Inicio > El pizarrón de Fran > El pizarrón Opinión > César Malavé: Impronta histórica indeleble

César Malavé: Impronta histórica indeleble

En este país los “políticos”  aparecidos en escena de cara al fatídico golpe de Estado del dos de febrero de 1992, sin lugar a dudas, son producto de la vieja teoría de la generación espontanea. Ayunos de formación y con una inmediatez en el logro,  han estropeado y desacreditado tanto la política como sus fines, metas y objetivos. Los hombres de Estado no surgen de las piedras naturalmente, como las flores silvestres; se forman, se cultivan al calor de las luchas diarias y bajo la tutela permanente de las enseñanzas de la historia y los buenos libros.  De la formación de quienes nos dedicamos a la política, depende la probabilidad cierta de superar los atavismos y rémoras que en estos instantes nos impiden ver con claridad, incluso, dónde estamos parados. Su ausencia nos dificulta entender qué es lo que en verdad nos conviene para recuperar la normalidad, la conciencia exacta de nuestro destino como país, así como la inaplazable conquista de dignas condiciones de vida, sin tanta coexistencia con el delito, la violencia y el cinismo, al punto de haberse convertido semejantes lastres en política de Estado. En Acción Democrática tuvimos que leer y releer, revisar una y otra vez la historia de los pueblos, fundamentalmente la nuestra para, en las medidas de las posibilidades que nos ofrecía el oscurantismo de la época desde 1928, ir sin prisa pero sin pausa, construyéndonos y construyendo el modelo de país que queríamos para todos los venezolanos. La formación nos permitió comprender cada momento histórico,  sus peculiares características y actuar en consecuencia. Así nos legalizamos, pasando agachados por debajo de nuestra ideología, proscrita por López Contreras. Pero ese paso no fue una humillación, sino una derrota a la barbarie con la sagacidad que da la inteligencia política.

Desde 1938 nos desconocieron nuestras primeras victorias electorales, pero seguíamos luchando, dialogando, organizándonos y buscando acuerdos, en medio del disentimiento, por el bien de Venezuela; y participando en todo proceso electoral convocado por los gamonales del gomecismo, a sabiendas de lo fraudulentas y rancias. En cada intento solicitábamos elecciones libres, universales y secretas. Con una candidatura simbólica participamos contra Medina y nuestro excelso escritor internacional logró 13 votos dentro del senado, quien elegía al Presidente de la Republica. Medina Angarita mantuvo el sistema electoral indirecto para la elección del Presidente de la república, continuó con la fórmula de proponer el candidato para la Presidencia y, el pueblo que estaba cansado de unas elecciones tan retrógradas, salió a la calle, se concentró en el Nuevo Circo de Caracas, junto a la dirigencia fundamental de AD y el 18 de octubre de 1945 se produjo la Revolución de octubre y en tres años cambiamos radicalmente a Venezuela. Traicionada la Constitución de la recién nacida democracia y derrocado el presidente Gallegos, nos expatriaron y tuvimos que cambiar algunas tácticas de lucha, pero siempre con la mirada fija en el voto como única arma de la civilidad. Caída la dictadura propusimos El Pacto de Punto Fijo, que le dio ejemplo al mundo de pluralismo para gobernar en paz. Derrotamos a los golpistas de las ultras (izquierda y derecha) y fuimos parte de un sistema político económico de crecimiento y prosperidad durante 40 años, hasta que se consumó la rebelión de los náufragos. La nueva historia es harta conocida.  En los momentos más álgidos de la historia contemporánea de Venezuela, Acción Democrática ha tenido que asumir costos políticos  que otros eluden por tener consciencia de nuestra responsabilidad con la sociedad. Los demás pueden ver hacia otro lado, nosotros estamos condenados a cumplir nuestra parte sin esquivar los costos políticos y así lo seguiremos haciendo. Ganamos unas gobernaciones y las asumimos con un pañuelo en la nariz, para ejercerlas en función de nuestro pueblo.  Cuando lo hicimos sopesamos el costo político que ello implicaba, pero nuestra inveterada responsabilidad histórica nos llevó a correr el riesgo y eso para nosotros ha sido una impronta histórica indeleble e irrenunciable.

Te puede interesar
Cargando...

Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Traducción »