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Rafael A. García: El fantasma de Maquiavelo ronda los pasillos de la “ANC”

 

Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu

Los tiranos, una vez saciada su ferocidad se vuelven bonachones; todo volvería a la normalidad si los esclavos, celosos, no pretendieran también saciar la suya.  La aspiración del Cordero a convertirse  en lobo origina la mayoría de los acontecimientos. Quien no tiene colmillos sueña con ellos; desea devorar a su vez y lo logra por la brutalidad del número.

La Historia, ese dinamismo de las víctimas.

E.M. Cioran.

El “Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu”, escrito por el abogado antibonopartitsta francés Maurice Joly en 1864 como panfleto contra Napoleón III (cuya toma del poder y acción de gobierno la expone el despiadado Maquiavelo con todo detalle), es una de las obras maestras de la Teoría Política de todos los tiempos.  Sobre todo, es una escalofriante llamada de atención: nos descubre que es relativamente sencillo convertir una democracia en un régimen autoritario sin necesidad de abolir las instituciones representativas y, lo que es peor, con el apoyo entusiasta del pueblo:

Hay quienes opinan que las ideas centrales del “Diálogo” siguen estando plenamente vigentes hoy en día.  Jean-François Revel, por ejemplo creía que podría servir como critica feroz al Gobierno personalista del General De Gaulle, sin cambiar una coma; Fernando Savater también opinó en el  prólogo que escribió para la edición Española en 1982 que muchas  de las advertencias del “Diálogo” podían aplicarse a la situación de la España de aquel entonces.

Echemos un rápido vistazo a estos pasajes y díganme si no parece que están escritos pensando en el avieso  intento de modificación de nuestra Constitución y su pretensión de legitimación por los poderes constituidos.  Recordemos que Joly los Publico en 1864.  Esta sí que es capacidad profética dejando pálidas las de Nostradamus.

[Maquiavelo, vagando por la desierta playa que es el infierno, encuentra a Montesquieu. Tras expresarse su admiración mutua, ambos comienzan a conversar sobre la organización política de los pueblos. Maquiavelo sostiene que, aunque la Historia avance y las sociedades evolucionen, la fuerza y la astucia siguen siendo los elementos fundamentales para gobernar un país. Montesquieu, en cambio, afirma que la evolución política de las sociedades les impide renunciar a las libertades que han ido adquiriendo, y desafía a Maquiavelo a explicarle cómo convertiría un Estado, fundado sobre instituciones representativas y familiarizadas con la libertad, en un régimen despótico. Maquiavelo procede entonces a explicar cómo tomaría el poder y cuáles serían sus primeros pasos, entre ellos el de hacer aprobar una constitución.]

Maquiavelo: Realizo un progreso al que hoy en día aspiran con vehemencia todos los pueblos de Europa: como Washington en Estados Unidos, organizo el sufragio universal, y el primer uso que de él hago es el de someterle mi constitución.

Montesquieu: ¡Qué decís! ¿Se discutirá en asambleas primarias o secundarias?

Maquiavelo: ¡Oh!, desprendeos, os lo ruego, de vuestras ideas del siglo XVIII, ya no son las de estos tiempos.

Montesquieu: Pues bien, ¿de qué manera entonces haréis que se delibere sobre la aceptación de vuestra constitución?, ¿cómo se discutirán los artículos orgánicos?

Maquiavelo: Es que de ningún modo pretendo que se los discuta; creía habéroslo dicho.

Montesquieu: No he hecho nada más que seguiros sobre el terreno de los principios que vos mismo habéis escogido. Me habéis hablado de los Estados Unidos de América; no sé si sois un nuevo Washington, mas no cabe duda de que la actual constitución de Estados Unidos fue sometida a la discusión, la deliberación y el voto de los representantes de la nación.

Maquiavelo: Por amor de Dios, no confundamos las épocas, los lugares y los pueblos: nos encontramos en Europa; mi constitución es presentada en bloque y es aceptada en bloque.

Montesquieu: Pero al actuar de esa manera todo el mundo quedará a ciegas. ¿Cómo, votando en tales condiciones, puede el pueblo saber lo que hace y hasta qué punto se compromete?

Maquiavelo: ¿Y dónde habéis visto que una constitución realmente digna de ese nombre, en verdad durable, haya sido jamás el resultado de una deliberación popular? Una constitución debe surgir completamente armada de la cabeza de un solo hombre, de lo contrario no es más que una obra condenada a la nada. Sin homogeneidad, sin cohesión entre sus diferentes partes, sin fuerza práctica, llevará en sí necesariamente la impronta de todas las debilidades conceptuales que han presidido su redacción.

 

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