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Gerónimo Figueroa Figuera: Socialismo de Lula rumbo al basurero de la historia

 

Con la aplastante victoria del candidato derechista, Jair Bosonaro, sobre el izquierdista Fernando Haddad, sin ninguna duda marca la ruta para que el partido de Luis Ignacio Lula Da Silva aterrice en el basurero de la historia. Sin embargo, los chulos del comunismo internacional, incluyendo algunos periodistas de medios impresos y presentadores que trabajan como anclas en cadenas internacionales de noticias, se han estado lamentando por la decisión autónoma del pueblo brasileño para elegir a Jair Bolsonaro. Ese comunismo internacional lo ha calificado como ultraderechista “come niños” y antidemocrático por haber realizado una campaña electoral contra la corrupción y la inseguridad personal implantada en Brasil por los gobiernos de Lula Da Silva y Dilma Rousseff como políticas de estado.

En los medios de comunicación y las redes sociales hemos visto en los últimos días como esas viudas lloran a moco suelto porque, según ellos, ahora Brasil tomará el camino antidemocrático, sin embargo, a todos los dolientes, especialmente a los llamados intelectuales de Brasil que hasta última hora hicieron esfuerzos para desprestigiar al candidato Bolsonaro, que si tanto lamentan que el socialismo del siglo XXI haya perdido en su país, pueden acercarse al estado de Roraima que hace frontera con Venezuela y pasar caminando hasta nuestro país donde gobiernan sus socios ideológicos, pero eso sí, deben traer comida y medicinas, por aquí no hay.

Antes de las elecciones en primera vuelta ya mas del 50% de los miembros de la dirección política del partido de los Trabajadores a todos los niveles, incluyendo su máximo jefe, Luis Ignacio Lula Da Silva, están presos por corrupción y lavado de dinero relacionados con el llamado caso lava jato que involucra la gran estafa a la empresa estatal Petrobras y el cobro de comisiones a la constructora ODEBRECTH, que repartió dinero por toda la región latinoamericana y algunos países de otros continentes, donde también han caído tras las rejas políticos y empresarios embarrados por actos de corrupción y lavado de dinero.

La indiscutible victoria con el 47% de los votos que significó mas de 50 millones de votos del candidato Jair Bolnosaro, contra la aplastante derrota del candidato Fernando Haddad, postulado por el lulismo-dilmismo y el PT con apenas el 27% del sufragio de la primera vuelta presidencial en Brasil fue el primer aviso, para rematar con el resultado de 56% a 44% en la segunda vuelta, es claro que para la peste roja del socialismo del siglo 21 y todo lo que huela a castro-chavismo tiene sus días contados en Brasil. Es un farol que se prende para anunciar que la libertad y la democracia están muy cerca para entrar en acción en los países que todavía están contaminados.

También hablan los representantes del comunismo internacional que Bolsonaro no la tendrá fácil en el Congreso de Brasil por contar con solo 52 diputados y que el partido de Lula es el mayoritario tiene 55, pero lo que estos sabiondos no dicen es que el Congreso de Brasil está integrado por 530 diputados repartidos entre 30 partidos políticos nacionales y regionales, con los cuales ya el propio Bolsonaro ha dicho que hablará para asegurar la gobernabilidad en ese país, y para aprobar las leyes contra la corrupción y la inseguridad personal que forman parte de su oferta electoral. En ese sentido no creo que haya partido alguno que pueda negarse.

Jair Bolsonaro, quien es poco diplomático y no habla con palabras matizadas como otros de la región, también dijo que no quería que Brasil fuese mañana lo que es Venezuela hoy, y que estaría ganado para la idea de formar una alianza regional para traer ayuda humanitaria a los venezolanos que están muriendo de hambre y por falta de medicinas. No podemos asegurar que eso se cumpla porque otros candidatos como Macri en Argentina, Piñera en Chile y Duque en Colombia, en sus campañas prometieron “combatir” la dictadura y solo han dedicado el tiempo en llamados de atención. Sin embargo, aunque tenemos claro que Bolsonaro no es diplomático si es un anticomunista hasta los tuétanos.

En todo caso, será el tiempo quien dirá si Bolsonaro como presidente cumpla las promesas porque en campañas electorales se dicen muchas cosas y en el gobierno se hacen otras. Como n dicen en criollo, “no es lo mismo pedir agua, que darla”. Sin embargo, sin la complicidad de Lula y Dilma a favor  dela dictadura, ni la tolerancia sostenida por Michel Temer, el comportamiento de Brasil en la democracia y Derechos Humanos, será otro.

@lodicetodo

geron2ff@yahoo.com

geron2ff@hotmail.com

 

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