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No es un chiste: En Venezuela el Gobierno también acabó con el aire

 

Como una triste metáfora de lo que somos, ni siquiera aire se consigue en Venezuela. Y no digamos aire limpio, que entre la basura, las aguas negras que circulan libremente por las calles, las enfermedades que viajan tranquilazas y la contaminación que lanzan los autos viejos, el aire limpio se ha convertido en un imposible.

Elizabeth Fuentes

Tampoco hablamos de aires de libertad, que tan bonito suena en cualquier discurso a la hora de buscar votantes: con centenares de presos políticos, medios de comunicación cerrados, líderes políticos y periodistas perseguidos, así como el país sometido a la esclavitud que implica aceptar mansamente lo que diga o haga el régimen a cambio de una caja de comida, los aires de libertad huelen mal, a podrido, a Pudreval, a guiso militar y gases lacrimógenos.

Sobreviviendo con el agua al cuello, respirando a veces y cuando se puede, la mayoría de los venezolanos sufrimos la asfixia por partida doble, porque no solamente se nos dificulta la vida pura y simple de cualquier mortal – hacer mercado, comprar una lavadora, ir a un cine con los amigos, jugar con los hijos en los parques-, sino que se nos obliga a ser testigos del aire sucio que rodea a quienes han hecho nuevas fortunas a costa nuestra. Aquellos que pueden asistir – como Nicolás y Cilia-, al “Bar 1956” en el lujoso y recién remodelado Hotel Humboldt, para disfrutar de tragos y comidas que se deben pagar en dólares.

Los que construyen edificios hiper modernos en las mejores urbanizaciones del este de Caracas. Los que viajan en primera clase o en sus avionetas privadas para disfrutar sus vacaciones en las villas que han adquirido en Florida o Madrid, los mismos que han asaltado al país pistola en mano y nos tienen secuestrados desde hace veinte años con una bolsa en la cabeza para que no veamos ni sepamos lo que hacen esos bandidos.

Pero como triste metáfora de lo que somos, repito, la falta de aire le llegó también a Pdvsa. Y no porque esté a punto de morir sino porque ya ni siquiera aire tienen las estaciones de servicio. Como un chiste malo, los que expenden la gasolina (cuando hay), le dicen al cliente que lo necesite “no tenemos aire”. Y el cliente se tiene que ir con los cauchos a medio llenar, en busca de aire quién sabe dónde. A esos extremos nos han llevado las caricaturas de gobernantes y ministros que han paseado por todos los organismos dejando nada, puro aire.

Con su catecismo intacto, felicitando a nadie por la “Revolución de Octubre” en Rusia, como hizo el presidente hace poco, y oxigenando a sus amigos de La Habana -paradójicamente su respirador artificial-, los ineficaces no logran ver más allá de sus narices ni siquiera cuando de Cuba se trata, país que adoran pero del cual solo replican sus defectos.

Porque mientras en Venezuela nos ahogamos en basura y dejamos de respirar por falta de medicinas o comida, en Cuba cohabitan cientos de empresas extranjeras, empresas privadas que, solo este año, han atraído inversiones por 474 millones de dólares para el Puerto de Mariel. Allá están los vietnamitas y su empresa ViMariel S.A., que desarrollará un parque industrial donde instalarán fábricas de materiales de la construcción, concesión que otorgó el régimen por 50 años prorrogables. Y están las corporaciones de China, Brasil, Francia, España y hasta Estados Unidos, con quien Cuba desarrollará la primera compañía biotecnológica para importar a Norteamérica medicamentos contra el cáncer.

Que tan bien le va a las empresas privadas extranjeras en Cuba, que el amigo del Gobierno venezolano, el presidente español Pedro Sánchez, visitará Cuba la semana próxima para “intensificar las relaciones entre ambos países y sus intercambios económicos y comerciales”, como dijeron fuentes de La Moncloa. Porque en Cuba hay más de 200 empresas españolas y en el atractivo sector turístico, los inversionistas españoles encabezan la competencia. De hecho, Cuba recibió 899 millones de euros de España solo en 2017 y se ubicó como segundo país receptor de exportaciones españolas en el Caribe.

Que hasta el aire limpio de Cuba – no hubo casi autos circulando durante 40 años-, lo han aprovechado los negociantes de la isla para venderlo carísimo a quienes se quieren alejar de la polución y conocer sus playas limpias y cristalinas, vaya ironía.

Pero ni eso van a dejar los chavistas cuando finalmente abandonen el poder. Una gran nada contaminada en todas sus acepciones.

 

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