Inicio > El pizarrón de Fran > El pizarrón Opinión > Jesús Alexis González: Economía negra, sustento del narcoestado venezolano

Jesús Alexis González: Economía negra, sustento del narcoestado venezolano

 

Permítasenos iniciar con una interrogante: Cómo Venezuela sin solicitar financiamiento internacional (no necesariamente al FMI), y habiendo acumulado cinco años de recesión en razón a la caída del precio del petróleo y del colapso de la producción petrolera (generadora del 96% del ingreso nacional) al tiempo de una insaciable corrupción; ¿ha podido mantener su política de dominación social apuntalada por una continua emisión de masa monetaria de corte populista?

La economía negra, también denominada economía sumergida, hace referencia a un conjunto de actividades económicas ilegales habida cuenta que una parte significativa de la masa monetaria y de los bienes o servicios en circulación están al margen de la ley; siendo por tanto casi imposible medir su tamaño, pero su existencia se hace obvia ¡cuando el gasto nacional excede el ingreso nacional! dejando en evidencia que la economía negra crece a costa de la economía formal.

El término narcoestado, alude tanto a un territorio donde el narcotráfico es un actor político que le disputa el poder al Estado, como también una firme relación entre el gobierno y las asociaciones criminales hasta constituir una alianza entre el narcotráfico organizado y el Estado, al punto que los narcos se convierten en actores económicos importantes y casi imprescindibles.

En septiembre 2017, el entonces Secretario de Estado de EE. UU para la Seguridad y la Lucha Antinarcóticos, William Brownfield, señaló: “La expresión de narcoestado, quiere decir un Estado cuyo Gobierno está dominado por la industria de la droga ilícita. Y digo yo que, en este momento, Venezuela se acerca a ese punto”.

Como es del dominio público, la guerrilla colombiana propició el tráfico de cocaína por Venezuela hacia EE. UU y Europa en momentos cuando las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC) constituían uno de los principales narco-carteles del mundo, y su producción salía por nuestro país en una cantidad superior a unas 400 toneladas anuales con una impunidad aproximada al 95% (Instituto de Ciencias Penales y Criminológicas, UCV). En el presente, los disidentes de las FARC (aquellos que no se acogieron al “Acuerdo de Paz”) convirtieron la frontera con Venezuela en su “retaguardia estratégica” al tiempo que las principales ciudades fronterizas pasaron a conformar el refugio de comandantes guerrilleros; mientras que en paralelo el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que desde hace más de 20 años está localizado en Apure y Zulia, ahora se ha expandido a Táchira y Amazonas.

Sea oportuno citar, una investigación de campo que por más de tres años adelantó la Fundación InSight Crime ( publicada en mayo 17, 2018), donde se destaca, entre otros muchos puntos de importancia: 1.- “Las estructuras narcotraficantes en el Estado venezolano no son un cartel, sino una serie de redes muchas veces antagónicas enquistadas dentro del régimen chavista, con nexos que se remontan a casi dos décadas”; 2.- Venezuela se “convirtió en guarida de los criminales colombianos dedicados al narcotráfico, con la venia y participación del gobierno de Nicolás Maduro”; destacando de igual modo que “durante el conflicto armado, los altos mandos guerrilleros de las FARC y de del ELN encontraron refugio en las fronteras del territorio vecino, con el apoyo del ex presidente Hugo Chávez; 3.- En el presente, “el gobierno venezolano no solo permite el libre tráfico, sino que participa en muchas de sus economías ilegales”; y 4.- “Con la reelección-no reconocida internacionalmente- de Nicolás Maduro habrá un aumento en el flujo de cocaína hacia Venezuela, se fortalecerán los grupos armados ilegales colombianos y, con ellos, las economías criminales a lo largo de la frontera colombo-venezolana”.

Resulta importante destacar, que el fortalecimiento del narcotráfico en Venezuela se corresponde con la expulsión de la DEA en 2005, complementada tal acción con la suspensión del acuerdo de sobrevuelo para monitoreo de narcovuelos, y con la aprobación de la Ley Orgánica contra el Tráfico Ilícito y el Consumo de Sustancias Estupefacientes donde la competencia sobre investigaciones y operaciones antinarcóticos se extendió a todas las ramas de las fuerzas armadas.

La diabólica alianza del actual régimen venezolano con el narcotráfico internacional, es consecuencia directa de la malversación de más de US$ 750.000 millones que ingresaron al país entre 2004 y 2015 de los cuales mediante la corrupción se desvanecieron unos US$ 300.000 millones; hecho que condujo, aparte de la pérdida de valores éticos y morales, a un país en bancarrota ya que igualmente propiciaron la paralización de la industria petrolera al extremo que para abril 2018 la producción de PDVSA apenas alcanzó 1,5 millones b/d (según la OPEP), muy alejado del promedio histórico de 3,2 millones b/d. Vale resaltar, que para al menos mantener el nivel de producción de 1,5 millones b/d se requiere de 55 taladros activos siendo que de los tradicionales 110 taladros en operación en los campos petroleros (al cierre del 2015) en la actualidad ¡no llegan a 36!

En tal contexto, los ingresos petroleros de Venezuela cayeron desde US$ 121.000 millones en 2014, hasta US$ 72.200 millones en 2015, US$ 48.002 millones en 2016, US$ 16.000 millones en 2017, y para 2018 (con mucho optimismo) pudieran situarse en US$ 25.000 millones. Adicionalmente, y agravando la situación, la Consultora noruega Rystad Energy sostiene que Venezuela NO cuenta con las mayores reservas petroleras del mundo que según el régimen asciende a 302.300 millones de barriles mientras que para la citada Consultora las reservas totales recuperables totalizan 75.000 millones de barriles (menos de un cuarto de la cifra “oficial”); habida cuenta que las reservas localizadas en la Faja del Orinoco exige de un elevado volumen de crudos ligeros y medianos para diluirlo, hecho que lo convierte en poco comercial en razón de ser un crudo viscoso cuyo costo de explotación supera el precio promedio de venta.

Ante el colapso de la industria petrolera, el régimen está ahora “liquidando” el oro, diamantes y demás minerías en una desesperada estrategia para obtener escuálidos ingresos como complemento a lo aportado por la economía negra.

Reflexión final: Variadas y profundas inferencias pueden emanar cuando se analiza el ambiente que subyace en un Estado donde tiene preponderancia la economía negra; de nuestra parte, y para el caso de Venezuela, apuntamos sobre la necesidad de diferenciar la importancia que nos confiere la comunidad internacional, y especialmente EE. UU, como una inquietud geopolítica ligada al narcotráfico, muy por encima de nuestras propias penurias internas. El tema de rescatar nuestra DEMOCRACIA, ha de asumirse como ¡un reto social compartido!

 

Loading...

Te puede interesar

Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Traducción »