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Jesús Alberto Castillo: Los retos de la oposición

“El mundo no será destruido por los que hacen el mal, sino por los que se sientan tranquilamente a ver lo que pasa” Albert Einstein

El pensamiento que tomé como epígrafe de este artículo no es casual. Me lo envío, vía mensaje de texto, el amigo Mario Salazar, un asiduo lector de mis escritos. Es apropiado para radiografiar la realidad postelectoral del 15 de octubre. Uno aprende de los resultados y trata de generar opinión, aunque suene poco audible a los oídos de muchos. Pero, en fin, es el deber de todo periodista opinático abordar los hechos, interpretarlo e intentar plasmarlo, desde su modesta perspectiva, para orientar al resto de la sociedad.  Muchas veces hay quienes tienen en sus manos la voluntad de cambiar las cosas  y, por la desidia de sus actos, fortalecen esa realidad que detestan.

Cuando hablo de la oposición, me estoy refiriendo a ese gran universo de electores que adversa al gobierno de Maduro (MUD, independientes, disidentes oficialistas y organizaciones partidistas no alineadas con el chavismo). Por supuesto, en un país que ha estado en los últimos años polarizado, es natural que la MUD sea la que aparezca como la cara visible y ductora de ese bando político. Por eso, la necesidad de precisar bien este universo político a la hora de hacer algunas recomendaciones que debe asumir para avanzar en una Venezuela empobrecida por los cuatro costados.

La primera lectura que debe hacer la oposición de los resultados del 15 de octubre es que, más allá de las evidentes irregularidades y el silencio cómplice del CNE, la abstención se registró con más fuerza en su seno. Esto responde a que su errática estrategia para enfrentar al gobierno confundió a su gente. Aún persiste un sector interno que no acompañó electoralmente a los candidatos de la MUD, independientemente que fueran en las tarjetas de los partidos políticos validados. Hay quienes insisten en que la ruta electoral es una traición a la gesta estudiantil que se produjo en abril, la cual dejó más de un centenar de muertos en la calle. Otros consideran que con elecciones amañadas no se le gana al régimen y la única salida es la destitución de Maduro.

Es comprensible todo este argumento, pero en política no bastan las ganas o los deseos. Se necesita de la fuerza necesaria para legitimar una acción por muy tremendista que sea. Y hasta ahora la oposición, particularmente la MUD, no ha logrado concretar. Paradójicamente, el oficialismo sigue cohesionado, vivito y coleando, como en los buenos tiempos. Por supuesto, con un liderazgo mucho más menguado que el de su finado mentor. De manera que otra lectura que debe hacer la oposición es porqué con toda esta grave crisis política, económica y social, todavía hay quienes siguen votando por el oficialismo. ¿Qué lleva a alguien a seguir legitimando un gobierno que ha sido causante de la falta de alimentos, medicinas y demás servicios públicos? ¿Por qué los pobres no castigaron al gobierno y votaron por los candidatos de Maduro? La razón es sencilla. Ellos no ven en la oposición un liderazgo sabor a pueblo, ni ofertas atractivas que les permita abandonar lo poco que reciben. Para ellos votar por la oposición es una situación de inseguridad y perderían lo que tienen, aunque sea migaja. En esto el gobierno ha sido muy eficiente con su poderosa maquinaria propagandística. Venderle un mundo de esperanzas que es fruto de la revolución y que la oposición intenta desaparecer del ideario colectivo.

Ante esta cruda realidad, la dirigencia opositora debe reinventarse y enamorar a ese pueblo que sigue votando por el oficialismo. Debe entender que en política no se pueden abandonar los espacios electorales, por muy tortuosos que sean y sin declinar a escenarios de lucha y condiciones pulcras en el sistema electoral. Lo que si no puede hacer es dejarse arropar por el fantasma del fraude y renunciar a la participación democrática.  Eso sería condenarse a su entierro definitivo. La oposición debe leer claramente que el gobierno logró su objetivo, aun siendo minoría, de inducir la abstención para ganar gobernaciones. Ahora va con todo a las municipales y, luego, a las presidenciales. Por eso Maduro anda en campaña por todo el país. ¿Qué debe hacer, entonces, la oposición? Presionar en la calle, exigir condiciones claras, pero prepararse para la lucha en cualquier terreno, incluso el electoral. En este último debe llevar candidatos que sean encantadores de serpiente, que muevan de emociones al grueso número de electores.  Para ello debe volver a los barrios, a tocar a la gente y llevar un mensaje que genere confianza en los pobres. Es el camino inmediato que ha de asumir sino quiere condenarse al epitafio final.

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