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Néstor Francia / Análisis de Entorno: Victoria coyuntural (23-10-2017)

La oposición sigue con su lamentable espectáculo poselectoral de vaivenes y dimes-ydiretes. Que si tú, que si yo, que si aquel, que quien tiene la culpa, María La Bollera, que si a la Constituyente voy o no voy, que si fue fraude o no fue fraude, que si numérico o esférico, que fraude moderno o gobierno del infierno, que si ventajismo y socialismo, todos en lo mismo, que si guarimbero o electorero.  Que si Almagro está en algo o no está en algo, que si la OEA está en la pelea o si la vaina está fea. Que si Trump y la operación tún tún. En fin, que vean cómo salen de su laberinto, nosotros tenemos otros temas en qué pensar.

Hay un término que usa mucho Luis Vicente León que a nosotros se nos antoja feliz, por más que venga de ese escuálido que anida en su amargura. El habla de los “lineal-pensantes”, refiriéndose a aquellos opositores que no se salen de una sola línea, la que les dictan sus dogmas, prejuicios e intereses ocultos. Pues bien, esa especie abunda también en el chavismo. Son quienes solo repiten consignas y conceptos trillados, quienes viven de frases hechas  e ideas fijas, con las que cosechan aplausos y consideraciones, sobre todo porque no todos en el poder son como Maduro, que abjura de los jalabolas, otros más bien los promueven. Añadamos que algunos son linealpensantes hasta de buena fe, simplemente les cuesta ver más allá de sus narices. Los chavistas lineal-pensantes suelen pasar por alto las palabras más sabias que pronuncia el Presidente, las más preclaras y de mayor carga espiritual, las que más lo distinguen de los politicastros de segunda que comandan la oposición.

Tuvimos que rastrear por cierto tiempo el excelente discurso de Maduro en la proclamación pública de Héctor Rodríguez como gobernador del estado Miranda. Escuchamos el discurso en vivo y hubo una parte de la intervención que casi nos hace pararnos de la silla que ocupábamos ante el televisor para irnos a los Valles del Tuy y darle un abrazo al Presidente por tanta hermosura oratoria.

En fin, comenzamos a buscar por todas partes esas palabras. Una pequeña parte de ellas las pudimos ver en alguna pieza de VTV o en un Notipatria, no lo recordamos bien. Inquietamos medios públicos y privados, buscadores de Internet, portales Web. Al final, pudimos saciar nuestro apetito gracias a Luigino Bracci, que subió el acto completo a Youtube. Ahí lo vimos, y adelantamos y atrasamos el video de más de dos horas, hasta encontrar el tesoro que buscábamos.

Nosotros habíamos definido nuestra victoria, en uno de nuestros Análisis después de las elecciones regionales del 15 de octubre, como “relativa”, de acuerdo a lo que nos dictaba el estudio cuantitativo del evento, que refleja claramente que se debería hablar más bien de que la oposición perdió antes de que nosotros hayamos ganado. Claro que ganamos, sin duda, pero con sus bemoles. Pues bien, las palabras profundas del Presidente no hicieron sino reafirmar nuestra percepción. Leamos al líder revolucionario: “Ha llegado la hora de dinamizar muchas cosas. Hoy es un día de victoria, de alegría, de esperanza. Pero como lo dije el lunes, lo creo. Yo soy un hombre profundamente espiritual y trato de estar por encima de las derrotas, de las dificultades y de las ilusiones ópticas que pueden producirse por las victorias. No nos dejemos encandilar por la victoria, como no nos dejamos encandilar por la derrota. Uno debe estar por encima de todo eso, y volar alto”.

Antes de seguir adelante con el Presidente y sus sabias ideas, recordemos que nosotros asignamos a nuestra victoria, la semana pasada, varios calificativos: magnífica, cultural, relativa, tajante. Hoy añadimos “coyuntural” , como realmente lo es, tal como lo fue la derrota de 2015. Ya veremos por qué lo decimos.

 

Maduro hizo gala de expresiones poéticas, no hay otra manera de definirlas: “¡Derrota, eres una farsante, aléjate! ¡Victoria, eres una farsante, no encandiles mis ojos ni mi alma!”. A esta belleza siguió con más sabiduría: “No dejemos que ni la derrota ni la victoria se posicionen con su mentira. Creamos en lo que somos, creamos en la causa de la Patria, creamos en el pueblo, siempre en el pueblo y trabajemos sin descanso para que Venezuela sea una Patria potencia, para recuperar nuestra Patria”.

A nosotros, que nunca hemos santificado las elecciones, y que solo las vemos precisamente como herramientas nada más que coyunturales para la Revolución, las ideas del Presidente nos ayudan a aclararnos. Nuestras victorias realmente trascendentales están casi todas por llegar. Serán las victorias de la realización efectiva del Plan de la Patria, del establecimiento definitivo y concreto del protagonismo del pueblo, de la instauración cierta del Poder Popular, de la construcción irreversible de la Venezuela potencia, de la derrota permanente del imperialismo y del capitalismo, del triunfo final y definitivo del socialismo, del nacimiento de una nueva cultura, de una nueva civilización humana. Para eso ahora es que falta lucha, ahora es que faltan batallas. No nos conformaremos jamás en esta vida mientras esas victorias estén tan lejanas como lo siguen estando hoy.

Y hay otras victorias pendientes que no podemos olvidar. Nosotros tenemos, sin duda, enemigos externos formidables y también colosales enemigos internos. En este último sentido hablamos menos de los mamarrachos de la MUD que de los enemigos en nuestro seno, los más peligrosos y difíciles de detectar. El Presidente, que anda mosca y más claro que agua de manantial, igualmente lo señaló en sus consejos a Héctor Rodríguez en el mencionado acto: “Héctor, no creas en jalabolas ni en aduladores que se te acerquen. Héctor, no te dejes meter coba por gente incapaz. Héctor, lucha contra la indolencia, el burocratismo, la corrupción, desde el primer día. Héctor, no te rodees de amigos ni amiguetes, no creas en grupúsculos. Héctor, es la hora de oír las verdades, es la hora de gobernar en la calle… Combate la corrupción con toda tu fe, con toda tu fuerza”.

Toda victoria nuestra será coyuntural hasta que la derrota de los enemigos no sea coronada definitivamente. La derrota de los imperialistas y sus aliados internacionales, de sus cipayos internos, y de los infiltrados, jalabolas y corruptos, en cualquier sentido, que carcomen la Revolución desde su propia entraña. Lo hemos dicho unas cuantas veces, parafraseando a The Beatles: es un largo y sinuoso camino.

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