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Jesús Alberto Castillo: Horas decisivas

Hemos venido planteando desde hace un buen tiempo que la política es el arte de la negociación para evitar la guerra. Esta tesis pareciera no ser comprendida por sectores extremistas, tanto de la MUD como del PSUV. Muchos de ellos han intentado satanizarnos por esta postura, al considerarla entreguista. Nada de eso. Solo responde a la lógica política y al interés de pensar en la convivencia necesaria de nuestro país, maltrecho y abrazado a una polarización estéril.

Ha llegado la hora de los políticos avezados, de aquellos que piensan en el interés supremo de la nación, más que en apetencias personales o grupales. La política no puede ser vista de forma belicista, de la aniquilación del enemigo, sino como un proceso dialógico, donde debe privar el entendimiento, más allá del conflicto que se presenta en la interacción de los actores sociales. El odio y la violencia que se han apoderado del escenario venezolano deben dar paso a un clima de diálogo entre los diversos sectores que dinamizan el proceso político de nuestro país.

Por eso es entendible la presencia de José Luis Rodríguez Zapatero, ex presidente español, para servir de mediador entre la oposición y el gobierno en Venezuela. A nadie debe sorprender las conversaciones, públicas y ocultas, que el líder socialista ibérico ha realizado con el mandatario Maduro y líderes opositores, por separadamente. Dicha iniciativa cobra mayor pertinencia, por un lado, a escasos días de una eventual elección de la Asamblea Constituyente, completamente oficialista.  Por el otro, a la convocatoria de un paro general convocado por la MUD.

Lo sensato en estas horas críticas es que las partes en conflictos se sienten, no para hablar de ideología o sacarse los trapitos sucios. Lo que aspira la gente es que lleguen a unos acuerdos prácticos, tales como suspender la Asamblea Constituyente, promover elecciones regionales para diciembre de este año y dejar en el poder a Maduro hasta que se cumpla su periodo constitucional. Se trata, como decimos los politólogos, de una relación ganar-ganar y garantizar la gobernabilidad del país, más allá de los improperios propios de la prédica política.

Sería lamentable que los dirigentes políticos no se pongan a la altura de las circunstancias actuales y tendríamos que contemplar una montaña de muertos, la cual no le conviene a ningún bando en pugna. Al fin, el gran perdedor es el país, hoy tan maltrecho por un modelo político y económico anacrónico y una clase política envenenada por el odio y la intolerancia. Desde el MAS hemos venido pregonando la reconciliación, el diálogo y el entendimiento. Nuestra prédica de “hay que hablar” hoy cobra más vigencia que nunca. No podemos jugar a la polarización, mucho menos a la violencia, porque lo que está en juego en la convivencia de todos los venezolanos, independientemente de cómo pensemos, creemos y actuemos.

Las agujas del reloj siguen marcando el compás, mientras la angustia se apodera de la población venezolana. Compras nerviosas, intimidación en la administración pública y represalias policiales afectan la psiquis colectiva. Venezuela se merece un clima de paz, convivencia y prosperidad. El gobierno debe dar muestra que busca el entendimiento si retira la Constituyente, mientras la MUD ha de hacer lo propio al retomar la ruta democrática y constitucional. Todo es cuestión de horas y, por supuesto, de la madurez y seriedad de los actores políticos que aspiran un cambio significativo en el Estado y en los estándares de vida de la población. La historia se encargará de juzgarlos o premiarlos.

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