ese fin crea un Instituto Nacional de Descolonización.

Nuestra Venezuela se ha convertido en un traumático laboratorio para toda idea loca que se le ocurra a alguien que huela a socialismo o a comunismo. Esto solo ha producido un cementerio, o dicho en criollo una chivera, de proyectos y programas que o se le ocurrieron Chávez o a la retahíla de asesores e innovadores comunistas y/o tercermundistas del planeta que vinieron a recalar en esta tierra de gracia, que por obra de la providencia está llena de recursos naturales, como el petróleo.

En las dos primeras décadas de este siglo los venezolanos, y por qué no el mundo, hemos sido expuestos a las mayores locuras por el régimen chavista. Es aquí donde el concepto de distopia toma toda su magnitud. Por un lado, al igual que la utopía, es un desiderátum, algo que lo que se quiere llegar, un mundo ideal, pero solo que la distopia es un mundo indeseable.

Hemos pasado por la ruta de la empanada, los gallineros verticales, por oleoductos a través del Mato Groso, ciudades, granjas y empresas socialistas, una economía de trueques y billetes comunitarios, una economía sin mercado o de equivalencias, el Petro, las comunas, la democracia participativa y protagónica, y el ahora olvidado Ministerio para la Suprema Felicidad Social Del Pueblo, entre otras insanias.  Pero ahora el objetivo de esta revolución ha llegado al paroxismo con la creación del Instituto Nacional de Descolonización.

Venezuela es un país occidental con valores judeocristianos, descubierto al mundo por los españoles y colonizado por ellos, aunque los alemanes también lo hicieron -se acuerdan de los Welsares. De los españoles, esos que colonizaron América, adquirimos esos valores.

Venezuela es un “crisol de razas”. Así me lo enseñaron en la escuela y así lo creo y lo siento. Tenemos de indio y de negro. Como decía mi papá, en Venezuela el que no tira flecha toca tambor. Esas culturas también se han hecho parte de la nuestra. Somos occidentales, a nuestra manera.

El chavismo ha hecho lo imposible por cambiar nuestra vocación histórica. Primero nos sacó de la Comunidad Andina formada por los países bolivarianos, pero bolivarianos de verdad, esos que libertó Bolívar. Y nos lanzó hacia un sur con el cual apenas teníamos relaciones. Brasil está al lado, pero nuestra relación ha sido tangencial. Nuestro vecino, históricamente, ha sido y es Colombia. Es más fuimos parte y creadores de la Colombia originaria,  y de allí nos integramos a los otros países bolivarianos. Nosotros somos más caribeños que sureños, pero para allá y por razones ideológicas nos lanzó el finado. Poco duramos. Nos botaron, pero ese es otro cuento. Luego se alió con todos los países que repudiaban al “imperialismo norteamericano” aislándonos de occidente. Ahora andan agarraditos de mano con Rusia, China, Irán, Siria, Bielorrusia  y otros países totalitarios, y desprecian a las democracias occidentales por “injerencistas”.

¿Descolonizarnos? ¿Será igual que desespañolizarnos? Tal vez por eso batieron la estatua de Colón al piso. Quizás siguiendo a Bolívar librarán un decreto a muerte a  los descendientes de españoles y canarios. También, como es su letanía, debemos  descolonizarnos del imperio yanqui. Deslastrarnos de todos los avances de occidente, que deberán ser aborrecidos, desde el teléfono hasta la radio, pasando por el automóvil, etc. etc.

Pero dejando el sarcasmo, porque la cosa es en serio, Maduro creó un Instituto de Descolonización. No, no es broma. Y al frente Ernesto Villegas, aquel que aseguraba que Chávez mejoraba cuando estaba muerto. Por lo menos no crearon un Ministerio como en Bolivia.

El profesor Enrique Dussel, quien llegó a ser rector de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, vino a vender su idea de la descolonización y se la compraron. No es nada nuevo también lo hicieron con Heinz Dieterich y su socialismo del siglo XXI,  y otros, como los españoles vinculados a Podemos que han asesorado y asesoran con cada idea loca al chavismo- se acuerdan de aquella de que la inflación no existe sino que es un invento del imperio.

Dussel define la descolonización de una manera muy simple: acabar con el eurocentrismo. En otras palabras hay que desoccidentalizarse.

Los venezolanos pertenecemos a la cultura occidental, esa que hunde sus raíces en los valores judeocristianos. Somos herederos de los griegos, de los romanos y de los europeos.

Occidente ha impuesto sus valores al mundo. Y aunque la palabra “impuesto” es chocante, hay que reconocer que de la democracia, la libertad religiosa y de pensamiento, eso del libre albedrío y en general los derechos humanos son una conquista occidental. Si no lo creen dense una paseadita por el mundo.

Lo que más nos debe preocupar es cómo reescribirán la historia. Esa que le van a dar a los niños en las escuelas.

Quizás creen el Ministerio de la Verdad Histórica, gemelo del Ministerio de la Verdad que Orwel describe en su libro “1984”. Probablemente acusen a Colón de “colonialista”- aclaratoria para chavistas: colonialista no viene de Colón sino de los que labran la tierra- y le echen la culpa a los españoles de todos nuestros males. Asumirán aquello de “el buen salvaje” de Jean-Jacques Rousseau. Luego vendrán los malvados yanquis. Y así iremos dando tumbos hasta que lleguen los “buenos revolucionarios”, los descolonizadores que dando su vida por el pueblo lograrán liberarnos. Mientras tanto hambre y miseria para el pueblo y, robo y pillaje de los descolonizadores.

 

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