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Jesús Alberto Castillo: “Quichiquis”, un ameno personaje de la urbe cumanesa

Su verdadero nombre es Jesús Miguel Ortiz Figueroa, pero todo el mundo lo conoce como “Quichiquis”. Es un gran personaje de la Cumaná urbana, esa que se nos fue desde hace un buen tiempo.  La figura delgada y bigote grueso, ya pintado de blanco por el tiempo, no pasan desapercibidos por propios y extraños. Su verbo de juglar, con anécdotas pueblerinas, ha  contagiado a esa pléyade de hombres y mujeres sumergidos en la cultura urbana, en el sincretismo de un pueblo que sale adelante, a pesar de las adversidades. El humor se escapa a veces de su rostro, para develar a un hombre que cree en la familiaridad y sencillez de la gente. Siempre altivo, circunspecto y con aires de juglar urbano, va de un lado a otro por esas calles tortuosas de la capital sucrense.

La última que vez que me encontré con él fue el 21 de julio del presente año por las inmediaciones de las 4 esquinas de Cumaná. Me encontraba bajo un sol inclemente y saltando surcos de aguas nauseabundas, desparramadas cerca de unos establecimientos comerciales, sacudidos por la muchedumbre en busca de alimentos. Yo caminaba de prisa, tratando de comprar un timbre para registrar mi título de Doctor en Ciencias Gerenciales. Unos transeúntes me habían dicho que vendían por ese sector. Sin embargo, no logré el objetivo. De repente la espigada estampa de “Quichiquis” se avistaba en una esquina del Cuartel “Gran Mariscal de Ayacucho”, en la avenida Arismendi. Me saludó muy efusivamente. Lo percibí muy ameno y servicial. Estaba al lado de María, su inseparable compañera de vida, con quien ha formado una bella familia y vivido las bondades y sinsabores del tiempo.

Le comenté de mi desafortunada diligencia. Sin pensarlo dos veces, me dijo que él tenía en su casa timbres fiscales. ¡Eureka, al pobre siempre lo salva Dios!, exclamé internamente. Pero, antes tenía que acompañarlo a una panadería cercana a hacer unas apremiantes compras. Así lo hice. Luego, caminamos a la calle Castellón, muy cerca de la Gómez Rubio. Su amplia vivienda, de antigua construcción, se me abría a la vista. Al lado anexo funcionó una vez su famoso negocio donde muchas veces solíamos acudir en busca de unas contagiosas frías. Muy gentilmente, me invitó a pasar y nos sentamos a conversar de muchas cosas transcurridas en 7 años de ausencia. Sus hijos ya eran profesionales y se encontraban en el exterior.  Pero me impactó su espíritu de superación. Me dijo que se había dedicado a estudiar en la Universidad Politécnica Experimental “Clodobaldo Russián”, antiguo IUT, y estaba esperando un título.

Sus palabras amenas contagiaban de optimismo mi espíritu. Ese personaje, al lado de su amada compañera, no dejaba afirmar que la gente logra lo que se propone con esfuerzo y sacrificio. Ni siquiera la edad y las limitaciones físicas son impedimentos para el éxito. Así es la vida. “Quichiquis”, con su humor pueblerino, daba lecciones de vida. Son las cosas que uno debe emular en nuestro trajinar diario. Pase casi media hora conversando con ese peculiar personaje que nos recuerda a la Cumaná de ayer, al canto de los pájaros en los ramales, a los niños jugando con sus trompos y papagayos. A esa ciudad humana que se nos fue en un dos por tres y que seguimos añorando entre penumbras.

Fue un corto y maravilloso tiempo el que compartí con “Quichiquis” y María. Descubrí a un caballero urbano con sus sueños a cuesta. Al hombre que no se ha rendido ante las dificultades y conserva el humor en su existencia. Me despedí porque tenía que llegar a tiempo al registro principal. A pesar de la premura, me  reencontré con el humor, el optimismo y la esencia humana que llevamos internamente, pero que no nos percatamos ante tanto estrés social generado por la barbarie actual.  Detrás de ese encuentro pude valorar una vez más la existencia de gente que lucha honestamente y con virtudes ciudadanas. “Quichiquis” es uno de esos personajes que no suelen pasar inadvertidos y que dejan muchas lecciones de vida. Espero volver a verlo por esas calles tan inciertas que solemos recorrer por la otrora Atenas de América.

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