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Rafael Ramírez: Mantener la esperanza, conquistar la paz

Uno de los aspectos más resaltantes del liderazgo del Comandante Chávez y el desarrollo de la Revolución Bolivariana, es que devolvió a nuestro Pueblo, a todos nosotros, la Esperanza y posibilidad de que un futuro y un destino mejor es posible para nuestra patria, nuestra sociedad.

Eran los años del colapso de la IV República y nuestro país estaba sumido en las ruinas de un proyecto, el Pacto de Punto Fijo, que había traicionado las posibilidades liberadoras que se abrieron el 23 de enero de 1958 con el derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez, profundamente entreguista y alineado con la visión geopolítica que los Estados Unidos tenía hacia nuestra región.

Para aquellos años del colapso de la IV República, nuestro Pueblo estaba sumido en una vergonzosa situación de pobreza y una exclusión de todas las posibilidades y accesos a la educación, la salud, la vivienda, la participación política. Se habían conformado y fortalecido grandes guettos o barrios de hombres y mujeres humildes que seguían llegando a las grandes ciudades del país para disputar un trabajo o una oportunidad, de una vida, algo mejor que el rancho o el pueblo abandonado del campo, la sabana o la montaña.

La exclusión de nuestro pueblo venía acompañada de la conformación de una élite económica-social, que se concentraba en zonas exclusivas de las grandes ciudades, donde se vivía la fantasía de una ciudad del primer mundo. Una élite profundamente anti nacional, clasista, despreciativa hacia el resto de nuestro pueblo, sobre todo del más pobre, del humilde, con fuertes rasgos de racismo, como le gustaba decir a RCTV, era la “gente bella”, ideológicamente apegada a una visión de derecha o extrema derecha, firmes soportes del andamiaje de empresas e intereses internacionales en el país y propulsores de las tesis del neoliberalismo que tanto daño han hecho a nuestros países.

La economía había profundizado su dependencia del modelo rentista petrolero, importador, especulador financiero y se seguía desarrollando la privatización de empresas emblemáticas y fundamentales para el país, como las líneas aéreas, la telefónica, las empresas Básicas y PDVSA. Se había entregado la Faja Petrolífera a las transnacionales y la apertura petrolera seguía arrebatando a nuestro pueblo los recursos fundamentales para nuestro desarrollo.

El Estado Venezolano, seguía desmoronándose en todas sus capacidades e institucionalidad. Los Ministros eran designados o vetados por las élites, venían de Presidir o representaban a la Banca Privada, los Presidentes de PDVSA eran del sector privado y artífices de la apertura petrolera, en una relación estrecha con las transnacionales.

No había posibilidad de brindar atención médica al pueblo que seguía muriendo de pobre en sus barrios, no había manera de brindar educación a los jóvenes. Mientras el sistema público se desmoronaba, se iba instalando todo el sistema de atención médica privada, excluyente, y la salud se convirtió en el gran negocio, mientras la educación pública colapsaba, se desarrolló todo un sistema privado de educación donde la selección se hacía en base a las posibilidades económicas.  No había posibilidades de acceder a una vivienda, ni a un crédito. Eran lo años de los “créditos balón”, los prestamos indexados que seguían empobreciendo a la clase media y que eran inalcanzables para el pueblo.

Los Ministerios e instituciones eran cascarones vacíos sin posibilidad alguna de trabajar para todo el pueblo, toda la sociedad, solo eran intermediarios entre el gobierno y los intereses de los sectores privados que se seguían apropiando de la renta petrolera.

El país vivía un profundo deterioro moral, la corrupción estaba instalada desde Miraflores en una compleja y extendida red donde no escapaba ningún sector de la Administración pública ni de las empresas del Estado.

Nuestra política exterior era absolutamente alineada a los intereses norteamericanos y éramos la contención de los escenarios bélicos en el Caribe, Cuba, Guyana, Colombia, Brasil, Nicaragua, El Salvador. Estábamos de espaldas a la región. Ya había caído el muro de Berlín, se había desmoronado el Campo Socialista, se había producido la invasión a Granada y la derrota del Sandinismo en Nicaragua. Era “el fin de la historia y de las ideologías”. Solo Cuba, su evolución, su pueblo y Fidel resistían, estaban de pie y se mantenían ondeando las banderas de la dignidad y el socialismo.

Finalmente, en el ámbito militar, la presencia norteamericana y de la Misión Militar en Fuerte Tiuna, operaciones de inteligencia, Escuela de las Américas, desdibujaban el carácter Bolivariano que dio origen a nuestras Fuerzas Armadas. Los tristes y sangrientos episodios del Caracazo fueron el punto crítico de quiebre dentro de la institución en cuanto a la naturaleza y propósito del poder militar, al convertirlo en brazo ejecutor de la brutal represión de la burguesía contra el Pueblo pobre.

El movimiento popular estaba desarticulado, los partidos de izquierda en general estaban plegados a un sistema bipartidista que era imbatible electoralmente. Los partidos revolucionarios fueron desmantelados por su propia dirigencia presa de una ideología liquidacionista, clara expresión de la derrota que se había instalado en su seno.

Fue el Comandante Chávez quien insurgió el 4 de febrero en una acciona audaz y valiente, que para nuestro país fue equivalente a los efectos del asalto al Cuartel Moncada en Cuba. Siendo una derrota Militar, sin embargo constituyó una extraordinaria victoria política. El 4 de febrero “rasgó las tinieblas en un segundo” y el “por ahora” del Comandante Chávez estremeció profundamente a nuestra sociedad e instaló en el corazón de nuestro pueblo la esperanza de que había surgido un líder que era capaz de conducirnos y superar la terrible situación en medio de la cual languidecía el país como un todo.

El Comandante Chávez en la calle se transformó en la esperanza del pueblo, su carisma, su mensaje, su acción, su coherencia, lo llevo a ocupar, con gran apoyo popular, la Presidencia de la República, derrotando toda la maquinaria corrupta del sistema y todas las maniobras de los partidos que habían usufructuado el poder durante los últimos cuarenta años.

Luego del proceso Constituyente y la aprobación de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela se inicia el periodo histórico de la V República. Allí, en el libro de todos, como le gustaba referir al Comandante, estaba plasmado el país posible, se recogía y sintetizaba la Esperanza de un Pueblo que a partir de allí asumió el protagonismo como premisa de la participación política.

Desplegado en tareas de gobierno, el Comandante comienza a darle vida a la Constitución, a través de sus leyes. Se resiste y derrota los embates de la oligarquía y las transnacionales. Era la resistencia de la derecha y los sectores más atrasados al nuevo país que renacía de la mano del Pueblo. Venciendo una a una las conspiraciones, golpes y sabotajes, el Comandante Chávez, dotado de una extraordinaria paciencia, capacidad política y fortaleza fue avanzando en un proceso que él describía como de recuperación de los equilibrios sociales y sentó las bases para que un nuevo Estado, junto al Poder Popular, pudiera avanzar en la tarea de la construcción del socialismo como posibilidad cierta de futuro.

En ese proceso, todavía inconcluso y permanentemente acechado y obstaculizado, el pueblo venezolano ha colocado sus esperanzas. La palabra y el prestigio del Comandante Chávez le han dado al pueblo la fortaleza de asumir esa esperanza y esa posibilidad revolucionaria como una razón de vida, el futuro de todos. Por eso sigue en la calle, por eso se moviliza, por eso insiste en la defensa de la revolución a pesar de los problemas, criticas, inconformidades. Todavía está vigente el programa de país, la posibilidad de vida que está plasmada en nuestra Constitución. Esta esperanza hay que mantenerla, es movilizadora, es lo que nos permite avanzar. Si se apaga la esperanza, nuestro pueblo volverá a las catacumbas de los pobres y la historia cobrará la responsabilidad que cada uno tenga en esa catástrofe.

Los enemigos de la esperanza siguen desplegando su violencia irracional, quieren, sin lugar a dudas, llevarnos a un escenario de guerra. El gobierno norteamericano ahora actúa directamente. La prepotencia imperial, es bueno verle la cara, su verdadero rostro. Su insolencia, su desparpajo, sus sanciones son una muestra clara de que no han entendido nada de lo que pasa en nuestro país, en nuestra región. Sus consejeros y asesores solo se alimentan del odio y el lobby de los sectores anti nacionales de la llamada oposición en nuestro país. No entienden, no aprenden, no respetan a nuestro pueblo. Por eso hay que estar preparados y de manera seria, firme, sin contradicciones ni respuestas destempladas o que pretendan menospreciar o disminuir la magnitud de la agresión.

Las sanciones norteamericanas, ahora se anuncian sanciones en el orden económico, es una intromisión inaceptable en nuestra soberanía, es una retrogradación a los años 50, los años del intervencionismo. No se pueden aceptar, disimular, exige que todos se pronuncien en rechazo a una práctica de injerencia que es repudiada en todos los organismos multilaterales por ser contraria al derecho internacional.

Un acto absolutamente irrespetuoso e inamistoso contra nuestro país. Los sectores políticos que las apoyen o sean indiferentes merecen el repudio de nuestro pueblo y la sanción de nuestras instituciones. Los países que se pronuncien a favor de las mismas o actúen para profundizarlas o extenderlas, no son amigos de nuestro país. En ese caso debemos actuar en consecuencia.

A esta altura de la situación y siendo previsible la actuación del gobierno norteamericano, espero que nuestras empresas, sobre todo PDVSA, hayan tomado todas las precauciones y decisiones para tener a buen resguardo los intereses de la Republica, del Pueblo. Que se haya desechado la idea o intención de pedir a las transnacionales que vuelvan, en especial a la Exxon Mobil, en un vano intento de detener la agresión norteamericana, o intentar resolver nuestras diferencias con la administración norteamericana, pagando lobistas o contribuciones en Washington. Estas acciones, por el contrario, nos muestran débiles e inconsistentes ante nuestros agresores. No, hay que prepararse a defender nuestra soberanía y nuestras decisiones. Ellos van a querer, como ya lo han hecho en el pasado golpear, o continuar golpeando, nuestra economía sancionando o debilitando a nuestra industria petrolera.

Hay que conquistar la paz. La paz de nuestro pueblo, de su vida diaria, cotidiana, de poder vivir, trabajar, estudiar, amar. Dejar atrás la zozobra de la violencia, el chantaje del miedo, la intolerancia. Derrotar a los grupos de la violencia con todas las capacidades del Estado Venezolano, es su responsabilidad. Estas no son cosas sujetas a negociación. La derecha venezolana se ha acostumbrado a un tipo de política irresponsable donde la gente, sea del bando que sea, pone los muertos para ellos, luego de tanta violencia y dolor, se sienten a una mesa y vuelven al proceso político.

La extrema derecha, diría que toda la oposición, unos por convencimiento, otros por cobardía y cálculo político, siguen retando la autoridad de Estado Venezolano, siguen apostando a la violencia. Tienen el apoyo norteamericano.

A esa derecha violenta, a la violencia hay que derrotarla, en la calle, con el Pueblo, con las Fuerzas Armadas Bolivarianas, con la Ley, siempre en el marco de nuestra Constitución y Leyes. Hay que parar la violencia, las muertes, cuidar los excesos, sancionar a los perpetradores de las muertes, sin importar quienes sean, quien dé la orden, quien la estimule. A la violencia y el caos hay que imponer la Ley y autoridad del Estado.

Este domingo es un día crucial para la paz y estabilidad de nuestro país, acá no valen, ni las amenazas, ni las presiones, ni la violencia. Confío en la conciencia de nuestro Pueblo. Confío en la conciencia y determinación de nuestras Fuerzas Armadas Bolivarianas y el Plan República, diseñado para garantizar los derechos políticos de todos los ciudadanos.

Y, ¿después de la Constituyente qué? Debe defenderse la línea roja trazada por Chávez, defender nuestras garantías sociales, económicas, defender el petróleo, nuestra democracia participativa y protagónica. Es un espacio para la discusión que no debe prestarse para pactos de ningún tipo, se debe avanzar y profundizar.

Mientras la Constituyente se desarrolla, sin perder tiempo, hay que avanzar en la resolución de los problemas económicos, hay que superar la disfuncionalidad de la confrontación. Hay que proteger al pueblo, a toda la sociedad, hay que producir y satisfacer nuestras necesidades, superar carencias y dificultades. Estar alertas ante la actuación de los sicarios económicos, las amenazas de los enemigos de nuestra patria, la injerencia extranjera, preservar nuestras instituciones.

Lo vuelvo a decir, de esta crisis debemos salir de pie, caminando firmes, venciendo obstáculos y las procelosas aguas del egoísmo, con el legado de Chávez intacto, con el pueblo hacia el socialismo. ¡Venceremos!

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