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Enrique Meléndez: Un asunto de sentido común

 

Es difícil no sospechar el tema del fraude; que presumimos que se acaba de consumar en las recientes elecciones; aun cuando hay aquéllos que han salido a la palestra pública a acusar de terrorista a la oposición, en tal sentido; especie de apagafuegos, que le recomiendan a la MUD portarse bien y no decir nada; mientras Maduro alardea de la circunstancia con una gran jactancia; en un tono de mucha provocación, y es aquí donde uno comprueba que no son sospechas infundadas; puesto que en estos términos lo que busca es hacer mucho ruido alrededor del asunto; para que se mitigue toda denuncia sobre fraude. Le indigna a esta gente que uno dude de esa realidad de que cinco millones de venezolanos; que viven en las condiciones más precarias, en términos de bienestar social, hayan salido a las calles a ofrecerle todo el apoyo, a la gente que nos ha llevado a esta situación, y donde ya se observan cuadros de hambruna generalizada.

Que es lo que no se explica la opinión pública. No hay lógica posible que rinda cuenta de esta situación; fuera de todo sentido común. Es posible que en una auditoría que se haga de todo el material electoral, las actas den precisas con los votos; de acuerdo a la totalización; porque todo el sistema automatizado está blindado, a ese respecto. La clave en esta oportunidad está en las huellas. ¿Hasta qué punto las huellas de un votante triple-cedulado se repiten en los cuadernos de votación? Por supuesto, esto nunca lo permitirá CNE, así Maduro diga misa, como expresa el dicho, y entonces prometa que toda la auditoría va. Porque por allí anda parte de la trampa; y que, como ya lo han dicho varios, se trata de una jugada continua, y la que arranca desde el mismo momento en que a los candidatos no se les permitió renunciar a sus candidaturas, una vez realizadas las elecciones internas de la MUD, y, luego, con la otra carta que estaba debajo de la manga de las autoridades del Ministerio del Poder Popular para Asuntos Electorales, como eran las reubicaciones de última hora; que entonces acrecentó el espíritu de apatía e indiferencia del electorado.

De hecho, Andrés Velásquez demostró el fraude, y lo podrían demostrar los otros candidatos; pues aquí hubo mucha compra de voto. Señores a quienes se les daba diez mil bolívares, y con la dotación de la cédula de un muerto o de un abstencionista crónico, ocupaba su lugar, y consignaba el voto. Es por eso que es clave la revisión de las huellas. Pues el tema de los testigos ha sido siempre la parte frágil de la MUD. Obsérvese que, de acuerdo a lo que se supo sobre Ocariz, a éste se el desapareció el 30% de los testigos a partir de cierto momento. ¿Comprados, atracados? Aquí entra una gran discusión en el seno de la MUD. ¿Por qué sólo ganaron los candidatos que aupó y apoyó AD? He allí el que se diga en esta materia de los testigos, que los adecos han venido demostrando que tienen una soldadesca a su favor, y que fue lo que, al parecer, le falló a Ocariz; pues por allí parte Andrés Velásquez, para demostrar el fraude, por las actas de sus testigos; quienes sí se mantuvieron en medio de las circunstancias; aun cuando a Velásquez tampoco le harán mucho caso, en ese sentido.

¿Se ha demostrado que con elecciones no se sale de un régimen; como el que actualmente gobierna a este país? Es que cuatro meses de protesta vinieron a demostrar que tampoco la calle tumba gobiernos. Además, esto influyó mucho en la disposición del venezolano a tener fe en el voto; que fue lo que leyó el oficialismo en el escenario de la política nacional, y de allí el que se permitiera convocar a este proceso electoral; sobre todo, en plena protesta callejera; de modo que la decisión de participar en esas elecciones a más de un miope en política, le pareció que aquello había sido una traición de la dirigencia opositora. Incluso, se fundamentó la tesis del abstencionismo, como una forma de reproche más contra dicha dirigencia opositora; que contra el gobierno; que jugaba a estimular esta vía; sin darse cuenta esta gente de esa circunstancia.

Esta apatía e indiferencia que se sentía en el medio de elector venezolano, las había arraigado además el proceso de convocatoria y elección de la constituyente cubana; cuyo fraude ha sido el más grande de la historia electoral venezolana, en términos de descaro; adjudicándose el oficialismo 8 millones de votos, y que puso muy en entredicho la conducta de las autoridades electorales; de modo que más de uno decía que con ese CNE no iba a votar nunca en la vida; tanto más que, por esta vía, se estaba legitimando una constituyente; que ha venido a erigirse como una especie de aparato de terror.

De modo que esta jactancia, con la que el oficialismo ha tomado estos resultados, es infundada; si nos atenemos al hecho de que estamos frente a una victoria fraudulenta. Más de cinco millones de votos esta gente no los tiene. ¿Qué tenía armada esa trampa desde el mismo momento en que proponen este evento electoral? En efecto, pensar que esta gente iba a entregar por las buenas 23 gobernaciones; dejando a Nicolás Maduro solo, eso era caerse a mentiras. Por algo, convocan a este proceso, y por algo lo adelantan; habiéndolo fijado en un primer momento para diciembre.

Sólo que lo que buscaban en este sentido, como era la relegitimación del régimen con esta aparatosa victoria, sobre todo, a nivel internacional, no les ha venido a resultar sino un boomerang; tomando en cuenta que el mundo entero está convencido de que estas no fueron las elecciones más transparentes de nuestra historia; aun cuando la señora Lucena diga todo los contrario; pues cinco millones de votos son demasiado para un gobierno que en las encuestas apenas tiene porcentajes de 15% de aprobación. Porque esa es otra cosa, por primera vez se caen las encuestas, en lo que respecta lo que iba a ser el resultado electoral en cada región.

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