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Enrique Meléndez: Teodoro Petkoff

 

Sin duda, que Teodoro Petkoff fue el gran líder de nuestra generación, sobre todo, en nuestra juventud durante la década de 1970; cuando funda un partido político; una disidencia dentro del Partido Comunista de Venezuela, que se va a convertir en el Movimiento al Socialismo (MAS), y que comienza por la publicación de un libro, titulado “Checoslovaquia: el socialismo como problema”, y el cual sale a la luz, en un momento en que ha ocurrido la invasión a Checoslovaquia por parte de los soviéticos; alegando que el régimen, que impera allí, presenta unas ciertas desviaciones pequeño burguesas; perteneciendo a la órbita de la entonces conocida como Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) o a la Cortina de Hierro, como se le llamaba a este mundo de la Europa del Este; que había arropado el imperio ruso comunista, a raíz de la II Guerra Mundial; una vez que Roosvelt, Churchill y Stalin deciden repartirse el mundo, cuyo núcleo era Moscú; aunque más bien se hablaba en la época de bloques de poder; y así se decía, perteneciente a la órbita de la URSS; aun cuando, en vista de que la opinión pública era de izquierda, entonces sí se admitía hablar de un imperialismo yankee; pues había una élite de intelectuales, que se expresaban por la prensa, sobre todo, de pensamiento nacionalista, pues el nacionalismo era una de las pocas ideologías, que exacerbaban el espíritu de los latinoamericanos; consecuencia de la entonces llamada Guerra Fría, y que, en ese sentido, miraban con horror las llamadas incursiones, que hacían los EEUU en la defensa los satélites de su órbita. He allí el tiempo en que se vivía como en una especie de reposo entre ambos bloques de poder; pero un reposo tenso, y que se vio casi interrumpido por el famoso caso de los misiles de Cuba; caso que estuvo a punto de desatar la III Guerra Mundial, y que mantuvo al mundo en suspenso; tomando en cuenta la magnitud de la misma en términos armamentísticos; pues habíamos entrado a la era atómica, y lo que se temía era que esta guerra, dada esa magnitud nuclear, con la que se había dotado cada bloque de poder, acabara con el mundo entero.

Empezando por el filósofo francés Jean Paul Sartre, el más notable de dichos intelectuales, y quien se negaba a admitir ese carácter imperialista de la URSS; un sistema mucho más represivo, que el sistema de la democracia estadounidense, y, lo más grave de todo, quien se negaba a admitir, asimismo, que existían allí campos de concentración; como lo demostraría en esa época el famoso libro “Archipiélago Gulag” del escritor ruso Alexander Solzhenitsyn. De modo que eran pocos los intelectuales o los pensadores políticos de izquierda los que se atrevían a denunciar el carácter neo-imperialista del socialismo moscovita; llegando a ser Petkoff uno de ellos, y a quien de inmediato se le califica de revisionista, incluso, por las propias autoridades soviéticas.

Revisionista era en aquella época, aquel sujeto que se atrevía a impugnar la famosa ideología marxista-leninista, y la cual no dejaba de ser un dogma, incluso, a partir de ahí; pues dicha ideología terminó convirtiéndose en una religión, y en donde la historia le daba la razón al propio Marx, por cosas del destino, cuando decía que la religión era el opio de los pueblos. Obsérvese que estamos ante una tiranía, donde se daban casos de que determinado sujeto, condenado a muerte, frente al pelotón de fusilamiento, moría dándole vivas a Stalin o a Lenin.

Fue en ese momento cuando Petkoff comenzó a asomar la idea de un socialismo democrático; un socialismo donde se respetara la propiedad privada y el derecho a la disensión; es decir, los principios supremos de todo régimen de libertades, que fue lo que más llamó la atención de nuestra generación; criada y formada en los años dorados de nuestra República civil, y de modo que nos plegamos al proyecto del MAS, cuyo líder de más alto perfil era él; en especial, porque a esa visión novedosa, que tenía de lo que serían las luchas revolucionarias; le sumaba una brillantísima elocuencia.

Recuerdo que en el año 1974, a raíz de un mitin, que hizo el MAS en el Nuevo Circo de Caracas, recién comenzado el entonces primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, la gente le gritaba, en momentos en los que a él le tocó ser orador: “¡Púyalo Teodoro!” En efecto, se trataba de un personaje legendario; unido a su personalidad carismática; a propósito de una serie de peripecias, que había llevado a cabo a lo largo de su vida, sobre todo, las relacionadas con su situación de perseguido político por los regímenes, a quienes se les alzó en armas, de acuerdo a la línea política de la organización, en la cual comenzó a militar desde la década de 1950, el PCV, que al comienzo de la década de 1960 decreta la lucha armada, con la intención de derrocar al gobierno de Rómulo Betancourt, a imagen y semejanza de lo que había hecho Fidel Castro en Cuba; peripecias que ocuparon el vilo hasta de García Márquez, quien escribió una larga crónica, al respecto, así como muchos de sus otros amigos; cuyos textos han sido reproducidos en esta ocasión, en que a raíz de su muerte han aparecido, para honra de su memoria; como las crónicas, que han venido saliendo en estos días, y que no sólo se ocupan de aquellos instantes de su vida de perseguido o preso político, sino de lo más reciente suyo; pues no se olvide que estamos ante un hombre muy curtido en la política; llegando a ser, incluso, candidato presidencial; cuando no, alma del equipo de gobierno de Rafael Caldera, en el tiempo en que le tocó a su partido ser gobierno, y asumió el despacho de la Planificación, alcanzando un cierto éxito, visto que su plan de ajuste económico, a la larga equilibró la economía; además de director de periódicos, donde tuvo una actuación muy destacada en esta materia, una vez que se retira de la política.

melendezo.enrique@gmail.com

 

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