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Gustavo Tovar Arroyo: Delirios en el destierro

 

El delirio de ser tú

Hace dos semanas no escribí, estaba fatigado, aunque intenté pasar desapercibido agradecí tu inquietud por mi ausencia, me sorprendiste, me di cuenta de que el quehacer nos tiene atados. Mis entregas –ya te lo he dicho– son agonías, sobresaltos, pocas veces entusiasmos, escritas contigo a coro. Tú escribes tu angustia, yo escribo contigo la mía: somos Venezuela.

Nuestra voz es el delirio de nuestro tiempo.

El delirio de ser venezolano

Escribir en el destierro es un rito más bien sentimental, intentamos relatar emociones que son zozobras. Alguien debe intentar hacerlo sin tanto sesudo análisis, sin fastuosas retóricas que no dicen nada, sin malabarismos verbales que más que mostrarnos lo vivido, lo desbaratan, lo disfrazan o lo ocultan. Tú y yo no hacemos eso, ¿para qué?

Ni disfrazamos ni ocultamos, vivimos. Somos venezolanos y padecemos una auténtica maldición.

¿Deliramos?

El delirio de ser esperanza

Sé que sientes rabia, lo sé. Yo también la siento, mucha rabia. Pasan los días, los meses, los años y se eterniza nuestra tragedia. Cierra el año 2018 y nosotros seguimos de lamento en lamento, somos una nación derrotada.

Te lo escribo en secreto a ti, esto es entre nosotros, tú y yo, solo tú y yo, no es oportuno que sea público, podría minar aún más el ánimo de la gente…, la esperanza.

¿Escribí esperanza?

El delirio de ser asesino

Sé que te provocaría agarrar una ametralladora y comenzar a dispar a diestra y siniestra contra los verdugos de nuestro tiempo, lo sé, no lo digamos públicamente, pero lo sé. A mí me sucede exactamente lo mismo: una ametralladora, cien granadas, tanques, puñales, bombardeos, toda vaina que aniquile tiranos, tiranías, criminales de lesa humanidad.

Pero no lo hacemos ni lo haremos, nosotros lamentablemente no somos como ellos, nunca lo seremos. A veces deliramos, pero no lo somos.

¿Lamentablemente?

El delirio de ser cadáver 

Entiendo tu frustración porque es la misma que la mía: somos siameses del mismo fracaso, algo está visiblemente despedazado en nosotros, Venezuela apesta a cadáver. Y tú eres venezolana o venezolano, y yo también. ¿Entiendes?

Acepta estas palabras en la intimidad, nuestra intimidad, como si nada ni nadie existiera, solo tú y yo, soldados maltrechos después de una guerra de años, una guerra donde todos los generales han sido encarcelados, heridos, han muerto, se han rendido o han desertado. Donde solo quedamos tú y yo, arrinconados en una ratonera, escondidos de nuestra propia vergüenza, ocultándonos –sin lograrlo– de nuestro penoso destino.

Tú y yo, náufragos de la tiranía.

El delirio de ser amante

Y si tu belleza como mujer venezolana la has ganado porque has luchado, y si nuestro inexorable destino es la pérfida esclavitud o la muerte histórica, y si no hubiese más tiempo, y si estuviésemos derrotados, olvidados, como un último impulso de lucha y resistencia, te acariciaría, te tocaría, vería tu rostro con clemencia y lo besaría, sí, volvería a nacer en tus labios, los mordería con la fragilidad con que se muerde una uva, te despojaría lenta y calculadamente de cada tela, cerraría tus ojos, te besaría, sí, te besaría, lamería amorosamente los miedos acorralados sobre tu piel, y en tu última desnudez –la mía– te amaría, entre jadeos y sudores crearía el aire, la frescura, el sueño, reinventaría el futuro en la colisión blanda de nuestros cuerpos, y, clandestinos, labraría en tus entrañas, con infinito enamoramiento patrio, un hijo. Y te susurraría, casi imperceptible: no pueden ni podrán con nosotros porque tú y yo amamos.

Y el amor engendra, crea, es dador de vida.

El delirio de desear feliz año

Amantes de guerra, reflexivos después de la fatiga, abstraídos en otro tipo de nacimiento que no es sensual sino idealista, desnudos aún, te abrazaría, me sujetaría –náufrago– a ti, celebraría nuestra irreverencia frente al oleaje, desvanecidos de paradigmas, de fórmulas sociales, y haría política, soñaría a Venezuela en tus brazos, amarrado a tu cuerpo.

¿Deliro en ti? ¿Deliramos juntos? ¿Columpiamos nuestros delirios venezolanos aferrados a nuestro intenso ideal de libertad? ¿Somos libres? ¿Lo seremos? ¿Es un delirio desear feliz año?

No, no lo es…

 

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