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Rafael Guerra Ramos: El valor de la unidad

No podemos quedarnos paralizados por el asombro ante el nuevo trazado del mapa rojo del país. La camarilla que domina las riendas del poder una vez más montó su trampa, utilizó sin escrúpulos -que jamás los ha tenido- todas las ventajas a su alcance para atornillarse en el poder y, desde luego, tratar de eternizarse.

Son perfectamente comprensibles y justificadas las reacciones emocionales ante el juego de triquiñuelas de las señoras del CNE a favor de su partido. Pero no podemos permitirnos la desesperación ni que cunda la desesperanza. Es responsabilidad del liderazgo político impedirlo. Y ese es su reto inmediato. No solo, por cierto, de la MUD. En tanto que opositores, los divergentes no deberían escudarse tras el “yo lo dije”. Se trata del país. De su destino, peligrosamente comprometido.

Durante casi dos décadas de lucha en defensa de la libertad y los valores de la democracia se fue conformando, con altos y bajos, errores y aciertos, derrotas y victorias, una sólida mayoría que se opone frontalmente al régimen que hoy proclama su victoria y pretende erigir la Constituyente en poder supremo para legitimar el totalitarismo como en Cuba y Corea del Norte. Es una mayoría forjada y unida en la lucha común bajo un mismo liderazgo. Hoy el gran reto no es destruirla. Es actualizarla.

Al calor de esa lucha nacieron, se organizaron y crecieron nuevas organizaciones políticas y nuevos liderazgos. Los viejos partidos experimentaron cambios y acumularon nuevas experiencias. Hemos aprendido que es absolutamente indispensable identificar cuanto nos une y puede unirnos para fortalecer y garantizar el éxito, independientemente de intereses, posiciones ideológicas y políticas. La lucha nos ha enseñado que solo cuando hemos actuado unidos en una misma dirección se ha logrado el objetivo común. Pompeyo Márquez, con su lúcida y dilatada experiencia, fue un campeón de la unidad. Unidad en la diversidad, como uno de los valores esenciales de la democracia. Lo contrario es el principio leninista-estalinista según el cual la garantía de la unidad (del partido, por supuesto) es la depuración de los que adversan. Después de las elecciones parlamentarias, del plebiscito y de lo ocurrido esta vez en las regionales, ¿no luce evidente la importancia decisiva de la unidad en nuestra lucha?

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