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Rafael Simón Jiménez: La tragedia venezolana; Un gobierno destructivo y una oposición desaparecida

 

La verdadera tragedia de La situación venezolana, se resume,  en un gobierno destructivo, desastroso, desacreditado y maula, que se sostiene a duras penas sobre la coacción, la intimidación y la fuerza, y una oposición que se ha condenado a si misma a la dispersión, la atomización y la irrelevancia. En todos los países de la tierra donde un gobierno fracasa, existe frente una alternativa, un movimiento y una propuesta que canaliza las opciones de cambio, y que incluso motoriza y moviliza las fuerzas de  cambio de la sociedad cuando los que están en el poder se resisten autoritariamente a dejarlo.

El hambre, la pobreza, la extrema necesidad a la que han sido condenados los venezolanos, por el estrepitoso fracaso del régimen, genera en todos los sectores sentimientos crecientes de repudio, insatisfacción y rechazo a sus capitoste, al igual que grandes deseos de cambios, que desafortunadamente no encuentran un liderazgo, un movimiento o una organización capaz de transformarlos en voluntad indetenible de transformación, empujando una transición que tendría el respaldo casi unánime del país.

Resulta una mentira gigantesca afirmar que existe resignación  o pasividad en el pueblo venezolano frente a las calamidades y penurias que acogotan su cotidiana existencia, la realidad rebate incontrovertiblemente este aserto. Solo en el pasado mes de octubre se sucedieron en Venezuela casi un mil protestas, es decir más de 30 diarias en distintos escenarios y por distintos motivos. Sectores sindicales reclaman la confiscación de su salario derretido por la reconversión monetaria y la hiperinflación, los sectores gremiales denuncian las situaciones deplorables en que funciona la salud, la educación y los servicios elementales, los pobladores de las barriadas populares reclaman los cortes de luz, el racionamiento del agua, la falta de gas domestico, los estudiantes reclaman condiciones mínimas para acceder a sus centros educativos, a lo largo y ancho de la nación la gente protesta y eleva sus exigencias, sin encontrar en las organizaciones opositoras interlocución ,vinculación y audiencia a sus múltiples problemas.

La ciudadanía esta activada, movilizada, reclamando en la calle el desastre en medio del cual se está viviendo, pero esta actitud y este estado de conciencia para transformarse en fuerza de cambio requiere de conducción, de liderazgo, de un mensaje y una plataforma que viabilice los cambios democráticos, y esa exigencia no encuentra en los dirigentes de la oposición receptividad, ni un cambio de actitud que les permita colocar el interés colectivo y la tragedia que viven los venezolanos por encima de sus intereses, ambiciones, parcialidades o granjerías. Un gobierno calamitoso que hace ya tiempo debió salir de Miraflores prolonga el sufrimiento de los venezolanos por la ausencia de un planteamiento, de una organización y de una voluntad unitaria  que se proponga como objetivo único el rescate de la democracia venezolana y la reconstrucción económica, social, ética e institucional  del país en un ambiente de paz y libertad.

No resulta exagerado afirmar que la pandilla que gobierna en Miraflores, se sostiene sobre la división, atomización y desacuerdos de sus adversarios, constituyéndose en un hecho vergonzoso que es visto con mezcla de lastima y rechazo desde la comunidad internacional que extremando su solidaridad con Venezuela y sus presiones sobre el régimen visualiza que es la ausencia de una alternativa unitaria y lucida el verdadero obstáculo para avanzar hacia la transición que libere a Venezuela de la tragedia que hoy flagela a sus ciudadanos.

El caso Venezuela es quizás una experiencia única en el mundo contemporáneo. Un país destruido, arruinado, supliciado, sometido  a una mezcla e opresión y miseria por un cogollo inescrupuloso y desalmado, y una oposición que se niega a sí misma, y que ni siquiera sobre las ruinas de su país es capaz de colocar a un lado motivaciones subalternas e indignas, y colocarse la altura del reclamo y la exigencia de un país que sencillamente no aguanta más.

 

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