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Pedro R. García: Teodoro

 

Se nos fue en medio de la nostalgia de la ciudad, con sus opacidades lluviosas, con sus homenajes a los difuntos, olvidada por sus gobiernos y ciudadanos, con sus celebraciones cristianas y paganas, que hace inevitable pensar en la muerte. Observando como alrededor, como nuestro país se va replegando sobre sí mismo, han cayado los viejos pregoneros sobre  todo los del vespertino el Mundo ¡el Mundo¡ el Mundo¡ como entre otros presurosos se les escuchaba anunciar eran parte del entorno hoy no se escuchan , por que ya no están, reverdecen gracias a Dios las hojas que disimulan algunos ya averiados troncos de los árboles. Es fecha de celebración se evocan a los caídos en su batalla por la vida, muchos sin cumplir su ciclo vital, creo que Teodoro lo cumplió, voy recoger algunas de las expresiones de Federico Vegas cito: “Otra característica que admiro de Teodoro es la manera en que sus pensamientos guían a sus acciones. Su paso desde los métodos violentos a una política de paz fue guiada por sus lecturas y sus escritos. Su honestidad hacia sus ideas se manifiesta con transparencia en su manera sencilla de vivir. Insisto en que no conozco a un hombre que haya estado más cerca del poder y más lejos de sus beneficios y de nuestra comprensión la capacidad de inventar mentiras”. Tema para la meditación y la reflexión, tareas propias de quienes ejercen y los que aspiran al ejercicio de la política.. Pensar sobre la muerte nos lleva a muchos territorios de la conciencia, nos despierta innumerables preguntas que no sería prudente soslayar, a pesar de que nuestra cultura  y nuestras costumbres nos conminan a dejar de lado una de las pocas certezas que tenemos y al mismo tiempo uno de los grandes misterios. En contraste con esta insensatez actual, el poco aprecio por la vida del otro, que no hace olvidar un hecho tan cierto, sabemos que todas las culturas y religiones han proporcionado respuestas y claves para encarar ese trance inevitable de la mejor manera posible. También lo han hecho los grandes sabios que han legado a la Humanidad sus hallazgos, desde el libro de los muertos egipcio, hasta el tibetano Bardo Thodol, desde El Bhagavad Gita hasta Platón y Marco Aurelio. Un estudio comparado de éstas y otras aportaciones nos ayuda a descubrir elementos comunes, presentes en todas las interpretaciones. No es éste un intento para analizar este asunto en profundidad, pero sí podemos apuntar algún rasgo fundamental en el que coinciden los textos ilustrados: por una parte, que es necesario aprender a morir por medio de una vida que se acerque lo más posible al ideal de la Conciencia, por más que se trate de un trance natural y común a todos los seres humanos y por otra, que la muerte no es más que un paso a otro plano ignoto. Esta afirmación encierra uno de los grandes secretos que nos han transmitido todas las religiones en sus los textos sagrados: el de la inmortalidad de nuestra alma, que vence a toda muerte, como la luz que atravesará las sombras del otoño y el invierno, para brillar triunfantemente la próxima primavera.

En el país hay un forzado simbolismo que pretende hacernos ver hermosas mañanas, a través de una riada de expresiones exóticas exportadas de algunas las latitudes. Lo ridículo al lado de lo sublime, lo obtuso se nos muestra como, genial, agudo, original, grato, y obligatorio.

Las estridentes carcajadas frente a cualquier nimia observación de los que se presumen ungidos en la conducción del país, suenan más bien como sollozos histéricos, una especie de misántropos insólitos, de un mundo incorpóreo en el que ellos mismos están extraviados. Ebrios con la infusión del poder; cuando intentan sonreír solo muecas. Pareciera que uno de los tantos misteriosos virus que ellos denuncian los aniquila produciéndoles alegría, algunos en sus intentos de volver a la senda perdida, una ironía amarga. Se complacen en empuñar la esponja con hiel y vinagre, que en la vara del ademán sarcástico, alcanza los resecos labios del paciente que sentado en la emergencia de algún centro asistencial, espera y sufre…  sufre espera., parado en el borde de alguna bodega, o lujoso automercado, cansado espera. Y en los labios de ellos los ungidos, sus carcajadas como hipos de burla, desprecios sacrílegos, elocuentes salivazos de lujuria en el ejercicio obsceno del poder, una especie de vino orgiástico.

Allá en lo eterno el a quien supones eterno, él ríe y se ríe de sus dolores, sus lagrimas no se ven se adivinan. Y se ¡seca su llanto con secretos suspiros!

El significado originario de defunción en latín defectus no aplicada para los romanos con la idea de muerte, sino  que se empleaba, como adjetivo, a la persona que había saldado alguna cuenta o cumplido con alguna obligación. Teodoro tu cumpliste con tus obligaciones.

Con afecto y respeto,

Pedro R García

 

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