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Enrique Meléndez: La prosperidad está en las carreteras

 

El doctor Jorge Rodríguez considera como un signo de gran prosperidad de los nuevos tiempos, el hecho de que se hayan movilizado unas 3 millones 700 mil personas en estas navidades, es decir, un diez por ciento de la población, y uno diría que se trata de hasta un número abultado, como acostumbra esta gente a manejar las cifras; puesto que nunca antes se habían visto unas carreteras tan vacías como ahora.

De hecho, en otros tiempos tú veías alcabalas móviles por todas partes, y las que servían entre otras cosas para la extorsión, sobre todo, de parte de los agentes de la Guardia Nacional; quienes, según se ha venido denunciando, se han convertido en una especie de delincuencia uniformada con la tolerancia, incluso, del propio gobierno; tomando en cuenta que esto vendría ser una forma de mejorarle los ingresos a esta gente; que, por supuesto, no deja de ser mísero.

Pues, por lo demás, las actuales circunstancias económicas y sociales nos han conducido a un gran canibalismo en todos los sentidos. Menos mal que el doctor Rodríguez no ha pasado por la pena de tener que viajar por el transporte público. Todos los días aumentan los pasajes; de modo que al día de hoy una ruta larga como la de Caracas-Maracaibo sobrepasa con creces el salario mínimo, decretado por Nicolás Maduro antes de finalizar el año, y uno diría que no se trata de especulación. El problema es que la hiperinflación ha traído como consecuencia el hecho de que todos los días también los repuestos automovilísticos aumenten en proporción geométrica o de que no se consigan; por lo que hay muchísimas unidades de transporte colectivo paradas, de modo que la demanda por puesto, en especial, en estos días navideños se hace demasiado explosiva, y es cuando tú ves enormes colas en los terminales de pasajeros; así que más de uno en estas condiciones está dispuesto a pagar lo que le pidan.

Que era algo que no dejaba de estar presente en los tiempos de la República civil; por supuesto, a propósito de las leyes naturales del mercado; que, a mayor demanda, menor oferta, y por lo tanto los precios tienden a subir; sólo que la crisis del transporte, a este respecto, se hace sentir. De hecho, más de un transportista ha tenido que vender su respectiva unidad, e irse a probar fortuna a otros países, constituyendo, en ese sentido, parte de la diáspora, que hoy migra, sobre todo, por el sur del continente. Lo que explica, en consecuencia, esas colas en los terminales, donde uno puede pasar hasta cinco horas a la espera de una unidad; que llegan por goteo, y donde la gente se mete hasta parada, si es posible, y colas, añado, que, con toda seguridad, para el doctor Rodríguez son una muestra del progreso que se observa por todas partes en Venezuela.

De modo que una gran parte de lo que antes el venezolano destinaba para los festejos de la fiesta navideña, se va en pasajes; sin contar, por otro lado, el doctor Rodríguez aquella parte de la población que tuvo que quedarse en el lugar, donde reside; precisamente, por carecer de los recursos suficientes, para emprender la marcha; pues, si no hay plata para abastecer la despensa con los alimentos del día a día en el hogar, menos habrá para este motivo; pues hay que tomar en cuenta que un viaje, no sólo es el pasaje para la unidad, que lo debe transportar a uno, y en el que se va, repito, más del ingreso del salario mínimo; sino, además, es el gasto, que hay que hacer, en las paradas del colectivo en aquellos establecimientos de carretera; los cuales te ofrecen comida, en efecto, digamos, comida chatarra, pero que ya no está al alcance del común.

Incluso, el venezolano, para resolvérselas, se ha venido ingeniándoselas, y así tú ves que más de uno lleva su comida en su envase respectivo, y, quizás, lo único que consume en estos establecimientos es la bebida; cuando no, lleva consigo también su pequeño termo de café, y que es donde tú mides al grado de pobreza al que nos ha conducido la famosa revolución bolivariana; así como el grado de conformidad en medio de la gran impotencia, que uno siente frente a una clase gobernante, que confunde; yo diría que adrede, la gimnasia con la magnesia.

De allí el número de estos establecimientos, que uno ve a lo largo de las vías, cerrados; lo mismo que las bombas de gasolinas, y donde tú los veías en otros tiempos desbordados de gente. Es que, además, resulta un lujo comerse una empanada allí; puesto que su valor representa más o menos medio salario mínimo; que es lo que explica también la caída del consumo.

Ya ni siquiera se ven aquellos operativos que, en especial, organizaba Defensa Civil, para evitar los accidentes en las carreteras; aquellas brigadas de jóvenes que se integraban, para orientar a los conductores durante las fechas de asueto; lo mismo que aquellas grandes colas de vehículos, que se formaban en la entrada de los peajes. Yo diría que el 80% del parque automotor venezolano, en ese sentido, está parado. Resulta un lujo viajar hoy en día en nuestro país; tomando en cuenta que el mantenimiento de un vehículo no está al alcance del común. ¿Cuánto vale un caucho? ¿Cuánto vale una batería, si es que se consigue? Aparte de que, ¿cuánto vale un servicio de grúa, si es que uno se accidenta en medio del camino? He allí el riesgo que supone viajar por cuenta propia; puesto que la otra delincuencia, esto es, la no uniformada no tiene paz con la miseria en esas circunstancias: desaparezca de aquí en lo más inmediato, es lo que dicen a uno las patrullas de carretera, cuando lo encuentran accidentado, y hay que tener en cuenta que esa delincuencia se vale de recursos, para que uno se accidente, como acaba de ocurrir con el caso de los peloteros del Cardenales de Lara o con el caso de Mónica Spear, quien cumple un año más de muerta por estos días.

melendezo.enrique@gmail.com

 

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