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Enrique Meléndez: El tigre con una raya más

 

Uno se lo temía, y fue así: esta gente se iba a salir con la suya, y se iba a adjudicar la mayor parte de las gobernaciones; tanto más que ya había pasado la prueba de la Constituyente; donde tuvieron que inventar ocho millones de votos; cuyo anuncio llevó a que se descalificara el Consejo Nacional Electoral a nivel internacional; de modo que qué era una raya más para un tigre, como se dice en criollo, y para lo cual se diseñó un sistema electoral muy ventajista y arbitrario; como lo denunció la MUD; una vez que se oyeron los resultados; un sistema llamado a neutralizar el voto opositor, en el sentido de provocar en cada boleta la anulación del sufragio.

De hecho la eliminación de centros de votación y la reubicación de electores pocos días antes de la jornada electoral; nos habla ya de la jugada que tenía esta gente entre manos. Es decir, le quitarle el derecho a elegir al ciudadano. Ya la gente lo comentaba en la calle: esto es algo descarado, pues a muchos les dio pereza trasladarse hacia el nuevo centro de votación; donde los reubicaron. Salía determinada rectora, y entonces decía que aquello era para la protección del elector, y resulta que, según trascendió, a algunos de Aragua, los ubicaron en Amazonas.

Que eso fue la segunda estrategia: la desmotivación; como ocurrió en el caso de una vecina que, en efecto, no fue reubicada en una región distante del estado Miranda; donde habitamos, pero sí lo fue en un centro de votación de Carrizal, y que ella no conocía; por lo tanto, se tuvo que abstener, y en aquellos casos en que la gente se arriesgó a ir, se encontró con tal desorden en el sitio, propiciado fundamentalmente, para que se impusiera la llamada operación morrocoy, con permanencia del elector hasta cinco horas en las colas, y que llevaron a que muchos se devolvieran a sus casas, sin haber consignado su voto.

Incluso, EEUU destacó punto por punto cada una de las triquiñuelas que presentaba el sistema, y que la señora Lucena se encargó de rebatir con su cara de piedra; por lo que se habló, en ese sentido, que en estos instantes los venezolanos no estamos solos en esta lucha, y que el ámbito internacional está muy pendiente de lo que pasa en casa.

Pero había que ir a votar; con independencia de las segundas intenciones de esta gente; aparte de que la presión internacional lo demandaba; pues se llegaba a la conclusión de que la actitud pasiva; que implicaba la abstención, tampoco era vinculante. Se dejaba ganar al PSUV todas las gobernaciones; pero le evitaba tener que hacer el fraude, y entonces quedaban legitimados sus candidatos, en ese sentido; teniendo presente que la verdad es que el PSUV no cuenta con ese caudal de votos; que anunció este domingo Tibisay; como los candidatos en las encuestas; días antes de la elección ostentaban esa proyección, que vinieron a reflejar en el cuadro de resultados; razón por la que todo el mundo duda hoy en día de su veracidad, y esto coloca al gobierno en el ámbito internacional en una situación de ilegitimidad. Obsérvese, que ya a las cuatro de la tarde; como se reportó por las redes sociales, la oposición ganaba en más de trece estados. Aparte de que los testigos de mesa, una vez concluido el acto de votación, de inmediato pasan los resultados a una central, que tiene dispuesta la MUD para la obtención de los mismos; de modo que al no admitir los resultados, la MUD no lo estaba haciendo por despecho, sino que tenía en mano las pruebas del fraude, y lo más probable es que ese pronunciamiento sea respaldado por el mundo entero; precisamente, porque la comunidad internacional siempre ha buscado darle una salida a la crisis venezolana por una vía pacífica y constitucional.

Los abstencionistas parten del hecho de que toda elección tiene sentido, si se gana; pues si se pierde, es hacerle el juego al gobierno; sin considerar lo que sería la repercusión en sí que pueda tomar un proceso de esta naturaleza, sobre todo, en momentos en los que se encuentra nuestro país; con la mirada de la comunidad internacional puesta sobre nuestros procesos de democratización, y con un gobierno que ha sido repudiado por 50 países, a partir de la convocatoria y elección de esa constituyente fraudulenta; que supuestamente se eligió con 8 millones de votos; cuya veracidad nunca pudo presentar el régimen; tomando en cuenta, por lo demás, que estamos ante un gobierno que ha provocado un profundo descontento en la población.

Por supuesto, en esta oportunidad tampoco el CNE va a permitir la revisión de todo el proceso, pasando por el material electoral; como ocurrió en 2012; cuando la propia Unasur se lo recomendó al gobierno; quien en un primer momento estuvo dispuesto a hacerlo; pero, luego, se negó, y entonces quedaron las dudas. A Henrique Capriles se le acusó de asesino, a partir de su llamado a desahogar la “arrechera” en la calle, como consecuencia de la muerte ocasionada a 13 personas, que oyeron su llamado, y salieron a las calles a protestar el fraude que denunciaba Capriles; por lo que lo neutralizaron; de acuerdo a la estrategia diseñada por los agentes cubanos de la sala situacional de Miraflores.

Todavía el día domingo en la mañana por las redes sociales se difundía propaganda a favor de los candidatos oficiales; que no se diga de la cantidad de recursos del Estado que utilizaron en el despliegue de sus respectivas campañas con todo el ventajismo del caso, y ya por ahí uno pudiera comenzar a hablar de un fraude continuado; pasando después por la negativa del CNE a retirar en el boletón electoral la tarjeta de los candidatos, que renunciaron, luego de realizarse las primarias de la oposición; precisamente, con el fin de que los electores de la oposición se equivocaran, pulsaran en donde no les correspondía a la hora de ejercer el voto, y  por lo tanto su selección quedara nula.

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