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Rafael Simón Jiménez: Gobernar  sobre la destrucción y la miseria.

 

Si un ápice de sensatez, incluso de instinto de conservación político pudiera anidar en las mentes de quienes en mala hora gobiernan a Venezuela, su actitud debería ser la de propiciar ellos mismos una transición y un cambio político que pudiera preservarlos a futuro, y que le permitiera a Venezuela sin un costo social y humanitario mayor al ya  pagado  iniciar su reconstrucción económica. Social, institucional y moral luego de tantos años de destrucción y disparates.

Cada día que se prolonga la agónica presencia de estos incapaces y depredadores en el poder, el costo que pagan los venezolanos en términos de hambre, padecimientos y perdida extrema de calidad de vida es demasiado grande tolerarlo. La existencia de la población se ha convertido en un autentico caos en una “tormenta perfecta “de carencias, sufrimientos y necesidades: no hay comida, no hay medicamentos, servicios esenciales como electricidad, agua potable, conexión telefónica, gas domestico, gasolina son espasmódicos anunciando el colapso definitivo. No resulta exagerado predecir que Venezuela, el país con las  mayores reservas mundiales probadas de petróleo pudiera quedar paralizado por carencia de energía.

El fracaso rotundo e inmediato del último de los tantos planes económicos planteados desde el gobierno, y destinados a la supuesta “recuperación y prosperidad “ , habla por si solo de la imposibilidad de que el régimen pueda siquiera aliviar las penurias que el mismo ha propiciado con sus anacronismo, con su olímpica incompetencia, pero sobre todo con su inigualable capacidad de saqueo al patrimonio y tesoro publico, que ha hundido al país en una situación de deterioro  ruina sin precedentes que pagan a diario sus habitantes flagelados por un situación que combina como nunca antes inflación, devaluación, escasez, especulación, de la que solo logran escapar quienes en su desesperación por la sobrevivencia se lanzan  una diáspora  y una huida que y suma a mas de 3 millones de venezolanos y que ejerce un efecto desbordante y perturbador en el vecindario suramericano.

Acometer titánica tarea de reconstruir desde la ruina y la destrucción a Venezuela requiere al menos tres condiciones prioritarias: ideas claras es decir un plan bien pensado y estructurado que ataque en primer termino los sectores neurálgicos de nuestra economía como PDVSA cuya situación de improductividad y deterioro, imposibilita generar los recursos indispensables para la reactivación y el relanzamiento del conjunto de las actividades productivas. En segundo término un equipo capaz, competente, eficiente y honesto que gestione sobe la realidad las políticas y soluciones. Y en tercer lugar un  fuerte financiamiento internacional en un pool de aportes que incluya prestamos de los organismos multilaterales, asistencia técnica, cooperación, ayuda y donaciones provenientes de países solidarios y organismos técnicos, para poder empujar con fuerza y atender los requerimientos de ese desafío. Ninguna de esas condiciones sine qua non esta al alcance de quienes nos desgobiernan, y cuya ecuación terrible pareciera ir en sentido contrario a lo requerido al tener ideas obsoletas, concepciones anti históricas, incapacidad e incompetencias y estar demás bloqueados y proscritos por  la comunidad financiera internacional que les reprueba su carácter maula y forajido.

De manera que cada día que por la fuerza este gobierno prolongue s existencia, su costo en términos de muerte, enfermedad, padecimientos, pobreza y destrucción será mayor, y los que se aferran al poder defendiendo seguramente impunidad, riqueza y privilegios, cargan sobre sus conciencias la tragedia venezolana, pero demás asumen la  responsabilidad de restar toda viabilidad de futuro a esa extraordinaria fuerza popular que algún vez respaldo al difunto Hugo Chávez, y que hoy engrosan a la legión de compatriotas que pasan mayor hambre y necesidad.

Una negociación política para empujar una transición que permita a Venezuela reconstruirse en paz y democracia lo antes posible, debería ser la formula pertinente frente a una situación cada día más grave que amenaza con desembocar en el hundimiento colectivo y el colapso. Quienes se empeñan en medrar  en el poder, luego de largos años de ruina y destrucción, no perciben que cada día que se prolonga su agonía política, se paga con la sangre y el sufrimiento de los venezolanos.

Por eso un buen consejo par quienes por la fuerza se empeñan en continuar en el poder, se traduce en un categórico; Váyanse no sigan haciéndole daño a Venezuela.

 

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