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Earle Herrera: La cena de Judas

Antes de eructar en Naciones Unidas contra Venezuela, Donald Trump hizo una especie de cena-corral donde arrejuntó a los presidentes de varios países de América Latina para leerles no precisamente el sermón de la montaña, sino su cartilla imperial. El presidente Maduro, con reminiscencia bíblica, llamó “La cena de Judas” aquel aquelarre. El cachaco Santos ripostó que la comilona fue para “consultarlos”, como si los imperios consultaran alguna vez a sus cachorros.

No sería la última cena entre quien fungía de anfitrión superstar y su camada echada en la alfombrita. Empleando la “metáfora” canina de Kuczynski, lo que hizo el magnate blanco fue pasarle revista al tapiz donde retozan los perritos que mueven la cola y no causan problemas. No me gusta tan indigna imagen perruna, pero su copyright le pertenece en su totalidad al actual Jefe de Estado de Perú, quien debería releer La ciudad y los perros, la novela de su mellizo ideológico Mario Vargas Llosa, uno de los mejores lobbystars de la pulpería global del Nobel.

La certera descripción bíblica del presidente Maduro remite a una traición, solo que en la cena de Trump no había uno sino muchos Judas. Los comensales se hacen llamar el Grupo de Lima. Son doce, como los apóstoles de las Escrituras, para mayor herejía. Babean cuando su “guía” anuncia su apocalipsis personal contra el mundo. Alcanzan el paroxismo si el blanco de ese supremacismo es la República Bolivariana de Venezuela.

Cuando EEUU no puede tutelar personalmente a sus cachorros, les pone una institutriz, en este caso Canadá, subimperio metiche por delegación temporal de Washington. “Gobierno estúpido”, lo llamó Maduro. No fue invitada a la cena de Judas, pero está acostumbrada a esos desaires. Para congraciarse con su emperador, se apresuró a dictar sanciones contra Venezuela. Esta acción le ganó su pase para la próxima cena con el jefe de los Iscariote, a la que Trump invitó también a la anciana Europa, si se gana el pase sancionando a Venezuela.

Hay un solo contratiempo en la Cena de Judas: la patria de Bolívar y Chávez no está dispuesta a ser menú ni postre de nadie.

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